De confirmarse los hechos, se trataría de una acción directa contra un jefe de Estado en funciones sin una guerra formal declarada, algo que no ocurría desde la captura del líder panameño Manuel Noriega en 1989, también ejecutada por fuerzas especiales estadounidenses.
Un operativo sin precedentes recientes

A diferencia de Irak o Panamá, donde Estados Unidos desplegó tropas terrestres tras invasiones abiertas, la operación en Venezuela habría sido quirúrgica y aérea, presuntamente ejecutada por unidades de élite como la Fuerza Delta, logrando extraer al mandatario del país sin un enfrentamiento convencional prolongado.
Horas antes del anuncio del presidente estadounidense Donald Trump, se registraron explosiones, sobrevuelos de aeronaves y ataques a instalaciones estratégicas en Caracas y estados vecinos, entre ellos Fuerte Tiuna, La Carlota y el Puerto de La Guaira. Poco después, el gobierno venezolano declaró el estado de emergencia.
Narcotráfico: el argumento oficial

Trump ha insistido en que la presión militar contra Venezuela responde a la lucha contra el narcotráfico internacional. Desde hace años, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusa a Maduro de encabezar una red de “narcoterrorismo”, cargos que Caracas ha rechazado reiteradamente.
Sin embargo, agencias de inteligencia estadounidenses han señalado que no existen pruebas públicas concluyentes que vinculen directamente al mandatario venezolano con organizaciones criminales activas en territorio estadounidense, lo que ha generado dudas sobre la solidez del argumento legal para una intervención de esta magnitud.
El petróleo venezolano, en el centro del tablero

Más allá del discurso antidrogas, el petróleo aparece como un factor clave. Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, con más de 300 mil millones de barriles, aunque su producción se ha desplomado por sanciones y falta de inversión.
En semanas recientes, altos funcionarios y asesores cercanos a Trump han reconocido abiertamente el interés estratégico de Estados Unidos en el petróleo venezolano, e incluso han sugerido una futura participación directa en su explotación. El propio mandatario afirmó que su país estará “fuertemente involucrado” en el sector energético venezolano.
Escalada militar y presión regional
La operación contra Maduro se produjo tras meses de creciente despliegue militar estadounidense en el Caribe, encabezado por el portaaviones USS Gerald R. Ford, así como ataques a embarcaciones acusadas de transportar drogas y la incautación de cargamentos de petróleo venezolano.
Todo ello sugiere una estrategia de presión progresiva que combina sanciones económicas, acciones militares selectivas y aislamiento diplomático, con el objetivo de forzar un cambio de poder en Caracas.
¿Qué sigue para Venezuela?

Aunque el gobierno venezolano no ha confirmado oficialmente la captura de Maduro, sí ha denunciado una violación a la soberanía nacional y anunció que recurrirá a la ONU, la Celac y el Movimiento de Países No Alineados. Rusia y Cuba ya condenaron la acción estadounidense.
Internamente, el futuro político del país es incierto. La Constitución establece que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiría el poder en ausencia del mandatario, mientras que sectores de la oposición han pedido una transición inmediata.
Analistas advierten que, aun con la salida de Maduro, Estados Unidos difícilmente podrá desvincularse del impacto político y social que podría derivarse de una intervención directa, en un país ya marcado por una profunda crisis económica y humanitaria.
