De acuerdo con la tradición, el Niño Dios no debe vestirse como santo, ya que representa a Dios mismo.
Por ello, el color blanco es el más solicitado, especialmente durante el primer año, cuando el Niño Dios debe vestir un ropón completamente blanco. Posteriormente, se puede cambiar el diseño, pero siempre procurando que conserve este color, símbolo de pureza.

Cada año, las familias acuden a comprar un ropón nuevo, ya que existe la creencia de que el Niño Dios “debe estrenar” anualmente. “Si estrenamos nosotros, el Niño Dios también debe estrenar”, comenta Guadalupe, quien asegura que esta costumbre sigue vigente entre los habitantes del municipio.

Los ropones que comercializa los adquiere en la Ciudad de México, donde se maquilan al mayoreo.
Sin embargo, este año los precios incrementaron aproximadamente un 20 por ciento, situación que también ha impactado en las ventas. Las medidas más solicitadas por la población son las tallas 25, 30 y 35, consideradas tamaños medianos.
Los precios varían dependiendo del modelo y de la tela. Los ropones pueden encontrarse desde los 300, 310 o 400 pesos, mientras que los de talla 35 pueden alcanzar hasta los 700 pesos. También hay opciones más económicas, elaboradas con telas sencillas o estambre.

Además de los ropones, Guadalupe vende canastillas para el Niño Dios, las cuales adquiere en Tequisquiapan. Algunas personas las solicitan decoradas, mientras que otras prefieren llevarlas sin adornos, dependiendo de sus gustos o tradiciones familiares.
“Los precios de los ropones han registrado aumentos, pasando de 100 a 150 pesos por pieza, mientras que las más pequeñas oscilan entre los 60 y 80 pesos”.

Actualmente, Guadalupe Moreno es la única persona en el municipio que se dedica a la venta de ropones para el Niño Dios. Lleva dos semanas instalada en la explanada del mercado 8 de diciembre, donde señala que las ventas han estado bajas, aunque confía en que repunten durante el fin de semana, ya que se acerca la fecha en que las familias llevan al Niño Dios a presentarlo a la iglesia.
A pesar de los incrementos en los precios y de la disminución en las ventas, Guadalupe continúa apostando por esta tradición que, asegura, forma parte importante de la identidad y la fe de la comunidad.
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