León, Gto.- Donovan Carrillo no llegó al patinaje artístico por el camino cómodo. Su historia se parece más a la de un soñador obstinado que decidió ir contra la lógica. Empezó a patinar en una pista improvisada dentro de un centro comercial, muy lejos de los centros de alto rendimiento de Europa o Asia, donde se forman las grandes figuras del hielo. Desde Zapopan y después en León, Guanajuato, soñaba con saltos imposibles y piruetas elegantes, aun cuando no había infraestructura, apoyo constante ni patines de clase mundial.

El camino de Donovan Carrillo
Hoy, con 26 años, ese niño que entrenaba entre vitrinas y pasillos está a punto de competir en sus segundos Juegos Olímpicos de Invierno, en Milano Cortina 2026. Para Carrillo, llegar de nuevo a la máxima cita invernal ya es una victoria. Lo fue también en Beijing 2022, cuando hizo historia al convertirse en el único latinoamericano en avanzar a la final del patinaje artístico masculino. Terminó en el lugar 22, un resultado que para algunos fue insuficiente, pero que para quienes conocen su camino significó un logro extraordinario.

México no es potencia en deportes de hielo y nieve. Nunca ha ganado una medalla en Juegos Olímpicos de Invierno y su presencia suele ser reducida. En esta edición, solo cinco atletas integran la delegación nacional, y Carrillo vuelve a ser el rostro más visible. No solo por su talento, sino por la manera en que ha conectado con el público a través del arte y la música.

Su relación con las canciones que elige para competir es parte central de su identidad. Desde los 16 años, Donovan entendió que el patinaje también es narrativa. En 2016, su interpretación de Hasta que te conocí de Juan Gabriel lo catapultó a la viralidad y lo colocó en la memoria colectiva del país. Aquella rutina, cargada de emoción y simbolismo tras la muerte del Divo de Juárez, mostró a un atleta distinto, capaz de contar historias sobre el hielo.
Para Milano Cortina 2026, Carrillo vuelve a apostar por la música como extensión de su personalidad. En el programa corto, que se disputará el 10 de febrero, patinará con Hip Hip Chin Chin de Club des Belugas, una pieza con ritmos dinámicos que le permitirá explotar su velocidad, agilidad y precisión técnica.

En caso de clasificar a la final, el programa libre del 13 de febrero tendrá un sello aún más personal. La rutina estará acompañada por un ensamble de canciones de Elvis Presley: Trouble, Jailhouse Rock y A Little Less Conversation. Donovan se identifica con el Rey del Rock no solo por la estética o el copete, sino por la capacidad de conectar con el público y provocar una reacción emocional inmediata. Esa comunión con la gente es algo que Carrillo busca cada vez que pisa el hielo.
Además, hay una canción que ocupa un lugar especial en su corazón: My Way de Frank Sinatra. Durante años fue una petición constante de su abuela materna y representa, quizá mejor que ninguna otra, la esencia de su carrera: caerse, levantarse y seguir adelante a su manera, sin atajos y sin pedir permiso.
Donovan Carrillo sabe lo que es fallar y volver a intentarlo. Ha patinado lejos de casa, entrenado en Canadá y enfrentado críticas, prejuicios y carencias. Lo que aún no conoce es el verdadero límite de su talento. Lo único seguro es que, cuando sus cuchillas vuelvan a sonar sobre el hielo olímpico, no solo competirá por un lugar o una calificación: contará, una vez más, la historia del niño del centro comercial que se atrevió a soñar en grande.
