O“¿Qué es la vida? Un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción y el mayor bien es pequeño. Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

            Esta es la reflexión que el eminente dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), pone en el pensamiento en voz alta de Segismundo, personaje central de su popular obra de teatro “La vida es sueño” (1635). Pieza de la literatura universal situada en el estilo barroco, con profundo significado filosófico y psicológico.

            Calderón de la Barca, quien tuvo una vida plena de contrastes al ser bachiller en Derecho canónico y civil, militar combatiente, dramaturgo y finalmente sacerdote y capellán del rey, estrenó su primera obra de teatro, “Amor, honor y poder”, en el año 1623. Y, en torno a estas vanidades humanas -a los que se suman la libertad, el destino, la vanidad y la existencia-se concentran sus ciento diez comedias y ochenta actos sacramentales, además de loas, entremeses y otros escritos más.

            El total de su aporte a las letras universales se caracteriza por el uso del ingenioso –y muy divertido- juego de palabras, la metáfora religiosa, filosófica y moral, la paradoja, el silogismo y otros recursos que contribuyen a consolidar a sus personajes centrales y a quienes acompañan a estos en cada historia dramática, que representó para el teatro con acentuada alegoría escenográfica y musical. Dos elementos de importancia en los cuales innovó Calderón de la Barca; a diferencia de sus antecesores y con la colaboración de artistas italianos, como el memorable pintor y escenógrafo Cosimo Lotti (1570-1643).

            Calderón de la Barca suele ser considerado el “continuador” de la obra del también célebre poeta y dramaturgo Félix Lope de Vega Carpio (1562-1635), conocido en el orbe por el drama -clásico del Siglo de Oro español-, “Fuenteovejuna”. A quien sustituyó como dramaturgo principal de la Corte del rey Felipe IV.

            En América, la sensible historia narrada en el drama “La vida es sueño”, inspiró un homónimo bolero, obra del sonero, compositor y músico cubano Ignacio de Loyola Rodríguez Scull, conocido como Arsenio Rodríguez “El ciego maravilloso” (1911-1970). En esta composición, el autor refleja su propia existencia. Y, de alguna forma, se identifica con la prisión sufrida por Segismundo, al sentirse en tinieblas e igualmente impedido de libertad, en virtud de su ceguera. Minusvalía que no lo imposibilitó para coronarse como uno de los más importantes compositores de la música popular cubana, con títulos musicales como “El reloj de Pastora”, “Hay fuego en el 23”, “Rumba guajira”, “Chicharronero”, “La yuca de Catalina”, “Anabacoa”, “Tumba y bongó”, “Hachero p´a un palo” y “El rincón caliente”; entre otras piezas nacidas de su concepto modernista de la música. Mismo que revolucionó los escenarios neoyorkinos, durante la estancia de Arsenio Rodríguez en los Estados Unidos de Norteamérica. Además, posteriormente, su aportación sirvió de base melódica a los músicos y cantantes que desarrollaron su carrera apegados a Fania All-Stars, en lo que se conoció comercialmente como “Salsa”; que no es otra cosa que música cubana, como lo declaró la propia Celia Cruz (1925-2003).

            El bolero “La vida es sueño”, se conoció a nivel mundial con el insólito dueto de dos gigantes de la música de América Latina y del Caribe: el cubano Benny Moré (1919-1963)

-nacido el 24 de agosto, de hace 105 años-, y el guanajuatense Pedro Vargas (1906-1989). Dos cantantes que, en la cima de su fama, inmortalizaron esta composición en un disco memorable del importante sello de la casa grabadora RCA-Víctor.

            Con seguridad, Pedro Calderón de la Barca, quien también gozaba de lo popular costumbrista, disfrutaría escuchando su obra de teatro -estrenada en el siglo XVII, con marcada influencia del neoplatonismo y del neoaristotelismo-, resumida en un bolero del siglo XX, cantado por dos de las magníficas voces del pentagrama hispanoamericano.

            Este bolero cubano, conserva los cuestionamientos existenciales sobre la vida y las ansiedades que abruman la existencia humana; principalmente el sufrimiento que comienza al nacer y concluye al morir. Asimismo, proyecta poderosamente la metáfora que, con el acompañamiento musical, también se remonta al estilo solemne de los diálogos poéticos de Calderón de la Barca.

              Otro Segismundo, no literario sino nacido en el año 1856, y conocido mundialmente como Sigmund Freud (1856-1939), “Padre del psicoanálisis”, también se ocupó “del sueño de la vida y de la vida del sueño”, en el inconsciente de mujeres y hombres. Y, aunque muchas de las historias clínicas de sus pacientes pudieran guardar similitud con los padecimientos emocionales con que dotó el genial Calderón de la Barca a varios de los personajes de su creación teatral “La vida es sueño”, particularmente en el encadenado y aislado Segismundo, encontramos que su trance entre realidad y fantasía, sufrimiento y felicidad, bondad y maldad, esclavitud y libertad; lo encarnan en el mismo dolor que marcó la vida del creador del bolero “La vida es sueño”, composición que hoy cobra relevancia contemporánea, al igual que el aporte del escritor de la idea original. Ambos legados, patrimonio cultural universal.

Ayer y hoy, “la vida es un sueño”. ¡Hasta el próximo palimpsesto!