Irapuato, Guanajuato.- La Santa Inquisición torturaba a la gente en la casona en donde hoy es el Museo Salvador Almaraz.
Ese ha sido el mito que por años ha pasado de generación en torno a la casona ubicada en Museo de la Ciudad, hoy conocido como Museo Salvador Almaraz, ubicado en las esquinas de las calles La Estación, hoy 5 de febrero y De la Amargura, actualmente Allende, pues por décadas incluso años se pensó que fue sede de la Santa Inquisición.

El Museo no solo alberga la historia de Irapuato, sino que el propio edificio es motivo de admiración, estudio y parte de las tradiciones y leyendas de la gente, que comparte enigmáticas historias de su construcción.
Algunos dicen que en una de la remodelación del museo, trabajadores entraron a un tipo sótano de la edificación en donde encontraron las máquinas usadas para torturar a la gente, pero como no quisieron meterse en problemas, decidieron salir y sellar la entrada para siempre.
Otros aseguran escuchar todavía los gritos y lamentos de la gente que ahí fue torturada durante la inquisición, tema que ha sido investigado por los historiadores, cronistas y encargados del archivo histórico de Irapuato.

Lo cierto es que el terreno en donde fue construida la casona convertida en Museo fue adquirido por el benefactor de Irapuato, Ramón Barreto de Tábora, hijo de los propietarios de la Hacienda de San Antonio Tome López, quien fue nombrado Clérigo y Presbítero, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición.
La construcción de la casona estuvo a cargo de Antonio de Ocio, comisario interino de la Inquisición y fue una de las edificaciones más suntuosas de la Estancia de Irapuato, se dice, fue construida como sede para la Santa Inquisición.

En alguna ocasión en el Archivo Histórico Municipal se dio a conocer que en el siglo XVIII la propiedad fue ocupada por familias de la ciudad y comisionados de la Santa Inquisición y de ahí inició el rumor de ser casa de tortura y rituales
Se sabe que desde ahí realizaban trámites y se llevaban los asuntos de esta institución y en el Archivo Histórico fue encontrado un documento en donde se relata que en una de las reuniones nocturnas que había en la casona, se tenía a un habitante de la sociedad de Irapuato a quién le estaban realizando una limpia con esafiate.

El rumor creció cuando dos personas fueron sacadas muertas en distintos periodos de la casa de don José Leandro Barreto de Tábora. Según la foja 234532/AHGN/Defunciones Guanajuato, efectivamente en 1783 hubo dos muertes: la de Macedonio Rea y la de Jilberto Casas.
Pero no murieron a causa del Santo Oficio, sino mientras construían el granero de la casona de Barreto de Tábora. Pero eso fue suficiente para que por casi dos siglos el rumor fuera esparcido e incluso el historiador Joaquín Luna Santoyo de la Universidad de Guanajuato en su tesis ‘Leyenda de la Casona de don José Leandro Barreto de Tábora’, señala que la sede de la Santa Inquisición estaba en el hogar de Antonio de Ocio y Ocampo, cuya casa estaba en la calle Real, hoy conocida como la Calle Juárez.
Así, por años la casona fue eso y nada más: una casa donde vivieron familias, como la del doctor Juan Francisco Abellafuerte, la familia Fernández González, que a su vez ellos la venden a Juan Rivera en 1872. Fue este personaje irapuatense quien le construye habitaciones en la segunda planta, le construye una escalera.
En 1881 don Juan Rivera la vende a don Luis Apolinar Vieyra, quien fue el encargado de fraccionar la casa en varias habitaciones y siendo el dueño vende la troje.
La casona tuvo otros dos dueños: el señor Juan Hernández Rivera, quien a su vez la vendió ya en el siglo XX a don José Tomé Pichir, un importante empresario y político irapuatense, quien a su vez en 1954 le vendió la casa a otro importante irapuatense, Agustín Origel, quien heredó la casa a su hija Silvia Origel de Camarena.

En 1988, Ernesto Alfaro Arredondo, como alcalde de Irapuato, decidió comprar este espacio y convertirlo en Museo de la Ciudad, para incrementar el acervo histórico del municipio, por lo que compró la propiedad
por 200 millones de pesos y junto con su restauración, implicó una inversión de 400 millones de pesos, según los historiadores de Irapuato.
El Museo fue inaugurado el 16 de diciembre de 1988, durante el tercer informe del alcalde, con exposiciones de donaciones que hizo la propia gente de la zona, en donde destacan la colección de monedas históricas, las más de 200 armas, entre otras.

Para el 2022, la actual administración cambio el nombre del museo a Museo Salvador Almaraz en honor al muralista irapuatense y cuya obras forman parte del arte de este museo, como en la Troje, en donde se encuentra una de sus obras.







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