Acámbaro, Guanajuato.- A sus 94 años, Juan García Mejía, padre de cuatro hijos, abuelo de 13 nietos y bisabuelo de 12 bisnietos, conserva el orgullo de una vida dedicada al campo y al bienestar de su familia. En el marco del Día del Adulto Mayor, su historia se convierte en un reconocimiento a todas aquellas personas que, como él, durante décadas contribuyeron con su esfuerzo al desarrollo de sus familias y comunidades, dejando enseñanzas que permanecen de generación en generación.
A sus 94 años, el hombre representa una historia de esfuerzo, trabajo y dedicación que merece ser contada y reconocida. Don Juan ha construido a lo largo de su vida un legado familiar basado en el trabajo honrado, la responsabilidad y el deseo de brindar mejores oportunidades a sus seres queridos. Recuerda que durante aproximadamente 40 o 50 años se dedicó al trabajo del campo, actividad que desempeñó con orgullo y que le permitió sacar adelante a sus hijos.
Para él, ser campesino no solamente significaba trabajar la tierra, sino asumir diariamente la responsabilidad de llevar el sustento a su hogar.
Sin embargo, el trabajo agrícola no siempre fue suficiente para cubrir las necesidades de su familia. Por ello, en diferentes momentos de su vida tuvo que trasladarse fuera de la localidad de La Concepción, de donde es originario, en busca de mejores ingresos. También viajó al norte del país para trabajar y obtener recursos que posteriormente destinaba a su familia y, principalmente, a la educación de sus hijos.
En una etapa de su vida también llegó a trabajar durante aproximadamente un año en una fábrica en la Ciudad de México, así como a vender pan grande de Acámbaro, experiencia que se sumó a los años de esfuerzo que dedicó al campo.
“Me fui al norte a ganar para darles a mis hijos”.
Además de su trayectoria como campesino, Juan tuvo la oportunidad de desempeñarse durante aproximadamente seis años como comisariado en la localidad, responsabilidad desde la cual también buscó generar beneficios para su comunidad.
Entre las acciones que recuerda con mayor orgullo se encuentra la gestión para conseguir siete pozos de riego y uno de agua potable, obras que representaron una importante aportación para las actividades agrícolas y para el acceso al agua de los habitantes de La Concha.
Con el paso de los años, don Juan ha dejado atrás muchas de las actividades que realizaba cuando era más joven, pero asegura que todavía busca mantenerse activo.
Actualmente disfruta realizar trabajos en casa y cuidar sus plantas, actividades que le permiten mantenerse ocupado y conservar el contacto con las tareas cotidianas. A pesar de sus 94 años, se muestra contento con la vida que ha construido y, sobre todo, con la posibilidad de convivir con sus nietos y bisnietos.
Se reconoce como un hombre afortunado por poder compartir momentos con las nuevas generaciones de su familia, quienes, asegura, son una parte importante de su felicidad.
No obstante, también observa con preocupación algunos cambios sociales entre las nuevas generaciones. Desde su perspectiva, los jóvenes de hoy han cambiado considerablemente en comparación con las generaciones anteriores y considera que actualmente existe menos disposición para trabajar y menos respeto hacia las personas mayores.
“Ya no quieren trabajar”.
Por ello, cuando se le pregunta qué consejo daría a los jóvenes, su respuesta es sencilla, pero contundente: que se porten bien y que no caigan en los vicios.
Señala que desea seguir viviendo y disfrutando de su familia, aunque reconoce que la vida tiene sus propios tiempos y que será Dios quien determine hasta cuándo podrá continuar acompañando a sus seres queridos.
