Silao, Guanajuato.- Isabel Nila describe el autismo como una condición de desarrollo neurológico que afecta de por vida la forma en la que una persona percibe el mundo y se relaciona en sociedad. Enfrentarse al diagnóstico de su hijo Bastian no fue sencillo, pues además de tener un alto costo de atención, la hizo darse cuenta de que la sociedad no está adecuadamente preparada para la inclusión de estos pequeños.
A los cuatro meses del nacimiento de Bastian, Isabel -madre de otros dos niños- comenzó a notar que su hijo no gesticulaba ni respondía a estímulos como lo haría cualquier otro bebé. “Yo decía: ‘esto no es normal’. Intentaba hacerlo y no se reía, no me volteaba a ver, le hablaba por su nombre o no me hacía caso; yo pensaba que a lo mejor era un retraso del lenguaje”.
No obstante, a los seis meses y lejos de mostrar avances, Bastian dejaba de realizar movimientos o acciones comunes a su edad. No sonreía. No fijaba la mirada. Estas “señales de alerta” la llevaron a buscar atención profesional, la cual comenzó con la estimulación temprana. Poco a poco iba retrocediendo en sus aprendizajes.

Señales de detección y diagnóstico
Cerca de cumplir dos años, el 2 de septiembre del 2024 la familia llegó al consultorio de un neurólogo que les dio el diagnóstico preliminar: “Tu niño es autista”. Isabel no comprendió en ese momento la seriedad de lo que estaba escuchando, pero, a partir de ese momento, comenzó a detectar conductas repetitivas como el caminar de un lado a otro, mover las manos en aleteo y ver de reversa.
“En ese momento no entendía, fue muy duro…fue de golpe. Después vinieron citas consecutivas y estudios para determinar el grado de autismo que Bastian tenía. Fue demasiado difícil porque no conocíamos del tema, era la primera vez que escuchábamos del autismo, que nos decían que existía un Trastorno del Espectro Autista (TES) y no sabíamos que existía una neurodivergencia”.
Junto a su esposo comenzó a investigar y, de inmediato, a realizar pruebas neurológicas para conocer qué necesidades de apoyo podía tener. Se acercó a la fundación CLIMA (Clínica Mexicana de Autismo) en la ciudad de León -especializada en el diagnóstico, tratamiento psicoeducativo e inclusión escolar- en la que encontró un respaldo y el conocimiento básico para atender la condición de su hijo.
“Bastian no hablaba, nosotros no sabíamos cómo hacer para que nos dijera ‘mamá’, para que nos dijera ‘papá’…empezaba a dar vueltas, le gustaba estar todo el tiempo acostado en el suelo, nosotros desesperados”.

Costos y desafíos del tratamiento
Realizar un diagnóstico es un proceso largo y costoso, pues comprende cinco pruebas que se realizan de manera consecutiva para revisar el comportamiento de los pacientes a estímulos como el ruido, las luces e incluso la interacción social.
El primero de noviembre de 2025 Isabel recibió el diagnóstico final: Bastian es un niño neurodivergente en grado 2, lo que implicaba la necesidad de apoyo sustancial debido a desafíos notables en la interacción comunicación social, verbal y no verbal, y comportamientos inflexibles o repetitivos.
“Entre más temprano se ven los focos de la condición es muchísimo mejor para su desenvolvimiento futuro. El autismo no se puede ver desde el embarazo…la condición del autismo se va presentando durante del desarrollo del ser; hay personas adultas que todavía no han sido diagnosticadas”.

Para atender a los menores, las familias se han visto obligadas a trasladarse a distintos municipios para recibir atención y, la mayoría de las veces, las filas de atención son muy largas. Los costos de diagnóstico -que oscilan en los siete mil pesos- son elevados y comúnmente los padres no tienen las condiciones para solventarlos.
Para poderlo adaptar poco a poco a la vida fue necesario que fortaleces su alimentación, pues las personas autistas nacen con deficiencias minerales y exceso de metales pesados, lo que duele provocarles conductas estereotipadas o estrés. Deben ser desintoxicados, medicados y suplementados con productos que en su mayoría se consiguen en los Estados Unidos -debido a que no existen farmacéuticas que los gestionen en México-, lo que eleva los costos y tiempos de acceso, sin tomar en cuenta los alimentos libres de gluten.
“Son productos que económicamente no están al alcance de una familia de nivel socioeconómico medio. Tener un hijo autista es demasiado caro…Yo dije que no es posible que mi hijo tenga que estar navegando tanto cuando nosotras como mamás nos podemos unir y crear algo”.
La inversión mensual va de los cinco mil a los siete mil pesos, en la que se incluyen los costos básicos para terapias, sin considerar viáticos.
“Mamitas azules” se unen
Hacer frente a esta situación y la falta de centros de atención al autismo en Silao motivaron a Isabel a crear un grupo de apoyo para “mamitas azules”, al que llamó “TEA-mo”, en el que actualmente están involucradas las familias de 60 infantes que tienen esta condición. Este fin de semana marcharon por calles de la ciudad para hacer conciencia entre la ciudadanía acerca del respeto, comprensión e inclusión de las personas autistas.
Su sueño se ha convertido en un objetivo: crear una asociación o un centro de atención al autismo en el que los pequeños no sufran por la poca aceptación en su entorno.
“Estamos viendo la manera de hacer una mesa de trabajo para poder canalizar con las personas indicadas todo lo que vivimos día a día los papás de niños neurodivergentes, hacerlo llegar a las personas indicadas y poder gestionar lo que tanto soñamos: tener un centro de apoyo en nuestra ciudad y no tener que estar en listas de espera”.
En afán de no romantizar el autismo, Isabel reconoció que, aunque existen personas autistas que han destacado por sus grandes habilidades y capacidades, también hay otras que viven en una condición que no se puede controlar, “que a veces duele, pesa, cansa”. Con un adecuado diagnóstico y suplementación, una buena orientación y grupo de apoyo, la vida de estos niños puede ser “más llevadera”.
“Jamás va a dejar de ser autistas, jamás van a dejar de necesitar apoyo”, por lo que recordó que, incluso entre las personas comunes, recibir acompañamiento psicológico “hace que las cosas sean posibles”. Finalmente, la “mamita azul” destacó la necesidad de que se pongan en marcha políticas públicas que permitan integrar a la sociedad y en las mejores a los pequeños TEA.
