Irapuato, Gto.– Con actos cívicos, religiosos y actividades culturales, el Gobierno Municipal cerró la agenda conmemorativa por el 479 aniversario de la fundación de Irapuato, en una jornada que reunió a autoridades y familias en distintos puntos del centro de la ciudad.
Las celebraciones se extendieron durante dos semanas, periodo en el que se realizaron eventos enfocados en promover la convivencia social, la cultura y el sentido de pertenencia entre la población. El día principal del aniversario concentró los actos más representativos de la festividad.
La presidenta municipal, Lorena Alfaro García, destacó que la conmemoración no solo recuerda el origen de la ciudad, sino que también invita a trabajar por un municipio más seguro y con mejores oportunidades para sus habitantes.

Las actividades iniciaron con una Guardia de Honor en la explanada del Templo del Hospitalito, uno de los recintos históricos más emblemáticos de Irapuato. Posteriormente, se celebró una misa de acción de gracias en la Catedral, encabezada por el obispo Enrique Díaz Díaz, quien llamó a preservar las tradiciones y fortalecer la unidad entre los ciudadanos.
Como cierre de la jornada, en el Centro Histórico se realizó la tradicional partida del pastel, donde cientos de familias participaron en la celebración de los casi cinco siglos de historia de la ciudad.

Obispo llama a respetar la vida
En una celebración marcada por el mensaje social, el obispo de la Diócesis de Irapuato, Enrique Díaz Díaz, aprovechó la misa por el 479 aniversario de la fundación de la ciudad para fijar postura sobre el papel que deben asumir las autoridades frente a la ciudadanía.
Desde el altar y ante representantes del gobierno municipal, así como fieles y habitantes, el prelado fue enfático al señalar que el ejercicio del poder no puede desligarse del respeto a la persona humana. “Es el sentido de la ciudad, es el sentido de nuestra sociedad y es el sentido de toda autoridad: cuidar la vida, cuidar la dignidad de cada persona”, expresó.
Durante su homilía, advirtió que cuando las leyes se convierten en instrumentos de interés político o benefician a sectores reducidos, se desvirtúa su finalidad. Sostuvo que ninguna disposición debe colocarse por encima del valor intrínseco de cada ser humano.

El obispo precisó que la defensa de la vida implica mucho más que la ausencia de violencia. “Respetar la vida de todos, cuidar, amar y proteger la vida es una responsabilidad que no se puede eludir”, afirmó, al explicar que se trata de generar condiciones de justicia, oportunidades y trato digno para todos.
En su mensaje, llamó a que las políticas públicas y decisiones legislativas tengan como eje a la persona y a la familia, fortaleciendo vínculos basados en el respeto y el compromiso. Añadió que la autoridad auténtica se distingue por servir, no por imponerse.
Finalmente, Díaz Díaz señaló que solo al anteponer la dignidad humana por encima de intereses partidistas o económicos se podrá consolidar una sociedad más justa y orientada al bien común.
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