Para los que ‘gozamos’ de indicios de personalidad obsesivo-compulsiva, el uso de herramientas para la práctica deportiva -en algunas de las disciplinas- se vuelve fundamental.

El uso del casco para protección de la cabeza no es negociable, por ejemplo. Y no debería de ser para menos.

Pasó con el uso del cinturón de seguridad a bordo de los autos, y del que no entendimos su verdadera importancia hasta hace algunos años, y luego de campañas y campañas de difusión nacional. Y aún así, todavía hay uno que otro que no termina por comprender.

Sin embargo, quienes practican (practicamos) algún deporte en un nivel amateur, hemos encontrado ahora la posibilidad de transmitir el conocimiento adquirido a través de madrazos constantes. Así, sin rodeos.

Se ha entendido a lo largo de los años la importancia de las herramientas para el cuidado personal, como resulta en el caso del casco. El ciclismo de ruta, pista o montaña, a cierto nivel, involucra -sí o sí- el uso de este cuidado básico. Lo mismo ocurre ante la práctica del patinaje urbano, el skate, o incluso deportes como el futbol americano, beisbol y otros más en el que nos exponemos a que cualquier accidente nos pueda provocar daños irreversibles.

Sin embargo, ahora, este conocimiento que se ha adquirido mediante la práctica deportiva encuentra su oportunidad ideal de replicarse para con la movilidad y los traslados diarios. Hoy en día, vemos el marcado aumento del uso de monopatines eléctricos, o bicicletas y motos eléctricas que circulan por doquier… en muchos de los casos, sin seguridad alguna para la ‘choya’ de quienes les conducen.

De por sí este tipo de vehículos han encontrado un ‘atascón’ legal al no tener claras las reglas ante su andar por las ciudades. Sí, falta legislar, delimitar y, sobre todo, entender sus alcances y necesidades. Pero, por ahora, algo que se vuelve clave -y más, desde el enfoque de mentes obsesivas-compulsivas- es el cuidado de las personas. Nuestra función, como deportistas, es mínimamente trasmitir la importancia de, en este caso, utilizar casos.

Quizá por el menor esfuerzo corporal para el movimiento de los vehículos, la desestimación o la no correcta valoración de lo que implica circular a las velocidades que suelen alcanzar, pero sea por ciclovías, por el arroyo vehicular o incluso en parques donde se converge con otros usuarios de distintas disciplinas, el uso del casco es obligado (no como estética, sino como protección). Si una caída de la bicicleta, de patines o patinetas puede resultar sumamente lesiva y con daños cerebrales, lo que puede pasar mediante el uso de vehículos eléctricos, no puede ser menor.

Es momento de que los practicantes del deporte amateur concienticemos sobre lo que nos han enseñado nuestras disciplinas: primero a cuidarse y priorizarse, y después, todo lo demás. Empecemos por el casco, y mientras no existan reglas claras para las nuevas modalidades de los sistemas de movilidad y transporte que nos han quedado a deber, utilicémosle. Los cascos también pueden salvar vidas y trayectos, te caigas de donde te caigas.