Ir al Electric Daisy Carnival México 2026 es como entrar a una fiesta en medio del bosque. Desde el primer filtro se escuchan los beats y, antes siquiera de cruzar por completo, un DJ en un escenario con forma de estéreo gigante da la bienvenida a los miles de asistentes —que parecen criaturas mágicas con alas, brillos y capas etéreas—. No hay preámbulos: el festival te recibe bailando.
El EDC, que se celebra a lo largo de tres días en el Autódromo Hermanos Rodríguez, reúne a figuras internacionales de la música electrónica y a talentos emergentes en nueve escenarios que transforman el recinto en una pequeña ciudad neón.
Cada jornada forma parte de un maratón sonoro que culminó el 22 de febrero, cuando el festival bajó el telón tras tres días de beats ininterrumpidos. Pero si algo dejó claro es que la energía no se agota: se multiplica.

EDC 2026: ¿Cómo fue el festival?
La euforia se sintió desde el acceso, donde la marea humana vestida de lentejuelas, alas brillantes y maquillaje fluorescente avanzaba al ritmo de los bajos que ya retumbaban desde el interior. Este año, además, el ingenio se desbordó en los carteles: hubo quienes llevaron imágenes de Hello Kitty, banderas de distintos países y hasta una pancarta que advertía “Cuidado con los therian”, en alusión a la tendencia que también se hizo presente entre los ravers.
En el escenario principal, el búho monumental desplegó sus alas entre columnas de fuego y ráfagas láser que atravesaban el cielo. El impresionante espectáculo de luces se fusionó con constantes fuegos artificiales que estallaban como si marcaran cada clímax de la noche.

El cartel reunió nombres como Alesso, Alok y Loud Luxury, quienes hicieron vibrar el kineticFIELD con himnos de progressive house, dance pop y remixes que sorprendieron al público con guiños a éxitos mainstream con temas de Shakira, Adele, Sabrina Carpenter y hasta Tylor Swift.
En circuitGROUNDS, el pulso techno se apoderó de la noche con figuras como Charlotte de Witte y Adam Beyer.
El Neon Garden volvió a ser territorio techno en todas sus variantes. Este año, cubrieron el escenario con un techo, creando una sensación de rave encapsulado donde los sets de Joseph Capriati y Seth Troxler se vivieron bajo una especie de nube artificial.

Más allá de los escenarios masivos, el Dos Equis Stage se consolidó como un refugio para descubrir talento emergente y propuestas frescas. Lejos de las multitudes del mainstage, aquí se podía bailar house, global bass o fusiones con artistas como Los Hipopótamos y Chan.
El ambiente de carnaval no solo se sintió en los escenarios, también se vivió en el corazón del recinto, donde había varios juegos mecánicos de feria. Entre ellos, tres ruedas de la fortuna, iluminadas como faros en medio del Autódromo, las cuales ofrecían una vista privilegiada de los escenarios y la fiesta neón que seguía abajo.

¿Cuánto cuesta la comida en el EDC?
La experiencia no termina en la música. El festival cuenta con un food court y dos zonas de food trucks donde se pueden encontrar desde tacos, hamburguesas y hot dogs hasta chilaquiles y quesabirrias.
El rango promedio por platillo va de 150 a 200 pesos, aunque hay excepciones: una orden de tres Tacos Atarantados alcanza los 225 pesos y algunas hamburguesas superan los 300.

En cuanto a bebidas, los precios arrancan en 50 pesos por agua natural. La cerveza cuesta 200 pesos y, si se quiere michelada, hay que sumar 40 adicionales. También hay opciones premium que llegan hasta los 410 pesos por un trago doble de tequila.
Y, por supuesto, no pueden faltar los cócteles; para ello, Dos Equis preparó tres signature drinks exclusivos para esta edición, cuya propuesta apuesta más por el misterio que por revelar sus ingredientes, invitando a los asistentes a probar algo nuevo como parte del ritual del festival.
Con los tres días sin tregua en la memoria —entre luces, fuego y carteles creativos— el EDC se despidió del Autódromo… por ahora.
