Acámbaro, Gto. – El próximo 26 de enero se cumple un año del asesinato de Ana Guadalupe Arellano Juárez, una enfermera, madre y hija, cuya vida fue arrebatada de manera violenta por quien fuera su expareja sentimental y padre de sus hijas. A doce meses de aquel hecho que conmocionó a su familia y a la comunidad, el caso permanece impune y el dolor sigue tan vivo como el primer día.
Ana perdió la vida tras ser atacada brutalmente por su expareja, quien, cegado por los celos, le clavó un cuchillo en el pecho una tarde que terminó convertida en tragedia. El ataque no solo acabó con su vida, sino que dejó a sus hijas sin madre, a una familia rota y a una sociedad que aún espera respuestas.
Desde entonces, la ausencia de Ana se ha convertido en una herida abierta para sus seres queridos. El paso del tiempo no ha traído consuelo ni justicia. Por el contrario, ha reforzado la indignación y la desesperación de una familia que denuncia la falta de avances claros por parte de las autoridades encargadas de investigar el caso.
Se cumple un año sin la detención del presunto feminicida
A lo largo de este año, los familiares aseguran que no ha habido información contundente sobre la localización o detención de Ramón Efrain, responsable del asesinato de la enfermera. La incertidumbre y el silencio oficial han profundizado el sufrimiento de quienes aún lloran la pérdida de Ana, una mujer trabajadora, dedicada a su labor como enfermera y comprometida con sus hijas.
“La ausencia de justicia también duele”, expresó Francisco Arellano, padre de Ana, quien asegura que cada día transcurre con la esperanza de que el crimen no quede en el olvido.
El recuerdo de Ana sigue presente en cada espacio familiar, en cada fecha significativa y, sobre todo, en la vida de sus hijas, quienes crecen con la falta irreparable de su madre.
Ante este aniversario luctuoso, la familia hace un llamado urgente a las autoridades para que el caso sea esclarecido, se intensifiquen las investigaciones y se logre la captura de Ramón Efrain.
“A un año de su partida exigimos que el asesinato de Ana no se sume a la larga lista de crímenes sin castigo y que su nombre no sea reducido a una estadística más. El feminicidio de mi hija es un recordatorio doloroso de la violencia que muchas mujeres enfrentan, incluso dentro de relaciones que alguna vez fueron cercanas”.
Ana vive en recuerdos y la exigencia de justicia
A un año de su muerte, Ana sigue siendo recordada con amor, pero también con una exigencia firme: verdad, justicia y castigo para quien le arrebató la vida.
“En lugar de festejar su vida, nos toca recordarla con el corazón lleno de dolor. Su luz, su sonrisa y su alegría fueron arrebatadas injustamente por quien juraba amarla y respetarla: su pareja Ramón Efraín es su asesino, dejándonos un vacío imposible de llenar. Su ausencia pesa cada día, pero su memoria vive en nuestros corazones y en la lucha que emprendemos para honrarte”.
“Alzamos la voz para exigir justicia, justicia para nuestra, hija, porque nadie tenía derecho de arrebatarte la vida y que el asesino debe pagar por lo que hizo”.
Su familia insiste en que la justicia no solo honraría su memoria, sino que también enviaría un mensaje claro de que estos crímenes no deben quedar impunes.
