Irapuato, Gto.- “Elige las experiencias” fue la frase que le dijo su mamá a Joselyn Porras, una joven irapuatense que, gracias a sus elecciones de vida, ha construido un estilo de vida poco común: viajar.
Hoy ha visitado 30 países, muchos de ellos en solitario, y actualmente vive en Francia.
Para ella, ser viajera no es un lujo ni una casualidad, sino un estilo de vida: vivir pensando y tomando decisiones que te permitan ahorrar, buscar convocatorias, tocar puertas y convertir ideas en oportunidades. Es una forma de habitar el mundo donde los sueños no se esperan, se construyen.

Ese principio comenzó a tomar forma desde muy joven. Al llegar a sus quince años, Joselyn tuvo que elegir entre una fiesta tradicional o un viaje. No dudó mucho, pero hubo una frase que terminó de marcarla para siempre.
“Recuerdo muy bien que mi mamá me dijo: elige las experiencias. Gracias a ella estoy haciendo lo que estoy haciendo y gracias a ella tuve la confianza en mí misma”, cuenta.
Eligió el viaje. Sin embargo, su decisión vino acompañada de una condición: si quería ir a Francia y que su familia le pagara el viaje a Europa, debía estudiar francés y obtener una certificación oficial.
“Mi papá me dijo: el día que me traigas tu certificado de idioma de nivel B2, ese día te vas”.

Lejos de convertirse en una barrera, el idioma fue un impulso. Mientras estudiaba la preparatoria, Joselyn aprendió francés e inglés en las tardes.
Años después realizaría su primer viaje internacional, confirmando que los sueños también requieren disciplina y constancia.
“Yo siempre he tenido muy claro que antes de viajar a cualquier lado hay que conocer México. Yo amo profundamente mi país y decía: ¿cómo voy a hablar de México en otros países si no lo conozco?”

Así comenzó recorriendo estados cercanos, luego ciudades más grandes y, poco a poco, viajando sola. Incluso el ciclismo de montaña se convirtió en una vía para conocer el país: gracias a competencias y rutas, recorrió al menos diez estados.
Con el tiempo, Joselyn fue entendiendo que viajar también implicaba tomar decisiones cotidianas. Ahorrar en lugar de consumir, vender lo que no usaba, evitar gastos innecesarios y priorizar experiencias sobre objetos se volvieron parte de su rutina. Desde vender dulces en la preparatoria hasta aplicar a convocatorias y becas, cada acción formó parte del mismo proyecto de vida.
Fue precisamente esa mentalidad la que la llevó a realizar uno de los viajes que marcarían un antes y un después.

“Recuerdo un viaje que hice sola a Nayarit. Fue el primer viaje un poquito más largo. Me fui una semana, un poco más, a la Riviera Nayarit, ya estando en la universidad”, relata.
Ahí conoció a un joven suizo que cambiaría por completo su manera de entender el viaje. Durante esa estancia, Joselyn sufrió un accidente en la playa: un golpe fuerte en el pie que requirió sutura y atención médica.
“Me pasó de todo en ese viaje. Incluso me cosieron el pie”, recuerda.
Fue en medio de esas experiencias cuando decidió preguntarle cómo hacía para viajar tanto.
“Le pregunté cómo le hacía para viajar y me dijo: este es mi estilo de vida. Me dijo: cuando tú te propones que viajar sea tu estilo de vida, todo va a cambiar”. Aunque en ese momento la idea le parecía lejana, algo quedó sembrado.

“Yo por dentro pensaba: ‘ay sí, güey, pero tú eres suizo, allá ganan muchísimo más’. Pero me encantó porque él lo estaba haciendo. Esa congruencia fue lo que más me marcó”.
Ese viaje también le dejó una lección profunda sobre la confianza y la solidaridad entre desconocidos.
“Creo que desde el primer momento, en ese primer viaje, encontré a la gente correcta y las experiencias correctas. Incluso recuerdo que me tomó la mano cuando me estaban suturando el pie. Ahí confirmé que no estaba sola”.
A partir de entonces, Joselyn no se ha detenido. Durante más de 14 años ha combinado estudios universitarios, trabajo, becas, migraciones y estancias largas en otros países. Ha sido estudiante, expatriada y viajera constante, siempre bajo la misma lógica: tomar decisiones conscientes.

Esa filosofía la llevó incluso a Indonesia, donde estudió durante un año artes y cultura tradicional gracias a una beca que cubrió gran parte de su viaje. Ahí aprendió técnicas artesanales, danza, música e idioma, reafirmando que viajar también es una forma profunda de aprendizaje.
Hoy, Joselyn vive en Francia. Aunque la distancia la ha llevado lejos de su país, confiesa que extraña profundamente a México, su gente, su cultura y la vida en comunidad. Sin embargo, asegura que nunca ha olvidado los valores con los que creció, especialmente aquellos que le transmitió su madre.
“A pesar de haber tenido otra educación, mi mamá luchó muchísimo por mi libertad, incluso contra su propia familia y contra muchas ideas establecidas. Yo fui la primera mujer, de las dos familias, la de mi mamá y la de mi papá, en viajar sola y en hacer todo lo que estoy haciendo”.
Para Joselyn, su madre sigue siendo el pilar de todo lo que ha construido.

“Creo que mi mamá, hasta el día de hoy, siempre va a ser el motivo y la gran razón por la que estoy haciendo lo que hago”.
A lo largo de su camino ha recorrido 30 países
A lo largo de su camino ha recorrido 30 países, 27 de ellos viajando sola: México, Estados Unidos, Perú, Colombia, Islandia, Irlanda, Reino Unido, Portugal, Francia, España, Alemania, Suiza, Italia, Grecia, Bulgaria, Croacia, Montenegro, Marruecos, Turquía, Egipto, Tailandia, Birmania, Laos, Camboya, Vietnam, Japón, Singapur, Malasia, Indonesia y Bélgica.
Más que una cifra, el listado refleja una forma de vida construida a base de decisiones conscientes, disciplina y confianza.
“Viajar te enseña a confiar. Te conoces en el miedo, en la soledad, en el estrés. Te obliga a hacer las paces contigo misma y te devuelve la capacidad de asombro”.
La historia de Joselyn Porras no es solo la de una mujer que ha recorrido el mundo, sino la de alguien que decidió, desde muy joven, elegir las experiencias, honrar sus raíces y construir una vida libre sin olvidar de dónde viene.
