Irapuato, Guanajuato.- Entre aplausos, lágrimas, flores y el sonido de decenas de motocicletas, familiares, amigos y compañeros dieron el último adiós a Ángel Eduardo Ortiz Vázquez, el joven de 18 años que falleció tras resultar herido en un ataque armado ocurrido el pasado viernes en Irapuato.
La despedida se realizó la mañana de este martes en la parroquia de San Cayetano Confesor, ubicada en el centro de la ciudad, donde desde antes de las 9:00 de la mañana comenzaron a llegar familiares, conocidos y personas que quisieron acompañar a la familia en uno de los momentos más dolorosos de sus vidas.

Durante la misa de cuerpo presente, el ambiente estuvo marcado por el silencio, las oraciones y las muestras de solidaridad hacia los padres del joven. Quienes acudieron coincidieron en recordar a Ángel Eduardo como un muchacho alegre, apasionado por las motocicletas y con una vida que apenas comenzaba a construirse.
De acuerdo con la información recabada, el ataque armado ocurrió durante la noche del viernes. Tras la agresión, Ángel Eduardo fue trasladado a un hospital para recibir atención médica. Permaneció internado durante un día, pero su estado de salud se agravó y finalmente perdió la vida la noche del sábado.
Al concluir la ceremonia religiosa, el féretro salió del templo mientras familiares y amigos formaban una valla para despedirlo entre aplausos. Afuera ya lo esperaba una caravana integrada por alrededor de 70 motociclistas, compañeros de Eduardo, quienes decidieron acompañar el cortejo fúnebre como una muestra de cariño y respeto hacia quien compartía con ellos la afición por las motocicletas.
Antes de partir rumbo al panteón Gayosso, su padre, Gerónimo Eduardo Ortiz Ortega, reconocido periodista de esta casa editora, acompañado de su esposa, Yolanda Vázquez Castillo, hizo una petición que conmovió a todas y todos los presentes. Solicitó a los motociclistas encender sus unidades y hacer sonar los motores, pues era una de las cosas que más disfrutaba Ángel Eduardo en vida.

El rugido de las motocicletas rompió el silencio de la despedida y se convirtió en un homenaje cargado de emoción y en una exigencia de justicia. Muchos de los asistentes no pudieron contener las lágrimas mientras observaban partir el féretro, escoltado por la caravana que avanzó por las calles de Irapuato.
Finalmente, en el panteón Gayosso, familiares y amigos le dieron el último adiós entre flores, abrazos y palabras de consuelo. La despedida reflejó el cariño que Ángel Eduardo había sembrado entre quienes lo conocieron y el profundo vacío que dejó su partida a los 18 años de edad.
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