Irapuato, Gto.- Por más de dos décadas, Joel Ortiz Lozano, mejor conocido como “El Burrito”, ha sido testigo de cómo el fútbol no solo mueve multitudes, sino que también logra que una ciudad entera se ponga la camiseta.
Desde hace 25 años se instala a las afueras del estadio para vender souvenirs del equipo local, principalmente camisetas de La Trinca Fresera, una actividad que con el tiempo se convirtió en el sustento de su familia y en una tradición que hoy continúa con hijos y nietos.
“Es un comercio muy noble, ya se hizo familiar y ahora están aquí mis hijos y mis nietos. La verdad, ha sido muy bonito dedicarme a esto”, comparte.

‘El Burrito’ recuerda los mejores y los peores momentos del fútbol en Irapuato
A Joel le ha tocado ver de todo: desde las épocas más gloriosas hasta los momentos más difíciles del club fresero. Recuerda especialmente un episodio ocurrido hace cerca de 20 años, cuando una riña entre aficionados obligó a comerciantes a abandonar sus puestos.
“Fue de lo más grave que nos tocó vivir. Con la afición de Monterrey hicieron correr a todos porque se estaban peleando. También nos tocó cuando incendiaron la Guerrero y rompieron negocios; eso fue con Zacatepec”, recuerda.
Con el paso del tiempo, asegura, la afición ha evolucionado y hoy se vive un ambiente más tranquilo y respetuoso.
“Antes éramos muy agresivos; ahora ya compartimos. Se ha hecho un ambiente más familiar y de convivencia”, menciona.

Con su negocio, además de sostener a su familia, Joel Ortiz une aficiones
Aunque en un inicio solo comercializaba artículos de la Trinca Fresera, Ortiz explica que la dinámica del comercio ha cambiado. Cuando llegan equipos visitantes con gran convocatoria, la oferta se diversifica.
“El equipo es del pueblo y hay expectación pero también hay que vender de todo tipo. A veces, en los partidos, la misma afición de la Trinca se vuelve de otros colores. Eventos recientes con equipos como Morelia o Tampico Madero se han vivido como auténticas verbenas populares, donde predominan la convivencia y el ambiente familiar”, dice.
Para Joel Ortiz, el fútbol debe ser un factor de unión. Lamenta que en algunos episodios recientes este deporte, que lleva en la camiseta y en el corazón, se haya visto manchado por la violencia y la agresión.
“Es una pasión que une familias y no debe traer problemas. Que vengan, que disfruten del fútbol, pero siempre en armonía”, subraya.

La mayor satisfacción de su oficio es ver a su familia unida y haber logrado sacar adelante la formación profesional de sus hijos. Hoy, con orgullo, también busca inculcar ese esfuerzo y ese amor por el trabajo a sus nietos, quienes representan la nueva generación de esta tradición.
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