León, Guanajuato.- San Sebastián, el patrono de la ciudad de León que cuida de epidemias y dificultades
Desde su imponente figura en bronce, que custodia la parroquia del Sagrario en plena zona peatonal, así como la entrada al Museo de Identidad e Historia de Guanajuato, el culto a San Sebastián mártir sigue vivo en la ciudad de León, de la cual es patrono casi desde su fundación.

Su conmemoración litúrgica corresponde al 20 de enero, el mismo día en que la ciudad celebra su aniversario, por lo que la villa fue consagrada en su honor en 1576, debido a la coincidencia de fechas. No obstante, en sus inicios, la orden franciscana encomendada de los asuntos religiosos decidió promover el culto a San Diego, hasta que en 1762 se retomó oficialmente la devoción al mártir.
Desde entonces, la ciudad lo reconoce como su protector, a cuya intercesión se ha encomendado durante pestes desde la época virreinal hasta la pandemia de covid-19 en 2020, además de inundaciones y, recientemente, en 2025, ante la crisis de inseguridad y violencia que atraviesa la región. En ese contexto, el vicario general de la Arquidiócesis de León, Juan Rodríguez Alba, le dedicó una oración para pedir el regreso de la paz durante el 449 aniversario de la ciudad.
Con motivo de los próximos festejos por los 450 años de la fundación de León, el culto al patrono incluyó una semana de novenarios en la parroquia del Sagrario, donde se expone su reliquia, traída directamente desde Roma en 1918, y ante la cual los fieles continúan acudiendo para pedir protección contra enfermedades y otros males.

El protector de las enfermedades infecciosas
La tradición de San Sebastián como protector contra las enfermedades surgió desde la Edad Media, a partir de la asociación simbólica de las flechas con las que fue martirizado, pues se creía que las pestes y epidemias eran castigos divinos enviados en forma de dardos.

De acuerdo con la leyenda, el santo fue un centurión romano condenado a morir asaeteado por profesar la fe cristiana, por orden del emperador Diocleciano, durante la persecución de los primeros católicos en Roma. Al haber sobrevivido inicialmente a sus heridas —similares a las lesiones provocadas por la lepra—, fue considerado desde entonces como intercesor para la curación de enfermedades mortales.
