Silao, Guanajuato.- El entorno laboral en México atraviesa una fase de tensiones en la que convergen la modernización industrial vinculada al T-MEC, el surgimiento de nuevos sindicatos independientes y la resistencia de las viejas estructuras corporativas. En este contexto, la industria automotriz se ha convertido en el laboratorio donde se define la nueva relación entre capital, trabajo y Estado.
En un planteamiento realizado por Wilebaldo Gómez Zuppa, especialista en relaciones laborales del sector automotriz mexicano, la situación en General Motors en México refleja la fragmentación y contradicción del sistema sindical en el país, toda vez que coexisten tres modelos distintos en sus cuatro plantas productivas.

El caso que más notoriedad ha tomado es el de la planta Silao, donde desde 2022 el Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA) asumió la representatividad de sus empleados. Este surgió tras la reforma laboral de 2019, en el marco de los mecanismos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que busca una bilateralidad real y mejores ingresos para la base trabajadora.
En las plantas de Ramos Arizpe y Toluca persiste la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que, según Gómez Zuppa en el Boletín de Información Estadística y Laboral Automotriz (BIELA), se ha caracterizado por ser un modelo vertical, autoritario y “gerontomonolítico”, que busca preservar su influencia mediante acuerdos cupulares.
En tanto, en la planta San Luis Potosí, la “simulación sindical” está representada por la figura de Carlos Leone, en un modelo señalado como refugio de abogados que favorecen a las empresas y que cobijan a comités creados desde la gerencia tras la desaparición del documento contractual de la CTM en 2024.
En este escenario, el conflicto laboral más significativo es el que actualmente se vive en territorio guanajuatense, ya que en el complejo Silao, uno de los más productivos del sistema global de la compañía estadounidense, el SINTTIA se encuentra en revisión del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), cuya exigencia central es un incremento salarial del 20 %.
Lo anterior, con la pretensión de compensar la pérdida del poder adquisitivo acumulado, así como de dignificar el valor del trabajo en un complejo donde se ensamblan cientos de miles de unidades, principalmente destinadas al mercado estadounidense. La negociación se desarrolla frente a un emplazamiento a huelga programado para el primer minuto del próximo 25 de marzo.
El experto también calificó el caso de Silao como “emblemático”, al poner a prueba el límite estructural del modelo automotriz mexicano, en el que las plantas son altamente productivas, pero, pese a ello, mantienen salarios mucho menores a los de sus contrapartes en Estados Unidos y Canadá.
En casos no aislados, el sector manufacturero enfrenta otros focos rojos: el estallamiento de la huelga el 23 de febrero en cuatro centros de la Compañía Hulera Tornel, por incumplimientos al contrato y a los acuerdos sindicales, así como el emplazamiento a huelga para el 23 de marzo en Goodyear San Luis Potosí, tras una oferta de apenas el 1 % de aumento salarial, lo que significaría una reducción real del salario frente a la inflación.

La resolución de estos conflictos habrá de definir la competitividad del modelo industrial mexicano, puesto que, mientras el sindicalismo independiente negocia incrementos salariales de dos dígitos, en la central sindical histórica (CTM) prevalecen prácticas que remiten más al siglo pasado que al presente, en una distancia entre la nueva realidad y el viejo aparato corporativo que nunca había sido tan visible.
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