CDMX, México.- La NFL amaneció sacudida por una decisión que durante casi dos décadas parecía impensable. Los Baltimore Ravens despidieron a John Harbaugh, poniendo fin a una de las etapas más largas, exitosas y emblemáticas en la historia reciente de la liga.
La determinación llegó apenas horas después de un cierre de temporada devastador. Un gol de campo fallado en la última jugada del año regular no solo dejó a Baltimore fuera de los playoffs, sino que terminó por sellar el destino del entrenador en jefe. Ese instante resumió una campaña marcada por la irregularidad, las lesiones clave —incluida la de Lamar Jackson— y la sensación constante de que el equipo se quedaba a un paso de algo más grande.

John Harbaugh se marcha tras 18 temporadas al frente de los Ravens, una cifra prácticamente extinta en la NFL moderna. Bajo su mando, Baltimore construyó una identidad sólida, competitiva y reconocible. Fue campeón del Super Bowl en la temporada 2012, ganó múltiples títulos divisionales y se convirtió en sinónimo de estabilidad en una liga caracterizada por la rotación constante de entrenadores.
Sin embargo, el mensaje de la directiva fue claro: el proyecto dejó de avanzar. El propietario Steve Bisciotti reconoció lo difícil de la decisión, pero admitió que los resultados quedaron muy por debajo de las expectativas de una franquicia que inició la temporada como aspirante serio al campeonato.

El golpe final que cambió todo para John Harbaugh
Baltimore llegó a la última semana con vida, obligado a ganar para clasificar a los playoffs. El partido ante Pittsburgh fue cerrado, tenso y dramático. Todo se definió en un intento de gol de campo de 44 yardas que normalmente se cobra sin pestañear, pero que esta vez se desvió. El estadio quedó en silencio. La temporada terminó. Y con ella, una era completa.
No fue solo una patada fallada. Fue el acumulado de un año irregular, un arranque desastroso y la repetición de errores en momentos clave. Para la organización, ese desenlace fue el punto de quiebre definitivo.

Un legado imposible de borrar
John Harbaugh se va como el entrenador más ganador en la historia de los Ravens, con un récord global de 193 victorias y 124 derrotas, incluyendo postemporada. Más allá de los números, deja un vestidor competitivo, una cultura de disciplina y una franquicia que rara vez cayó en crisis prolongadas.
Su relación con Lamar Jackson redefinió el rumbo del equipo desde 2018, dándole una nueva identidad ofensiva y manteniendo a Baltimore relevante en una AFC cada vez más feroz. No obstante, la gran deuda fue no haber vuelto al Super Bowl durante la era del quarterback franquicia, pese al talento disponible.

El peso de las expectativas
En la NFL, el pasado no garantiza el futuro. Baltimore no levanta el trofeo Lombardi desde hace más de una década y, para los dueños, el margen de paciencia se agotó. Las derrotas cerradas, las ventajas desperdiciadas y las eliminaciones tempranas en postemporada terminaron pesando más que la estabilidad.
Pese a su salida, el respeto hacia Harbaugh permanece intacto. Jugadores y exjugadores lo describen como un líder cercano, exigente y genuino, cualidades que explican su longevidad en el cargo.

¿Qué sigue para los Ravens?
La salida de John Harbaugh abre un periodo de incertidumbre en Baltimore. Sustituir a un entrenador con casi 20 años de historia no será sencillo. La franquicia deberá decidir si apuesta por una renovación profunda o por una transición que preserve parte de la identidad construida.
En cuanto a Harbaugh, su futuro en la NFL parece lejos del retiro. Su experiencia, historial ganador y prestigio lo colocan como candidato natural para liderar otros proyectos. Más allá del desenlace, su huella en la liga es profunda y su legado, imposible de borrar.
