El 14 de septiembre de 1968, habitantes de San Miguel Canoa lincharon a un grupo de excursionistas, trabajadores de la Benemérita Universidad de Puebla. En la comunidad se corrió el rumor de que un grupo de estudiantes buscaba alojamiento.

¿Por qué no eran bienvenidos? Porque habitantes del poblado asumieron que se trataba de ‘comunistas’. Esto significaba, para ellos, que eran adeptos al satanismo.

¿Quién les infundió tales ideas? Un sacerdote: Enrique Meza.

A 57 años de esta tragedia, podría pensarse que las figuras religiosas ya no tienen la misma influencia. Una figura en particular derrumba esa idea, Alfredo Gallegos, el famoso ‘Padre Pistolas’, que ejerce en el estado de Michoacán pero parece estar en todas partes.

Siempre en medio de la controversia, sus discursos, su lenguaje soez y lo que sus feligreses definen como honestidad, se han normalizado. Podríamos pensar que no tiene importancia, pero ver el respaldo que recibe es digno de preocupación, y un reflejo de que la sociedad continúa tomando como verdades absolutas las ideas que defiende el clero.

Dentro de la ideología del ‘Padre Pistolas’, la misoginia es una constante que no puede pasar desapercibida.

¿Hasta cuándo?

El pasado 2 de noviembre, Alfredo Gallegos manifestó su descontento con el apoyo de la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo a la construcción del Acueducto Solís-León.

“Yo le voy a partir su madre. A ella, porque es la culpable de que nos va a matar de hambre a todos”, dijo en plena misa.

La mandataria se enteró de sus amenazas días más tarde, en un contexto que la puso en una encrucijada. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, había denunciado a un sujeto que la tocó de forma indebida, e invitó a todas las mujeres a no ignorar ningún acto violento en su contra, a garantizar la no impunidad contra el abuso.

Libia García optó por no presentar ningún cargo en contra del ‘Padre Pistolas’. “Saben ustedes cómo se expresa, es lamentable y es condenable, pero no voy a perder mi tiempo en ello”, declaró.

Detrás de su decisión hay dos cuestiones lamentables: la primera, es cierto que emprender acciones legales podría no tener consecuencias contundentes. La segunda, es terrible la normalización del discurso de Gallegos. Es como decir, “él es así, qué le vamos a hacer”.

El ‘Padre Pistolas’ publicó una disculpa en sus redes sociales. “Se me pasó la mano, yo reconozco mis errores”. En los comentarios del video (alrededor de mil 200) abundan los mensajes de aliento y justificaciones. “Dijo la verdad”, señalan sus seguidores. Incluso, hubo quienes insinuaron que el sacerdote fue coaccionado para disculparse.

El mensaje no estuvo acompañado de una reflexión ni una verdadera contrición (que tanto promueve la Iglesia católica). Desde entonces, en cada uno de sus sermones, Gallegos sigue refiriéndose a las mujeres sin pizca de respeto.

Escucharlo es como leer a cientos de sujetos resentidos en redes sociales, es como escuchar a tantos influencers que defienden la idea de que las mujeres deben permanecer en la cocina. Escucharlo obliga a preguntarnos “¿hasta cuándo?”. No es justificación que el señor pertenezca a otra generación. Es un personaje con más de 300 mil seguidores en Facebook, que alimenta el machismo, la normalización de esa la violencia que a diario cobra alrededor de 10 víctimas mortales en México.

“No soy misógino, pero…”

Pinches viejas huevonas. Y ustedes, señores, siembren maíz, y pongan a su pinche vieja a hacer tortillas, que se vayan al nixtamal y que se paren, nos están envenenando”. Ese fue el comentario que lanzó Gallegos para criticar a las empresas que no pagan lo justo por su maíz a los campesinos, y que ofrecen productos transgénicos nocivos para la salud.

El padre podría limitarse a condenar la situación, pero opta por involucrar en sus opiniones a las mujeres. No es misógino, afirma. ¿En qué se basa para decirlo? “Yo quiero mucho a las señoras, a las mujeres, es mi adoración, y las quiero por su interior, no por sus nalgas ni por sus ‘chichis’. Y yo quiero que vuelvan a ser mujeres de quehacer”, son sus palabras, textuales, no modifiqué una sola.

“No soy misógino, pero…”, “no soy alcohólico, pero…”, “no soy racista, pero…”, así comienzan los argumentos de misóginos, alcohólicos y racistas.

El ‘Padre Pistolas’ es capaz de soltar un lamentable comentario como el ya citado (y otros peores), y enseguida citar a San Agustín ante sus feligreses. Y todos ellos están habituados a aplaudir su ideología.

No solo hablamos de las personas que asisten a sus misas, además de sus 330 mil followers en Facebook, cuenta con 631 mil suscriptores en su canal de YouTube. Basta con leer los comentarios en dichas plataformas para darnos cuenta de su influencia, su poder de convocatoria y convencimiento.

Pese a que en la actualidad cada vez más personas se declaran no religiosas, o seguidoras de otros cultos, hasta 2020 el 77% de la población en México se reconocía como católica. El caso del ‘Padre Pistolas’ prueba que lo que dicen los sacerdotes continúa generando impacto en quienes los escuchan.

Ya vimos que no hay presión mediática que haga a este sacerdote cambiar su discurso, que le llueven justificaciones cada que escupe una nueva barbaridad, que hasta el día en que se reúna con el Creador minimizará, cosificará e insultará a las mujeres.

Como él, por desgracia, hay muchos. El agravante, es su rol de líder y pastor, y la cantidad de borregos que lo siguen.

LO SUPERFLUO: Alfredo Gallegos cree que no es responsable de las consecuencias de sus dichos, porque los manifiesta tras los muros de un templo.

LO PROFUNDO: Avalar su discurso, alentarlo, nos habla del poder que aún tiene el clero en la gente, y la normalización de la misoginia.