Ciudad de México, México.– Los principales líderes religiosos de Irán se encuentran en medio de un complejo proceso para definir quién ocupará el cargo de líder supremo del país tras la muerte de Ali Khamenei, quien falleció durante la guerra que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra la Irán.

La decisión recae en la Asamblea de Expertos, órgano compuesto por 88 clérigos chiítas responsables de elegir al máximo líder político y religioso del país. De acuerdo con medios estatales iraníes, la lista de candidatos ya fue reducida y se espera que el anuncio oficial se realice “lo antes posible”.

Sin embargo, el proceso ha puesto en evidencia divisiones internas entre las distintas facciones políticas y religiosas sobre quién debe ocupar el cargo y qué mensaje enviará la decisión a los adversarios internacionales de Teherán.

Una elección complicada en medio de la guerra

La selección del nuevo líder supremo no es sencilla. Convocar a la Asamblea de Expertos suele ser complicado incluso en tiempos de estabilidad, debido a que muchos de sus integrantes superan los 80 o 90 años.

La situación se ha vuelto aún más delicada en el contexto de la guerra. Esta semana, un ataque aéreo atribuido a Israel impactó la sede principal de la asamblea, causando la muerte de al menos tres empleados administrativos.

La última vez que Irán tuvo que elegir a un líder supremo fue en 1989, cuando, tras la muerte de Ruhollah Khomeini, el país nombró a Khamenei apenas un día después. En esta ocasión, seis días después de su asesinato, el debate continúa sin una resolución.

Otro factor clave en el proceso es la influencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una poderosa fuerza militar que controla una parte significativa de la economía iraní y que tiene peso político en la definición de la sucesión.

Mojtaba Khamenei, uno de los principales candidatos

Entre los nombres que suenan con mayor fuerza para asumir el liderazgo está Mojtaba Khamenei, segundo hijo mayor del líder asesinado.

Mojtaba participó brevemente en la guerra entre Irán e Irak en la década de 1980 y posteriormente se formó como clérigo en el centro religioso de Qom. Durante el primer gobierno de Donald Trump, tanto él como su padre fueron sancionados por Washington en 2019.

Aunque mantiene un perfil público bajo, en los últimos años ha aparecido con mayor frecuencia en el escenario político iraní, alimentando las especulaciones sobre su posible sucesión.

Diversos analistas también lo consideran cercano a la Guardia Revolucionaria, organización que coordina el programa de misiles del país y mantiene vínculos con milicias aliadas en Medio Oriente.

Debate interno y presión internacional

El retraso en la elección ha generado críticas dentro de Irán. El exministro de Transporte Abbas Akhoundi cuestionó públicamente si el debate sobre la sucesión es prioritario en medio del conflicto armado.

Según señaló, concentrarse en la elección del nuevo líder podría distraer al país de la guerra y de la defensa nacional.

Mientras tanto, la comunidad internacional observa de cerca el proceso. Estados Unidos e Israel siguen atentos a quién asumirá el poder en Teherán, ya que el nuevo líder tendrá una enorme influencia sobre la política regional, el programa nuclear iraní y las relaciones con Occidente.

Incluso Trump reconoció recientemente que uno de los escenarios más inciertos sería que el conflicto termine provocando la llegada de un dirigente con una línea política similar o más dura que la de Khamenei.