Agradezco profundamente al equipo directivo del Periódico Correo de Guanajuato por abrir este espacio para compartir ideas y reflexiones sobre un tema que, estoy convencida, tiene el poder de transformar comunidades enteras: el deporte y la actividad física.
Hoy, en Guanajuato, el deporte se está entendiendo cada vez más como una política pública que va mucho más allá de la competencia o de los resultados en una cancha. En la actual administración encabezada por la gobernadora Libia Denisse García Muñoz Ledo, la visión ha sido clara: impulsar el deporte social, aquel que impacta directamente en la vida cotidiana de las personas, que construye comunidad, que ofrece oportunidades y que abre caminos para las nuevas generaciones.
El deporte social significa llevar actividad física, valores y oportunidades a niñas, niños y jóvenes; significa que el deporte sea una herramienta de desarrollo humano. No se trata únicamente de formar atletas, sino de formar ciudadanos con disciplina, trabajo en equipo y sueños más grandes que sus propias circunstancias.
Un ejemplo inspirador de esta visión se vive hoy al otro lado del mundo. Dieciocho jóvenes futbolistas originarios de León, Purísima del Rincón y Silao están viviendo una experiencia que seguramente marcará sus vidas para siempre: entrenar y convivir en Hiroshima, en Japón.
Este intercambio es posible gracias al convenio de colaboración entre el estado de Guanajuato y la Prefectura de Hiroshima, una relación que ha demostrado cómo la cooperación internacional también puede abrir oportunidades para nuestra juventud.
Para estos jóvenes, el fútbol fue la puerta. Pero lo que hoy están viviendo es mucho más que deporte: es conocer otra cultura, aprender nuevas formas de disciplina, convivir con personas de otras latitudes y ampliar su visión del mundo. Experiencias como esta dejan huella, porque cuando un joven descubre que el mundo es más grande de lo que imaginaba, también descubre que sus posibilidades lo son.
Ahí es donde el deporte cumple uno de sus papeles más poderosos: cambiar historias de vida. Un balón puede ser el inicio de un viaje, de una amistad internacional, de un sueño que antes parecía imposible.
Ese es el sentido más profundo del deporte social: abrir puertas, generar esperanza y demostrar que, cuando se crean oportunidades, nuestras y nuestros jóvenes están listos para aprovecharlas.
Porque al final, más allá de las canchas, el verdadero triunfo del deporte es cuando logra transformar vidas.}