Después de haber estado seis años en el aparador, probablemente muchas personas que incluso votaron por Andrés Manuel López Obrador, han llegado a la conclusión que a su visión periférica le falta distancia. Su mensaje el sábado donde pidió ayuda humanitaria y para comprar petróleo para Cuba, en muestra de ello. No está viendo que está caminando a un destino sin futuro, arrastrando con él a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Quienes son sobrevivientes de la Guerra Fría, como él, tendrían que haber notado que las acciones de Estados Unidos contra Cuba, no generaron apoyos concretos que no fueran retóricos y solidarios. No llegaron los buques de guerra de Nikita Krushov, ni decenas de países protestaron airados para que presidente Donald Trump desistiera de sus propósitos. Dejaron sola a Cuba, obligada a negociar con Washington, ante la aceleración de su crisis económica.
Raúl Castro, el poder real en Cuba, envió a su hijo Alejandro Castro Espín, hombre poderoso en la inteligencia cubana -históricamente conocida como el G-2- y en las Fuerzas Armadas, a hablar con los estadounidenses, y descubrieron pronto lo solos que estaban. Quería que se sentaran en la mesa de negociaciones México, España y Rusia. Pero los únicos alborotados fueron los mexicanos, porque los otros dos, leyendo lo que estaba sucediendo, se hicieron a un lado. Los mexicanos fueron marginados.
Lo que está sobre la mesa no es una negociación, dijo una fuente estadounidense, sino los términos de la claudicación del modelo económico. Esta es la primera falla estratégica de López Obrador y de quienes, como él, se quedaron en la Guerra Fría. Washington no quiere intervenir militarmente en Cuba, porque no hace falta. El fracaso del modelo económico está creando las condiciones de su salida. La gente busca comida en los basureros; golpea calderos en las calles por los apagones; no hay agua ni gas para cocinar; hay zonas en La Habana donde solo tienen luz por cuatro horas y en la isla, permanecen sin energía hasta 40 horas.
López Obrador, Sheinbaum y los demás anticuados, siguen pensando en el modelo socialista. Un profesor universitario marxista ligado a la 4T, les dice a sus camaradas con el ánimo de ubicarlos en el hoy, que está bien hablar del socialismo, “pero la siguiente semana, que puede ser dentro de 30 años”, porque como argumenta, la discusión en el mundo es sobre los diferentes modelos de capitalismo.
El socialismo obradorista no existe más que en Cuba, porque incluso Corea del Norte tiene desde hace años mercados informales y una clase emergente de comerciantes privados llamados donju. China tiene un capitalismo de Estado y Rusia uno de cuates. El modelo que defiende López Obrador y su sucesora se está quedando sin referentes.
Estados Unidos logró que Delcy Rodríguez, que sustituyó a Nicolás Maduro, impulse el cambio de modelo económico, mediante la diversificación productiva y alianzas con el sector privado. El primer punto sobre la mesa con Cuba es la negación del modelo económico de 67 años, que fue un desastre. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, sigue los pasos de Rodríguez, y cada semana, como ayer mismo, está anunciando reformas graduales su economía. Cuando esto se concrete, el referente de la revolución castrista se habrá desvanecido.
Pero no es solo la Perestroika cubana lo que está en la mesa. Los siguientes tres puntos tienen que ver con el desmantelamiento del aparato de inteligencia cubano, la salida de todos los espías cubanos de territorio estadounidense, y la entrega de sus espías y colaboradores en América Latina. Dos expresidentes, Rafael Correa de Ecuador, asilado político en Bélgica pero que opera desde una casa en las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México, y Evo Morales de Bolivia, son los primeros activos cubanos comprometidos. Varios miembros de Morena también lo están.
El G-2 es uno de los servicios de inteligencia más capaces y eficientes en el reclutamiento y la penetración de agencias enemigas. El secretario de Estado, Marco Rubio se ha referido al caso de probablemente mayor éxito de la inteligencia cubana, el de Ana Belén López, una portorriqueña reclutada en 1984 por un agente cubano en Nueva York, que durante 16 años les dio información del Departamento de Justicia, donde trabajaba, y de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, hasta que la descubrieron en 2001. Ha sido descrita como una de las espías más peligrosas en la historia de Estados Unidos.
La información sobre el espionaje cubano en América Latina ha comenzado a fluir en Washington por declaraciones de venezolanos chavistas, que una razón por la que el presidente Daniel Noboa de Ecuador recientemente expulsó a todos los diplomáticos cubanos en su país. Un tercio del hemisferio, paralelamente, ya ha comenzado a tratar a Cuba como un país apestado, un paria en una región donde hasta hace poco tenía bajo su control.
Diez países finalizaron o modificaron su cooperación con las misiones médicas cubanas: Honduras, Guatemala, Guyana y Paraguay en América Latina; Jamaica, Antigua y Barbuda, Bahamas, Dominica, Granada y Trinidad y Tobago, en el Caribe. En menos de 60 días, la cooperación médica cubana tuvo su peor revés en décadas, estratégicamente importantes porque dentro de ellas el G-2 cubano infiltró espías.
Esas misiones médicas aterrizaron en México durante la pandemia, en el gobierno de López Obrador, y fue una imposición a su sucesora para que continuar el programa. Aunque Sheinbaum ha dicho varias veces en privado estar en contra de este programa, que tiene a más de tres mil doctores cubanos trabajando en una cuarta parte de los municipios del país distribuidos en 29 entidades, lo mantiene.
Todo esto no significa que deje de ser importante la ayuda humanitaria mexicana a Cuba, con quien tenemos una relación histórica de solidaridad. Pero lo que plantea el obradorismo es la ayuda a la dictadura cubana, sin que haya forma de comprobar que llegará al pueblo. Ya lo hicieron antes con el petróleo que regaló López Obrador a Cuba, que fue revendido para beneficio de las élites castristas, no para la gente.
López Obrador no tiene una visión global, ni está dispuesto a ceder nada, porque está tan comprometido con Cuba como Correa o Evo. Pero su hegemonía política sobre el régimen es tan grande, que su ceguera periférica de distancia, está jalando a la intemperie continental al movimiento y al gobierno.