“Las niñas no se tocan”, es una de las más tristes consignas que ha surgido en la lucha contra la violencia de género

Denisse, de 13 años, se dirigía a la escuela cuando fue interceptada por un sujeto que abusó sexualmente de ella, la golpeó y apuñaló. Ocurrió en el polígono Las Joyas, en la ciudad de León.

El responsable se encuentra en manos de las autoridades, un primer paso rumbo a la justicia legal, poco frecuente y que por desgracia, nunca repara el daño.

El caso generó consternación entre la ciudadanía pero, sobre todo, cuestionamientos que se dispararon a todos los factores posibles; generó revictimización, y ese sentimiento de impotencia e indefensión latente todo el tiempo.

El pasado jueves, un día después de la tragedia, la Secretaría de Salud informó que la niña se encontraba fuera de peligro. A partir de ahora, Denisse enfrentará la vida con nuevos temores y retos, inimaginables para una adolescente y su familia.

El 2024 fue el tercer año con mayor número de atenciones por violencia sexual contra menores en el estado de Guanajuato. Este año que inicia se reportaron cifras récord en este tipo de delitos; se estima que hay hasta tres víctimas por día.

La búsqueda de culpables

En las publicaciones en redes sociales referentes al caso, fue recurrente una pregunta: ¿dónde estaban los padres de la niña? Numerosos comentarios criticaban que caminara sola en una colonia identificada como conflictiva.

En primer lugar, este juicio inmediato, tan a la ligera, desvía por completo la atención del verdadero responsable. En segundo, detrás de niñas, niños y adolescentes que deben trasladarse solos a la escuela, hay progenitores que trabajan. La economía actual no puede ajustarse a dinámicas donde el padre sea proveedor y la madre se dedique 100% al hogar y los hijos. Ese modelo de familia no existe. Por otra parte, hay madres y padres solteros, menores que viven con abuelos u otros parientes.

No hay descuido o desamparo, sino que no hay alternativas.

El principal responsable de lo que le pasó a Denisse es el hombre que decidió agredirla. Digo ‘principal’, porque también surge otra duda: ¿dónde estaban las autoridades?

“No puedes controlar lo que una persona decide hacer a mutuo propio”, señaló la alcaldesa Alejandra Gutiérrez. Sin embargo, reconoce que el polígono Las Joyas requiere atención especial “por su naturaleza”. Conformada por alrededor de 40 colonias, esta zona se ha extendido sin control, entre contrastes e irregularidades; en Las Joyas la pobreza y la inseguridad son las únicas constantes.

El polígono es un microcosmos que ejemplifica lo que sucede en cualquier sitio ante la falta de recursos y oportunidades. Por años, ninguna acción preventiva ha funcionado. La descomposición social se ha enquistado como forma de vida.

No son los padres obligados a trabajar los culpables, no son las fuerzas de seguridad rebasadas en un municipio cada vez más violento (hasta en sus zonas residenciales y comerciales más exclusivas). Detrás de lo que ocurrió a Denisse hay un sistema fallido, que vulnera, arruina y trunca vidas todos los días.

La violencia contra las niñas

Hace una semana, Deisy de 13 años llegó a un hospital de Chiapas a punto de dar a luz. Algunas fuentes afirman que en realidad tiene 10 años.

Con un peso de 40 kilogramos y una estatura de 1.20 metros, el cuerpo de la niña sufrió severos daños.

Según versiones, el padre del bebé (que también fue trasladado a terapia intensiva) tendría 17 años. Abandonó en el lugar a Deisy sin aportar datos de la menor ni acreditar su identidad.

La noticia indignó al país al tratarse de un evidente caso de abuso infantil.

De acuerdo con datos del INEGI, Chiapas ocupa el primer lugar nacional en menores de entre 10 y 17 años que se convierten en madres. También encabeza la lista de las entidades donde se reportan las mayores diferencias de edad entre las mamás y sus ‘parejas’; diferencias que no corresponden a una relación sana, normal.

Chiapas es también el estado con mayor número de matrimonios infantiles, forzados. La venta de niñas es una práctica común, principalmente en las comunidades indígenas y rurales del sur del país.

En 2015 se implementó en México la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA), cuya meta para 2030 era disminuir a cero los nacimientos en niñas. A cuatro años de distancia, parece claro que el objetivo no va a cumplirse.

Denisse y Daisy fueron víctimas del mismo delito, bajo circunstancias distintas. Sus historias responden a los mismos factores: la pobreza, la violencia de género, un preocupante número de pederastas al acecho (tema aterrador en el que habría que ahondar). Ambas fueron víctimas de la descomposición social, de su propio entorno, de un contexto que no les garantizaba protección suficiente.

“Las niñas no se tocan”, es una de las más tristes consignas que ha surgido en la lucha contra la violencia. La necesidad de recalcar, casi suplicar algo tan obvio, nos habla del fracaso de cualquier esfuerzo: políticas públicas, programas de prevención, promesas en campaña, charlas en escuelas, y otra larga lista de acciones.

La sociedad le falla todos los días a los menores víctimas de abuso. La sociedad que no sabe escuchar, que no reconoce sus propios síntomas de podredumbre.

¿Qué futuro les espera a Denisse y Deisy? Ese al que la indiferencia las ha condenado.

LO SUPERFLUO: El agresor de Denisse ya se encuentra tras las rejas.

LO PROFUNDO: Otros tantos agresores, cuya conducta se normaliza, siguen al acecho.