Uriangato, Guanajuato.- Según la tradición, el 27 de octubre de cada año, las mascotas que ya han trascendido regresan al mundo de los vivos para visitar a sus compañeros humanos. No obstante, también habría que plantearse una pregunta importante: ¿qué pasa con los animales que no tienen a alguien a quien visitar? México es uno de los países con más perros callejeros del mundo, por lo que es importante voltear a ver también a los menos afortunados.
Desde hace aproximadamente dos años y medio, Marisol Sánchez y su esposo, Eduardo Pérez, dirigen un santuario canino llamado “Aquí Nace el Amor“, en el que albergan a 140 perros rescatados de las calles o de situaciones de maltrato y abandono. En este lugar se les brinda, además de un hogar, comida y atención médica.
Marisol y Eduardo tienen más de 30 años de experiencia como rescatistas de animales. Ambos dirigen esta organización que busca, además de brindar cuidados a los caninos que lo necesitan, generar conciencia sobre la importancia de informar a la población en materia de bienestar animal y educar a las nuevas generaciones para que crezcan sabiendo cómo cuidar adecuadamente a sus mascotas.
Marisol cuenta que han logrado mantener a flote este proyecto gracias a las donaciones de las personas y al apoyo de los jóvenes voluntarios. Aun así, la situación nunca ha sido fácil, pues el número de animales necesitados crece más rápido que los apoyos y las donaciones. Por ello, han ideado varias estrategias que les permiten seguir adelante.

Constantemente participan en desfiles donde recaudan donaciones de los espectadores. También cuentan con artículos a la venta, como accesorios y productos para el cuidado e higiene de las mascotas. Con estos productos, asisten a eventos como bazares y ferias, donde instalan un quiosco. Asimismo, visitan escuelas y organizan actividades en plazas públicas para impartir conferencias y divulgar información sobre el bienestar animal. Gracias a estas iniciativas y al apoyo de los voluntarios, han logrado resistir las dificultades.
Una de las cosas más difíciles de trabajar en un lugar así son las historias que hay detrás de cada perro rescatado. Lo más común es encontrar animales que fueron atados en cerros o carreteras para abandonarlos. Incluso, cuenta Marisol, algunos recibieron golpes o ataques con machetes. Por ello, hace poco se llevó a cabo la presentación del libro “Érase una vez la extinción de los canes”, escrito por Marisol Tovar, con el propósito de generar empatía y conseguir apoyos para sostener esta causa.
Marisol Sánchez, encargada del santuario, comparte una reflexión importante: la mejor manera de honrar a un compañero de cuatro patas que ha fallecido es ayudar a otros que lo necesitan, generar conciencia sobre el tema y, de ser posible, darles la oportunidad de tener una familia a otras mascotas. Estas no reemplazarán a la que se fue, pero también merecen un hogar. No son solo animales: son parte de la familia, tienen sentimientos y pueden sufrir. Por ello, en estas fechas, no solo hay que honrar a quienes ya no están, sino también reconocer a quienes ayudan a los que aún siguen aquí.
