Yuriria, Gto.- “La obra del acueducto Solís-León afectará la Laguna de Yuriria, al río Lerma, la Presa Solís y también las zonas urbanas resultarán afectadas, porque habrá un ‘bajón’ en los niveles de los pozos que llevan agua potable a la población”.
Así lo denunciaron públicamente integrantes de la Red de Asociaciones y Colectivos del Sureste de Guanajuato, liderados por Juan Manuel Ayala López y el regidor acambarense Julio Vega Malindo, durante la instalación de una mesa informativa donde manifestaron su rechazo al Acueducto Solís-León y solicitaron el apoyo de las y los yurirenses con su nombre y firma en un documento que harán llegar a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum.
Juan Manuel, vocero del Observatorio Acambarense por los Derechos Humanos Fray Raúl Vera López e integrante del colectivo de la sociedad civil organizada en defensa de la Presa Solís, señaló que la población de Yuriria y del sureste del estado debe considerar que la obra del acueducto afectará la Laguna de Yuriria, el río Lerma y la Presa Solís.

Dijo que también las zonas urbanas resultarán afectadas, porque habrá un “bajón” en los niveles de los pozos artesanos.
“Al estudiar los documentos técnicos y consultar especialistas, tanto del medio ambiental, hidrológicos y de impacto para las sociedades de estas regiones, estamos convencidos de que la obra del acueducto no es para agua potable a la población, porque se ha demostrado que el agua de la Presa Solís no está acondicionada para agua potable, aunque la traten; entonces es realmente para el corredor industrial y terminando en León”.
Dijo creer que, a lo largo del corredor industrial, se van a construir industrias y esas industrias van a tener el agua que se sirve de la presa.
“No es gratuito que el tubo que se pretende construir vaya por la orilla de las carreteras de carácter federal; eso nos impide creer que el gobierno quiera hacer un beneficio a la región sureste. Recordemos que todas las grandes obras son de Celaya hacia León y la región sureste no se toma en cuenta, solamente para despojarla de sus recursos”.
Señalan riesgos por sequía, tecnificación y daño ambiental
Juan Manuel cuestionó qué ocurrirá en épocas de sequía.
“Se dice que este año va a llover más, pero ¿cuándo no llueva? Además, las autoridades no lo han dicho: la Presa Solís está azolvada. El 30% del almacenaje de la presa es azolve, nunca se ha limpiado desde que se construyó. Hay riesgos de que, cuando haya sequía, la gente se quede sin agua”.
Dijo que el gobierno habla de la tecnificación, pero nunca explica en qué consiste.
“Hay que ser muy claros en qué consiste y lo correcto sería que durante 3 o 4 años se pruebe con la tecnificación y se determine si realmente se ahorra o no el agua. Los campesinos de la región dicen que eso no les funciona, porque ya han hecho pruebas y no les funciona”.
Finalmente, señaló que es necesario que el agua siga su curso natural para que se dé una filtración a los mantos de forma natural.

“Esta región del sureste de Guanajuato vive de las aguas superficiales; el antiguo granero del Bajío vive de las aguas superficiales: la lluvia, las corrientes que bajan de los cerros, de eso vive, e infiltraciones que se van para los pozos”.
El regidor Julio Vega criticó que la información sobre el proyecto del acueducto esté clasificada como reservada por cinco años.
“Solo hablan del agua que se llevarán, con el supuesto ahorro de agua que se tendrá con la tecnificación, una tecnificación que no ha funcionado a la gente del campo, que tiene un costo muy elevado y al final llega a la basura”.
Recordó que en 2018 el gobierno del estado trabajó con el sistema de riego por goteo, pero no funcionó en las parcelas, y ahora con este proyecto el gobierno quiere impulsar nuevamente esa tecnificación.

“La gente ya ha tecnificado, invierte mucho y no hay resultados positivos”.
Finalmente, señaló que en Acámbaro, donde se intentó iniciar la obra del acueducto, derribaron un árbol de más de 100 años; otro, que diez personas no alcanzan a abrazar, lograron impedir que lo tumbaran, pero ya han derribado más de 300, ocasionando un daño al ecosistema.
“Hablamos de un kilómetro de daño ambiental; imaginar en los más de 200 kilómetros todo el daño que van a hacer”.
