Guanajuato, Guanajuato.- Las entrevistas y la exposición han sido continuas. Agotadoras. Prisca Awiti, ya en un acto de sinceridad menciona que ha salido a la calle con gorra y lentes, porque le reconocen. Le apena admitirlo, claro, pero le ha pasado en los últimos días.
La vida de Prisca Guadalupe ha cambiado totalmente. Tras colgarse la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de París 2024, el panorama es otro: las preguntas en el ‘uno a uno’ se repiten. Y, curiosamente, las sigue contestando de manera diferente. Con la misma esencia, pero sin script predeterminado. Incluso, bromea con Tavo, un reportero al que le concluye con un “me hiciste pensar más”.
La judoca, triunfante -de manera histórica para México– resalta tres cosas: lo abominable de regresar con una plata en el cuello, que no ha visto aún a su padre “que se quedó a cuidar al perro” y que lo que más le conmueve es ver a los niños temblando al momento de acercarse a pedirle una foto.

Justo, tras la rueda de prensa en la que se presentó la deportista, por primera vez en Guanajuato, un par de niñas y su madre se le han acercado para quedarse con una fotografía del recuerdo. El rostro de las niñas es de ilusión. Quizá, Prisca tiene razón.
“No hay palabras para el apoyo que me brindó mi familia. La medalla es increíble para disfrutar con ellos, pero lo más increíble es cuando hay días que no tengo la medalla en mi cuello”.
“Es lo mínimo que que puede esperarse que los niños del país tengan las oportunidades”, señaló Prisca Awiti al tomar el micrófono.
Ya con la medalla en el cuello, en lo que representaría la cumbre deportiva del judo, la deportista reconoce que con ello, se otorga también el poder de levantar la mano y ‘sugerir’. Por eso, dice que es importante apoyar aun cuando no hay medallas de por medio, porque el camino del deportista es sinuoso y no siempre encuentra el ‘piso aplanado’… como ocurrió en su disciplina.
“Como siempre digo, la medalla no es de una persona, es de un equipo (…) Esos son los momentos en los que uno necesita el apoyo, porque es muy importante. Ahí es donde está la familia”.
La medalla fue un augurio
En el mismo salón de un hotel al norte de la ciudad de León, hace unas semanas, la propia Prisca Awiti y su compañera de delegación, Paulina Martínez, coincidieron en que el deporte iba a generar una medalla en París 2024. Y se cumplió.
Hoy, en el mismo salón de hotel, pero ya con las certezas, los reconocimientos, el llanto, los abrazos y la cima, ambas saben que, de cierta manera, lo han logrado. Bastaba, en el caso de Prisca, en creerse capaz, y cambiar el concepto que antes se veía como un sueño.
“Cuando fui creciendo pensé que iba decir que no era mi sueño sino que era mi meta porque los sueños son para cuando estás dormido”, dijo mientras consideró que ahora, cualquier compañero puede pensar en que es posible; “Yo entrené aquí en México, con mexicanos. Entonces solo basta decirle a ellos que están en el lugar correcto porque de aquí nació todo. Solo falta que se la crean”.
Paulina Martínez, quien ha estado ahí desde hace años, ha sumado que aunque en su momento pensó en el retiro, la consecución de la plata, ahora, le ha dado nuevos bríos. Le hace sentir que se puede. Y no es para menos, porque la de Prisca, es la primera medalla para esta disciplina deportiva en el país. De ese tamaño es el galardón.
Finalmente y tras atender las peticiones, la familia de Prisca Awiti -particularmente sus primos hermanos- ahí siguen. Le esperan y acuden, formalmente, a las fotos y entrevistas. Se trata así, de los ‘suyos’, de la familia, que está, también, cuando la deportista no tiene una medalla en el cuello.
