‘Cien años de soledad’ llega a su final: la profecía de Melquíades finalmente se cumple

Ciudad de México, México.- La serie ‘Cien años de soledad’ llegó a su gran final, cumpliendo la profecía de Melquíades.

El capítulo cierra la adaptación de la novela que Gabriel García Márquez publicó en 1967 y resuelve uno de los misterios presentes desde el comienzo de la historia: qué dicen realmente los pergaminos de Melquíades.

¿De qué se trata el final de ‘Cien años de soledad’?

El episodio final de Cien años de soledad despeja dudas sobre lo que pasó con los Buendía | X

La serie comenzó a preparar ese desenlace desde su primera temporada. El tiempo nunca avanza de manera completamente lineal entre los Buendía: los personajes tienen presagios, los nombres regresan generación tras generación y acontecimientos del futuro parecen mezclarse con recuerdos del pasado.

Incluso la adaptación incorporó desde sus primeros episodios el uróboros, la serpiente que se muerde la cola, como una representación visual del ciclo que persigue a la familia. Ahora ese círculo finalmente se cierra.

¿Cuál era el secreto de Melquíades?

La profecía de Melquíades termina cumpliéndose | X

Uno de los lugares más importantes para entender el final está dentro de la Casa Buendía prácticamente desde el comienzo: el cuarto de Melquíades.

Primero es el laboratorio del gitano; posteriormente, José Arcadio Segundo lo adopta como lugar de trabajo y, con el paso de los años, terminará convertido en el estudio de Aureliano Babilonia.

Aureliano será quien consiga hacer lo que varias generaciones de los Buendía no pudieron: descifrar los pergaminos escritos por Melquíades. Lo que descubre en ellos cambia la manera de entender todo lo ocurrido durante un siglo.

¿Cómo termina ‘Cien años de soledad’?

Estos son los “males” que llegan a la Casa de los Buendía y las profecias que se cumplen | X

Para entonces, Macondo está lejos del pueblo que José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán fundaron al inicio de la historia.

Tras la guerra, la llegada del ferrocarril, el auge de la compañía bananera, la matanza de sus trabajadores y los años de lluvia, el lugar entra en decadencia mientras la estirpe de los Buendía se aproxima también a sus últimos integrantes.

Amaranta Úrsula regresa a Macondo después de haber vivido en Europa y se reencuentra con Aureliano Babilonia. Ambos comienzan una relación sin conocer inicialmente el parentesco que los une: ella es su tía. De esa relación nace el último integrante de la familia.

El niño tiene una cola de cerdo, haciendo realidad el temor que acompañó a los Buendía desde José Arcadio y Úrsula, quienes al comienzo de la novela temían que su parentesco provocara que sus descendientes nacieran con esa característica.

La propia adaptación ya había anticipado ese miedo en su primera temporada: durante la travesía que conduce a la fundación de Macondo, Úrsula sueña con un bebé que se transforma en cerdo cuando lo voltea.

Lo que durante generaciones pareció una superstición termina convirtiéndose en una de las últimas señales de que la historia familiar ha completado su círculo.

¿Qué sucede con el último de los Buendía?

El bebé nace con una pequeña cola de cerdo por casarse entre parientes | X

Amaranta Úrsula muere después del parto y Aureliano queda solo con el recién nacido.

Desesperado, abandona momentáneamente al pequeño y, cuando vuelve a buscarlo, descubre que las hormigas se lo han llevado.

Se cumple entonces otra de las claves contenidas en los manuscritos de Melquíades: el primero de la estirpe estaría amarrado a un árbol y al último se lo estarían comiendo las hormigas.

Aureliano regresa entonces a los pergaminos y por primera vez consigue descifrarlos por completo y comprende que Melquíades no había escrito únicamente profecías aisladas: había registrado con anticipación la historia completa de la familia Buendía.

Los manuscritos contienen el pasado, pero también narran el presente en el mismo instante en que ocurre. Aureliano comienza a leer cada vez más rápido para intentar adelantarse a las palabras y descubrir su propio destino.

Mientras Aureliano llega a las últimas líneas, un viento comienza a arrasar Macondo. Las casas, las calles y el pueblo que habían permanecido durante un siglo desaparecen mientras el último Buendía termina de comprender la historia de su familia.

Es entonces cuando descubre el sentido final de la profecía: las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Los Aurelianos y los José Arcadios no sólo heredan nombres. Generación tras generación vuelven la soledad, los amores imposibles, la violencia y la incapacidad de aprender completamente de quienes estuvieron antes.

La peste del insomnio ya había introducido desde los primeros años de Macondo otra de las obsesiones centrales de la obra: el peligro de olvidar. Sus habitantes llegaron a etiquetar objetos para recordar sus nombres y su utilidad cuando comenzaron a perder la memoria.

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