Salamanca, Gto.– Los controles parentales, sirven para que los padres y/o tutores supervisen y limiten el acceso de los menores a contenido y funciones en dispositivos electrónicos e internet. Sin embargo, esta medida no es suficiente, pues a través de los dispositivos, contenido no apto para menores a pesar de los controles, está a su alcance. Ariadna Mosqueda, psicóloga infantojuvenil de Salamanca, reveló que es importante, en todo momento supervisar lo que los menores de edad, adolescentes y jóvenes, consumen a través de los dispositivos móviles.
La psicóloga, señaló la importancia sí de los controles parentales, pero también de la supervisión directa de los móviles, hoy en día las infancias y las adolescencias, están expuestas a diverso material que circula en redes sociales.
Desde contenido sexual, agresivo o material no apto para los menores de edad “El agresor siempre buscará la manera de llevar a cabo su cometido, incluso haciéndose pasar por amigos o personas de la misma edad. Con la finalidad de generar empatía o una amistad y así poder ingresar o traspasar la vulnerabilidad de los menores de edad” dijo la especialista.

Recomiendan mantener la comunicación con las y los menores
Mientras el ciber-acoso afecta a un 23.9% de la población de 12 a 19 años, es importante mantener una comunicación con el menor, un círculo de confianza y siempre creerle al niño o a la niña. Se estima que el 47% de los menores inicia su uso entre los 4 y 6 años, y más del 82% de los adolescentes cuenta con su propio teléfono móvil, según una encuesta hecha por la PROFECO, entre 2018 y 2020, su uso incrementó en la pandemia por Covid.
Aunque la problemática, en el uso de dispositivos, es la “adicción tecnológica” que se puede llegar a generar, que posteriormente se crea déficit de atención, problemas de sueño, obesidad por sedentarismo, dificultades en el aprendizaje y exposición a contenidos inapropiados. Se recomienda limitar drásticamente su uso, especialmente antes de los 5 años.
La sobreestimulación de las pantallas afecta las funciones cognitivas, reduciendo la capacidad de concentración, memoria y atención. Además aumenta la impulsividad, la irritabilidad, la falta de autocontrol y el riesgo de trastornos como ansiedad o depresión.

Ante su uso, los niños prefieren las pantallas sobre la interacción con amigos o familiares, limitando su desarrollo social y emocional. Los niños tienen menos capacidad para gestionar el tiempo de uso y son vulnerables a contenidos violentos o inapropiados, que incluso los controles parentales no son suficientes. Otra problemática es el sedentarismo, el cual provoca riesgo de obesidad, además de trastornos del sueño por la luz azul y problemas de visión a la larga.
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