Guanajuato, Guanajuato.– El centro histórico de la capital se convirtió en un tianguis durante Semana Santa. Sitios emblemáticos como la Plazuela del Baratillo quedaron opacados por los puestos ambulantes que impusieron su estética popular sobre la arquitectura colonial de la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad. Las quejas ciudadanas no se hicieron esperar.

Como ya es costumbre, cada año en los días de Semana Santa, los alrededores del Oratorio de San Felipe Neri, mejor conocido como el Templo de la Compañía, en el centro histórico de la ciudad, se convirtieron en una verbena popular donde los comercios ambulantes, entre los que predominaban los de venta de comida, se instalaron a sus anchas desde el miércoles por la tarde y hasta la madrugada del sábado.
Hubo cierres viales y modificación de las rutas tradicionales de transporte público en Guanajuato
Derivado de esta situación, incluso hubo cierres viales y modificación de las rutas tradicionales de transporte público en toda la zona del centro histórico, ya que se bloqueó el paso a diversas rutas que pasan regularmente por la calle Juárez y tuvieron que ser desviadas hacia el túnel noreste.

No faltó quien se quejó en redes sociales y, con un perfil anónimo, compartió fotos acompañadas de comentarios criticando que no se podía tomar una foto de este sitio emblemático ni tampoco de la Plaza del Baratillo.
“¿Quieres una foto de recuerdo de la plazuela del Baratillo? Esto es lo que obtienes. Bienvenido a Guanajuato, ciudad patrimonio de la humanidad…“, decía un comentario de un usuario en redes sociales, mismo que replicaba lo mismo con respecto al Templo de la Compañía.

Y es que, si la visual del Templo de la Compañía se vio afectada con los puestos colocados a su alrededor, en el caso de la fuente del Baratillo, ésta de plano quedó oculta tras las carpas, las mesas, las cartulinas con las ofertas y las sillas para los comensales.
El cierre también alcanzó la calle Ponciano Aguilar, a un costado de la Basílica Colegiata, donde de igual forma se llenó de puestos ambulantes.

En condiciones similares se encontraba el Jardín Reforma, donde entre los comerciantes de libros —que tienen ocupadas la mayor parte de las bancas y espacios del parque— y los puestos ambulantes de temporada que se permitió instalar, prácticamente no quedaba paso para los peatones a la hora de pasar a San Roque, y mucho menos quedaron lugares donde disfrutar de la sombra de los árboles de este hermoso jardín.
