Todo suceso relevante es para Samantha Smith una oportunidad de figurar. El Día Internacional de la Mujer no fue la excepción
Samantha Smith, alcaldesa de Guanajuato capital, goza de gran popularidad y aceptación… en redes sociales. Mientras sus publicaciones en Facebook están llenas de comentarios positivos, en las calles y hogares de la ciudad predominan las críticas a su administración.
Cabe resaltar que las felicitaciones y agradecimientos que recibe vía digital provienen en su mayoría de personas de otros estados, hasta otros países como Honduras. La conversación pública, la que cuenta, dista mucho de esa realidad virtual.
Todo evento, suceso, conmemoración, es para Smith una oportunidad de figurar. El Día Internacional de la Mujer no fue la excepción.
El pasado 8 de marzo pensó que ‘quedaría bien’ con las guanajuatenses y el resto de la ciudadanía, pero le resultó al revés.
La alcaldesa no es un personaje que las activistas feministas consideren una aliada. El respaldo genuino que recibe proviene de los escasos gremios a los que su gestión beneficia, y del sector panista arraigado en la capital, que la llevó al poder en las urnas tal como sucedió con su marido, Alejandro Navarro (¡dos veces!).
Y ya sabemos lo que el panismo implica: conservadurismo, ‘defender la vida’, ‘esas no son formas’. Smith tuvo la audacia de entablar un doble juego que le acarreó más críticas y sospechas que admiración.
Primer acto
El domingo 8 de marzo, Samantha Smith abrió espacios a emprendedoras, artesanas y comerciantes. Aunque se trata de una causa loable, ubicó los puestos para la venta en la calle Sopeña, las inmediaciones del Teatro Juárez, y la explanada de la Alhóndiga de Granaditas. Se trata de los puntos donde se concentra la marcha de las mujeres.
Su decisión se interpretó como un intento de ‘contener’ a las manifestantes. Versa el dicho, “no hagas cosas buenas que parezcan malas”.
Al mismo tiempo, ordenó el cierre de las principales vialidades que atraviesan los contingentes. Se trató de uno de los pocos bloqueos de calles que podrían celebrarse en esta ciudad siempre cerrada por carreras atléticas, filmaciones, festivales gastronómicos y de bebidas, y un largo etcétera de supuestos incentivos al turismo.
La marcha se llevó a cabo, las mujeres alzaron la voz a favor de sus derechos y en contra de la violencia. Todo se desarrolló en orden hasta el desafortunado episodio que acaparó titulares a nivel nacional.
Un sujeto agredió a varias manifestantes en las escalinatas del Teatro Juárez. Las jóvenes se defendieron, algunos hombres intervinieron, hasta que el caos imperó y fue necesaria la presencia de la Policía.
El video que registra los hechos es muy claro: el individuo intentó arrebatar a un grupo de chicas la bandera verde que desplegaron, ellas se resistieron empujándolo; entonces, lanzó golpes directo a los rostros de toda mujer que encontró a su paso. “Es que quería defender nuestro patrimonio”, comenzaron a justificarlo en redes sociales.
El escándalo representó para la alcaldesa, sí, otra oportunidad de brillar.
Segundo acto
Samantha Smith lanzó un comunicado en Facebook donde señaló que “elementos actuaron de inmediato y esta persona ya está detenida y otra persona más también fue asegurada por las autoridades”.
En la misma plataforma comenzaron a circular imágenes donde se insinuaba que los agresores fueron resguardados en el restaurante Casa Valadez. En el video donde se aprecia el apresurado traslado del par de sujetos a una unidad de Seguridad Ciudadana, usuarios comentaron que más parecía un rescate que una captura.
Trascendió que los detenidos son norteamericanos. Luis Gamba, subsecretario de Prevención de la SSC, declaró el pasado martes que fueron liberados gracias a un amparo, pese a las denuncias presentadas.
Los acontecimientos tomaron un giro inesperado para Smith. Por una parte, la ‘Red de movimientos feministas en Guanajuato capital’ aseguró que no se trató de un hecho aislado: “en 2025 ya se habían tenido antecedentes de grupos porriles pagados por el gobierno municipal para irrumpir violentamente en las marchas y golpear a manifestantes”.
Incluso fuera de los círculos feministas las sospechas de un montaje no se hicieron esperar. “No puedo politizar el tema”, dijo la alcaldesa y pidió sororidad. Samantha se ganó esa desconfianza debido a su tendencia al ‘performance’, al oportunismo, a la búsqueda de los reflectores.
Por otra parte, su presunta solidaridad con las mujeres no fue bien recibida entre los defensores de monumentos y del ‘esas no son formas’. Capitalinos (no ciudadanos de otros estados, ni hondureños) comentaron que era decepcionante que apoyara el ‘vandalismo’, proclamaban como héroe al tipo que golpeó a las feministas, hasta se ofrecieron a contratarle abogado. Afloraron el panismo, el machismo, el conservadurismo, y es imposible quedar bien con todo mundo.
Samantha no calculó las reacciones, la polarización de opiniones, los señalamientos. Pero tiene la facultad de sacudirse toda controversia rápidamente. El lunes estaba apoyando el paro laboral de mujeres, el miércoles atendió fugas de agua, el viernes presumió los nuevos (y estridentes) contenedores de basura, y por la noche ‘confirmó’ que avistamientos de luces en el emblemático cerro de La Bufa no eran ovnis, sino personas en jeeps disfrutando nuestras áreas naturales. Así bajó el telón esta semana, fin de la función.
LO SUPERFLUO: Samantha Smith genera su propia marca, su branding, a través de las redes sociales, y mantendrá esa estrategia hasta el final de su gestión.
LO PROFUNDO: Los capitalinos conocen la realidad y parecen cada vez más dispuestos a evidenciarla. Ya no compran tan fácil la entrada a tanto teatro.