Frutas Locas, el negocio familiar con más de 50 años de tradición en el corazón de Guanajuato capital

Guanajuato, Gto.- Antes de que el primer cuadro de la capital se transformara en un andador peatonal y mucho antes de que los empaques plásticos dominaran el comercio urbano, la fruta en el corazón de la ciudad se despachaba en modestos conos de papel. A principios de la década de 1970, el abuelo de la familia inició un oficio callejero que hoy, más de 50 años después, permanece activo sobre la plancha del Jardín de la Unión como una estampa viva del pulso cotidiano y la memoria de Guanajuato.

Ricardo, quien actualmente atiende el puesto semifijo junto con sus hermanos Casandra y Jorge, representa la tercera generación de comerciantes que han presenciado la evolución de la ciudad a escasos metros del histórico Teatro Juárez.

Ricardo, quien actualmente atiende el puesto semifijo junto con sus hermanos Casandra y Jorge preservan el negocio familiar con tres generaciones de historia

El orígen del negocio de frutas con más de medio siglo de historia en Guanajuato capital

Entre el ir y venir de estudiantes, vecinos y turistas, recuerda los relatos que su padre le compartía sobre aquellos primeros años de venta, cuando el tráfico vehicular todavía rodeaba la plaza y el control municipal se ejercía de forma rudimentaria.

“Platicaba mi papá que mi abuelo iniciaba haciéndolos en conitos de papel, en aquel tiempo, como en los años 70 u 80. Literal era un conito como en los que servían agua en algunas escuelas. Ya después con el tiempo se inició con un vaso desechable de plástico tradicional”, relató el comerciante, al evocar cómo las jornadas dependían entonces de una inspección manual constante.

“Antes no era tanto un permiso formal, era como una boletita que pasaba y te checaban todos los días. Con los años, cuando todavía transitaban carros, el puesto estaba en la parte de arriba de la plancha y a un costado del Teatro Juárez, hasta que con la peatonalización se definió un lugar semifijo con horarios y la obligación de dejar el espacio impecable”.

Entre el ir y venir de estudiantes, vecinos y turistas, recuerda los relatos que su padre le compartía sobre aquellos primeros años de venta

De la fruta tradicional a la modernización

Con el transcurso de las décadas, la modernización del centro histórico también obligó a replantear el producto. Mientras el padre de familia defendía con firmeza la preparación clásica a base de fruta fresca, sal, limón y chile en polvo, la incursión de los hijos introdujo una transición comercial que dio origen a Frutas Locas Eventos, una propuesta que integró botanas, golosinas y salsas especiales a las porciones tradicionales de sandía, melón, piña y jícama.

“Mi papá era más tradicional, en cuestión de limón, sal y chile y nada más. En aquel tiempo no era tan sonado el Tajín o el Miguelito. Fue la idea de ir incitando a mi papá: ‘Me agrada este chile, pruébalo’. Cuesta cambiar esa parte de lo tradicional a que se abran a lo nuevo, pero fuimos escuchando las necesidades de los clientes. Probamos primero en casa y fuimos metiendo gomitas, cacahuate, cueritos y churritos para quienes traen un antojo distinto, ya sea sandía con gomitas o piña con jícama, cueritos y cacahuate”, explicó Ricardo sobre el proceso de adaptación que permitió sostener el negocio frente a los nuevos hábitos de consumo.

Para los tres hermanos, permanecer de pie durante jornadas completas va más allá del intercambio monetario; el espacio se ha consolidado como un punto de encuentro donde coinciden familias que han acudido por generaciones.

Con el transcurso de las décadas, la modernización del centro histórico también obligó a replantear el producto

“Aparte de trabajo, se te hace un hábito donde llegas, saludas y compartes hasta algún tema con el cliente que al final de cuentas no fue ni venta, fue una conversación, pero disfrutas esa parte”, detalló el comerciante sobre el arraigo construido entre los transeúntes del jardín.

Frente al crecimiento poblacional del municipio y las dificultades de movilidad hacia el centro, el proyecto familiar proyecta ahora extender sus alcances hacia la zona sur de la capital, con la meta de incorporar esquemas de entrega a domicilio para acercar sus preparaciones a clientes habituales en sus propios hogares, consolidando la vigencia de una tradición que comenzó hace medio siglo en un cono de papel y que hoy forma parte de la identidad gastronómica de la ciudad.

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