Acámbaro, Guanajuato.- La historia de la localidad de Parácuaro, de origen tarasco, está profundamente ligada a la fe y a la figura del Padre Jesús de las Tres Caídas, cuya devoción ha dado identidad al pueblo desde hace más de cien años.
De acuerdo con Antonio Novoa, habitante de la localidad, hacia el año 1684, en tiempos en que la Iglesia de la Nueva España administraba el destino de los pueblos ante la falta de preparación de los indígenas, un padre misionero franciscano convocó a los habitantes a vivir en comunidad. Así nació el poblado de Parácuaro.

Siete años después, a iniciativa del fraile Pedro Narciso de la Cruz, quien fungía como vicario, se construyó una pequeña iglesia. El religioso recibió para su vicaria una imagen de Jesús de las Tres Caídas, la cual fue bendecida en el templo que él mismo edificó. En el sitio aún permanece en pie la antigua torre, testigo silencioso del paso del tiempo.
Con el paso de los años surgieron discordias entre los pobladores tarascos y otomíes, quienes se resistían a someterse a las leyes del Reino de Michoacán. Antes de que el conflicto estallara, el fraile fue llamado a Querétaro para asistir a ejercicios espirituales, dejando la iglesia bajo el cuidado de dos hombres recién evangelizados: Francisco y José.
“Durante su ausencia, el pueblo fue sitiado. Las viviendas, construidas de zacate y barro, fueron fácilmente destruidas. Temiendo un sacrilegio, los encargados del templo tomaron la decisión de resguardar la imagen del santo patrono y los vasos sagrados. Según la carta que enviaron al sacerdote, escondieron la imagen a unos 500 metros, siguiendo el Camino Real rumbo a Valladolid, y ocultaron también los objetos litúrgicos. En la misiva expresaban su temor por la guerra y la posibilidad de no volver a encontrarse con el padre, confiando en que, si sobrevivían, podrían revelarle el sitio donde habían protegido la imagen”.
La historia señala que la imagen fue localizada años después, en 1834, por vaqueros de la Hacienda de San Cristóbal. En el lugar donde fue encontrada surgió un manantial, considerado por los habitantes como un milagro. Don Toño, habitante de Parácuaro desde hace 82 años, aseguró que cuando fue delegado acudió personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes confirmaron la antigüedad de la imagen y señalaron que el deterioro visible corresponde al tiempo que permaneció oculta.
En el sitio del hallazgo se levantó una cruz y, posteriormente, un nicho de concreto. La imagen fue venerada inicialmente en ese punto, después trasladada a un troje viejo y, con el paso del tiempo, a su templo definitivo. La actual iglesia comenzó a edificarse entre 1912 y 1914.
“Los relatos populares también narran que en una ocasión el manantial se secó, situación que los pobladores atribuyeron a que no se realizó la fiesta del santo. Al siguiente año prepararon todo para la celebración y cuál fue la sorpresa de los pobladores que, un día antes del acontecimiento, el agua volvió a brotar con abundancia, fortaleciendo la fe de la comunidad”.

Las festividades en honor al Padre Jesús de las Tres Caídas se celebran desde hace años en el mes de febrero, días previos al Miércoles de Ceniza, con el propósito de evitar que lo pagano se mezclara con lo religioso. En sus inicios, la imagen era llevada a misa a Acámbaro y posteriormente regresaba en procesión a Parácuaro, donde otro grupo de fieles la recibía a la entrada del pueblo. Con el tiempo, los pobladores decidieron construir un templo al Padre Jesús, el cual fue creciendo hasta convertirse en parroquia.
