Guanajuato, Gto.- Continuando con el legado que le dejó su madre la señora Angélica Castillo Moreno, Angélica Silva, su hija lleva más de 25 años acudiendo año con año a regalar alimentos calientes a los peregrinos que se dirigen a visitar a la Virgen de San Juan de los Lagos durante el mes de enero y que pernoctan en la ciudad de Guanajuato capital. Varias familias se organizan y este año ofrecieron a los peregrinos un caldo de pollo que les devolvió fuerzas para continuar su camino.

Lo hacemos con mucho gusto. Nos organizamos varias familias para poder traerles esta pequeña comida. Es un legado de mi mamá, es como seguirla trayendo, seguirla teniendo presente, honrarla y recordarla, sobre todo en este momento, y es encomendarnos a la Virgen”, dice.

Se trata de una tradición que acompaña a la peregrinación a la Virgen de San Juan, quizá desde sus inicios. A modo de manda, que no es otra cosa que un compromiso con la Virgen en restitución de una gracia obtenida, muchas personas prometen, en lugar de acudir a visitarla o recorrer el trayecto a pie, regalar alimentos a los viajeros como forma de cumplir con su devoción.

En el caso de Angélica nunca se trató de una manda

Sin embargo, en el caso de Angélica, nunca se trató de una manda, sino de una tradición surgida del amor y la solidaridad desinteresada.

“Surge a partir de que una persona que hacía el aseo en la casa solicitaba apoyo para traerles algo a los peregrinos. Entonces se comenzó llevándoles café, té y pan, y posteriormente veíamos que, por el tiempo y el frío, era mejor traer algo que los nutriera para el camino, que es largo. Entonces mi madre dijo: vamos a darles comida. Margarita, que era la señora que hacía el aseo en la casa, dos o tres años después fallece, y seguramente hoy Margarita está aquí con mi mamá”, comenta.

Angélica señala que los milagros que ha recibido de la Virgen han sido innumerables. Relata que hace apenas unos días tenía una dolencia en una rodilla que le impediría acudir este año a regalar la comida, pero asegura que el dolor desapareció.

“Somos como, no una familia, porque no tenemos la cercanía física, pero sí la cercanía en pensamiento y en emociones, y es muy bonito volver cada año, estar viéndolos y reviviendo recuerdos”, dice.

A 8 años de la partida de su madre, la señora Angélica, inculca ahora esta tradición a las nuevas generaciones de su familia, y espera poder continuarla durante muchos años más.