El reconocimiento distingue los trabajos de Kagan, de la Université Paris-Sud, en Francia, y Soai, de la Tokyo University of Science, en Japón, sobre los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica.
Sus investigaciones ayudaron a resolver una pregunta que durante décadas permaneció abierta para la química: ¿cómo puede una reacción que en principio produce dos moléculas especulares terminar favoreciendo casi exclusivamente una de ellas?
La respuesta tiene relevancia tanto para la comprensión del origen de la asimetría química de los seres vivos como para el diseño de sustancias utilizadas en campos como la industria farmacéutica.
¿Qué descubrieron Kagan y Soai?
Para entender la importancia del Nobel de Química 2026 es necesario partir de una característica particular de muchas moléculas.
Algunas sustancias pueden existir en dos versiones que tienen exactamente la misma composición, pero que son imágenes especulares entre sí. La relación puede compararse con las manos: una mano derecha y una izquierda tienen los mismos elementos, pero no pueden colocarse una sobre otra de manera que coincidan perfectamente.
En química, estas formas se conocen como enantiómeros.
El problema es que, aunque una reacción puede producir ambas versiones, los organismos vivos suelen utilizar solamente una de ellas. Los aminoácidos son un ejemplo: existen dos formas especulares, pero las proteínas de los seres vivos emplean prácticamente una sola.
Esta característica recibe el nombre de homoquiralidad, término derivado de las palabras griegas relacionadas con “igual” y “mano”.
¿Por qué importa que una molécula tenga una u otra forma?
La diferencia entre dos moléculas especulares puede parecer pequeña, pero puede tener consecuencias importantes cuando interactúan con organismos vivos.
En el desarrollo de medicamentos, por ejemplo, dos enantiómeros pueden comportarse de manera diferente dentro del organismo. Uno puede producir el efecto terapéutico buscado, mientras que el otro puede tener una actividad distinta.
Por esa razón, durante décadas los químicos han buscado métodos capaces de controlar la formación de una determinada versión molecular en lugar de obtener una mezcla de ambas.
Los descubrimientos de Kagan y Soai proporcionaron herramientas fundamentales para conseguirlo. La Academia Sueca señala que estos conocimientos son especialmente relevantes para quienes diseñan reacciones destinadas a la fabricación de productos farmacéuticos, además de tener aplicaciones potenciales en sustancias aromáticas, materiales y productos químicos agrícolas.
Henri Kagan y el descubrimiento de los efectos no lineales
El primer gran avance reconocido por el Nobel ocurrió en 1986, cuando Henri B. Kagan encontró una manera de manipular determinadas reacciones asimétricas.
Hasta entonces, se esperaba que la relación entre la composición de los catalizadores utilizados en una reacción y la proporción de los productos obtenidos siguiera un comportamiento lineal.
Sin embargo, Kagan observó que no ocurría así.
Al combinar diferentes formas de un catalizador quiral, descubrió que algunas mezclas podían producir un resultado mucho más asimétrico de lo que se habría esperado. La relación entre los componentes iniciales y el producto no seguía una línea recta, sino una curva.
Ese comportamiento recibió el nombre de efecto no lineal.
En términos sencillos, Kagan demostró que una diferencia relativamente pequeña entre las dos formas moleculares podía amplificarse durante una reacción, favoreciendo considerablemente la producción de una de ellas.
En 1986 describió tres reacciones asimétricas que presentaban este comportamiento, lo que abrió una nueva vía de investigación para otros químicos.
Kenso Soai lleva el fenómeno un paso más allá
Los resultados de Kagan despertaron el interés de otros investigadores, entre ellos el químico japonés Kenso Soai.
Soai estudió reacciones asimétricas que presentaban efectos no lineales y encontró una característica que sería decisiva: existían semejanzas entre la estructura del catalizador y la del producto de la reacción.
A partir de esa observación surgió una posibilidad: ¿podría una molécula actuar como catalizador para producir más moléculas de sí misma?
