Isabel “La Católica” y Malitzin “La Traductora”: dos mujeres empoderadas

Isabel y Malinalli, ambas dotadas de una inteligencia notable, así como del sentido de la oportunidad y del ejercicio del poder y el gobierno de un pueblo. Aliadas leales y enemigas francas.

Un instrumento de empoderamiento para la reina española, Isabel I “La Católica” (1451-1504), fue su matrimonio -a los 18 años de edad- con Fernando II de Aragón (1452-1516). Juntos trascendieron a la historia como “Reyes católicos”, título decretado a su favor con la bula papal “Si convenit”, que el 19 de diciembre de 1496, publicó el líder religioso Alejandro VI.

Visionaria y ambiciosa monarca, Isabel I estableció una alianza de poder y patrocinio con Cristóbal Colón y, asimismo, a través de su confesor, el Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, contó con la confianza y el apoyo de la Iglesia católica.

Mientras que, Malitzin adquirió poder y el título de respetable señora al obtener la protección del conquistador Hernán Cortés (1485-1527), quien valoró como estratégica su unión con la nativa y la vinculó a él como extensión de su lengua, su palabra y su propósito de conquista de los territorios, luego comprendidos bajo el término de la Nueva España. Además, fue su compañera íntima y dio a luz a su primogénito varón.

Entronizada como la traductora, consejera y estratega diplomática para concretar alianzas indígenas favorables a los españoles, en su texto “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, el cronista Bernal Díaz del Castillo (1496-1584) se refiere a ella como “entremetida y bulliciosa”. Y, asimismo, señala: “Fue gran principio para nuestra conquista y así se nos hacían todas las cosas. Loado sea Dios muy prósperamente, he querido declarar esto, porque sin ir doña Marina, no podríamos entender la lengua de la Nueva España y Méjico”.

La fecha precisa del nacimiento de Malintzin se desconoce; para algunos historiadores se registró en el año “Uno ocelote”, entre 1502 y 1504, en Oluta, poblado cercano al actual Coatzacoalcos, Veracruz, Igualmente, es dudosa la fecha y causa de su muerte; pues algunos establecen que -en 1528, ya muerto Hernán Cortés- fue asesinada por Juan Jaramillo, el esposo español que le impuso su dueño y señor, luego de la caída de Tenochtitlán y con quien procreó a su hija María. Otras fuentes indican su fallecimiento a causa de la viruela u otra enfermedad, en esta misma fecha o en 1555.

En caso de haber nacido en 1504, lo hizo en el mismo año en que falleció Isabel “La Católica” y cuando Hernán Cortés tenía 19 años de edad. Su condición de joven indígena del siglo XVI se refleja en su biografía, marcada por los usos y costumbres de un pueblo de cultura náhuatl dominado por el poderío mexica y sometido a pagar tributo. Asimismo, por su familiaridad con la populosa ruta comercial del Golfo. Y, claramente, por haber sido una púber vendida y servir como esclava en territorio cacique de Tabasco, donde aprendió a hablar el maya-chontal. Sitio donde, el 15 de marzo de 1519, se le entregó a Hernán Cortés, junto con otras diecinueve mujeres que formaron parte del tributo que los nativos caciques debieron aportar luego de perder la batalla de Centla.

Unos meses después, en San Juan de Ulúa, la joven esclava realizó su primera intervención como traductora en el encuentro de Cortés con los mensajeros de Moctezuma II, en virtud que el español Gerónimo de Aguilar (1489-1531) -intérprete del maya al español- no pudo traducir; por lo que Malintzin le tradujo al maya. Y no pasaría mucho tiempo en que ella aprendiera también el español y se consolidara como instrumento lingüístico de la conquista de la gran Tenochtitlan, donde negoció la rendición con el propio Moctezuma II.

Los panegiristas de estas dos empoderadas mujeres, familiarizadas con la guerra, el poder y la diplomacia propias del “Encuentro de dos mundos” -iniciado el 12 de octubre de 1492-, suelen elevarlas en calidad sobre humana. Sin embargo, ¿dónde mirar el protagonismo femenino de estas mujeres de carne y hueso? La leyenda dimensiona su vida y su muerte, como insólitas protagonistas del siglo XV y XVI, cuyas decisiones de poder y virtudes personales trastocaron la historia universal y dieron origen a una nueva raza mestiza, en un Nuevo Mundo.

Como es común a los personajes históricos, ambas aparecen polifacéticas y de acuerdo a las ideologías en las que se las inscriba o a través de los fundamentos cosmogónicos que las revelen. Isabel reza a su Dios y santoral católico. En tanto que, ¿a quién dirige sus íntimas oraciones Malitzin?, cuando Hernán Cortés la transfigura en catequizadora de la fe católica, usándola como intérprete. Y aprovechando los usos y costumbres indígenas de escucharla y obedecerla como “portadora de la palabra” del vencedor de los mexicas. Es decir, libertador y aliado de los pueblos oprimidos por los mexicas. Quienes incluso, reconociendo la ascendencia de la nativa traductora sobre el español, se referían a Cortés como “El capitán Malinche”, “El capitán Matitzin” o “El capitán Marina”.

Sobre la difusión ideológica del llamado “malinchismo” y “la chingada”, se puede encontrar una certera reflexión en el texto: “Laberinto de la soledad”, del Premio Nobel de Literatura (1990), Octavio Paz (1914-1998).

            En tanto que, podemos acceder a una visión poética de la biografía de “La Traductora de dos mundos”, en el poema “Malinche”, de la escritora mexicana Rosario Castellanos (1925-1974).

Ayer y hoy, la historia del Nuevo Mundo es un palimpsesto cotidiano. ¡Hasta el próximo palimpsesto!