Ciudad de México, México.- La industria automotriz estadounidense enfrenta un segundo trimestre complicado: Tesla, la empresa dirigida por Elon Musk, reportó una caída del 16% en sus ingresos netos, mientras que General Motors (GM) perdió 1,100 millones de dólares en ganancias debido a nuevos aranceles impulsados por la política comercial del presidente Donald Trump.

Los ingresos de Tesla disminuyeron a 1.17 mil millones de dólares, frente a los 1.4 mil millones del mismo periodo del año anterior, y sus ingresos totales cayeron a 22.5 mil millones, un 12% menos. Esta es la segunda caída trimestral consecutiva para la marca de autos eléctricos, que además registró un descenso del 13.5% en las entregas de vehículos.
Los ingresos provenientes de su negocio automotriz retrocedieron un 16%, mientras que su división de energía —otra de sus apuestas estratégicas— bajó un 7%.
En una comunicación a inversionistas, Tesla atribuyó las caídas a una baja en ventas y a la disminución de ingresos por créditos regulatorios. En el trimestre, obtuvo solo 439 millones de dólares por este concepto, menos de la mitad de lo recibido un año antes. Estos créditos —que provienen de otros fabricantes que pagan a Tesla por compensar emisiones— se reducirán aún más en otoño, tras los recientes ajustes a la legislación fiscal estadounidense.
Problemas de imagen y saturación del mercado

Analistas atribuyen parte del retroceso a factores extrafinancieros. Según The Wall Street Journal, las finanzas de Tesla “han estado en caída libre desde el otoño pasado” debido a la creciente exposición política de Elon Musk. Su participación activa en la política partidista ha dañado la reputación de la compañía en mercados clave como California y Europa, donde antes gozaba de gran aceptación.
La situación empeoró tras su salida de la Administración Trump en mayo, lo que derivó en disputas públicas con el presidente y mayor incertidumbre para los consumidores. A esto se suma la creciente competencia en el sector de autos eléctricos, con más opciones disponibles tanto en Estados Unidos como en China, donde Tesla enfrenta desafíos regulatorios y de producción.
General Motors también tropieza

La otra gran automotriz estadounidense, GM, también reportó un trimestre complicado. Sus ingresos netos se redujeron 35%, cayendo a 1,800 millones de dólares, frente a los 2,900 millones del segundo trimestre de 2024. De acuerdo con un comunicado oficial, los nuevos aranceles impuestos por el gobierno federal afectaron sus ingresos operativos en mil 100 millones de dólares.
A pesar del crecimiento en ventas minoristas y resultados positivos en su operación internacional, especialmente en China, GM reconoció que su unidad norteamericana fue duramente golpeada. En una carta a los accionistas, su directora ejecutiva Mary Barra afirmó que la empresa está “posicionando el negocio para un futuro rentable a largo plazo mientras nos adaptamos a nuevas políticas comerciales y fiscales, y a un panorama tecnológico en rápida evolución”.
GM había advertido esta primavera que sus proyecciones de ganancias para 2025 podrían verse afectadas, aunque mantuvo su guía anual tras conocer los resultados del segundo trimestre.
El impacto de los aranceles no se limita a Tesla y GM. Stellantis, la multinacional que controla marcas como Jeep y Ram, también informó que los gravámenes redujeron sus resultados en 350 millones de dólares en el trimestre, según The Wall Street Journal. Aunque las empresas han intentado mitigar los efectos —por ejemplo, reubicando producción dentro de EE.UU.—, muchas de estas medidas aún no han sido implementadas del todo.
La combinación de factores políticos, económicos y reputacionales está redefiniendo el rumbo del sector automotriz estadounidense. Con consumidores más exigentes, mercados internacionales más competitivos y una regulación fiscal cambiante, las automotrices deberán replantear sus estrategias si quieren recuperar su dinamismo financiero.
Mientras tanto, el segundo trimestre de 2025 queda marcado como uno de los más difíciles para los gigantes de Detroit y para Elon Musk, cuyas decisiones personales y corporativas parecen tener consecuencias cada vez más directas en el desempeño de Tesla.
