Guanajuato, Gto.- Originaria de la comunidad de La Palma, perteneciente al municipio de Comonfort, en el estado de Guanajuato, Elizabeth Jaramillo Cofradíaz, de 57 años de edad, es una cocinera tradicional que se especializa en la fabricación de la famosa tortilla ceremonial o de molde, como también se le conoce, un elemento muy particular de la gastronomía y la cultura guanajuatenses.
Sin embargo, ella ha llevado esta tradición al siguiente nivel y, mediante su empresa La Cocina de Eli, ha comenzado a distribuir sus tortillas en diversos municipios del estado y busca pronto poder exportarlas al extranjero. Además, ha realizado una innovación al convertir la tradicional tortilla en una tostada.
“Ahora sí que somos los primeros que hacemos esto, que la transformamos, y estamos ya tratando de crecer la empresa”, comenta alegre.

Elizabeth impulsa tortilla en Guanajuato, herencia familiar de 5 generaciones
La tortilla se elabora con maíz tradicional y se marca de morado con un molde, el cual es único de la familia que la fabrica y se transmite a través de las generaciones. La pintura se fabrica con una flor llamada muicle, una planta silvestre que se da en el estado de Guanajuato, por lo que todo es completamente natural.
“Esa es la transformación tan hermosa de nuestras raíces otomíes. Esta planta es verde y se transforma en morado y con esa pintamos la tortilla.Y le ponemos figuras diferentes. Cada familia tiene sus figuras.Mi familia tiene cinco generaciones con los mismos moldes, es toda una historia”, dice Elizabeth.
Ella comenta que al menos son cuatro generaciones de su familia las que se han dedicado a la fabricación de estas tortillas.
“Mi bisabuela murió de 95; mi abuela es de 101; mi mamá tiene 78 y yo tengo 57. Toda la vida hemos hecho la tortilla ceremonial, va pasando de generaciones”, platica orgullosa.

Una tradición que ya está pasando a las próximas generaciones de su familia, pues ha comenzado a inculcarla a su hermana y a su sobrina. Y aunque intenten mejorar la fórmula para poder enviarla cada vez más lejos, siempre se busca mantener el sabor original.
“Todo va aún sin conservadores, tiene una duración de 4 o 5 meses, estamos en eso y queremos dejarlo así para que sea lo más puro posible, que lleve su conservador natural, que es la cal, la nixtamalización”, comenta.
Para Elizabeth, el saberse poseedora de una herencia milenaria y transmisora de toda esa tradición es motivo de una gran satisfacción.
“Me siento muy orgullosa y muy satisfecha de mi trabajo, más que nada llevar estas tradiciones, que no se pierda lo que es nuestra cultura, nuestros otomíes; aquellas personas creo que muchas veces no se reconocieron, todas esas cocineras, por ejemplo mi bisabuelita, que con algo sencillo, un jitomate picado y algo que podían encontrar hacían de comer. Gracias a ellas hacemos esto y es lindo que las reconozcan; nosotras solo lo transmitimos, ellas fueron las que lo hicieron”, asegura.

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