En dos ocasiones, públicamente, la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció que su gobierno “podría intermediar entre Estados Unidos y Cuba para que resolvieran sus diferencias por la vía del diálogo”; en ninguna de esas dos ocasiones la propuesta de la mandataria mexicana mereció ni siquiera una respuesta de la Casa Blanca, y ayer el presidente Donald Trump anunció que ya mantiene un diálogo directo “con líderes cubanos” para pactar una transición pacífica, al tiempo en que insistía en que “México dejará de enviar petróleo” a la isla porque así se lo pidió a Sheinbaum.

“Estamos hablando con la gente de Cuba, con las altas esferas de Cuba para ver qué pasa… Es una nación fallida y no están recibiendo dinero de Venezuela ni de ningún lado. Es una nación fallida y México va a dejar de enviarle petróleo”, insistió el mandatario estadounidense en una entrevista a bordo del Air Force One, en la que también respondió a la advertencia que hizo en la víspera la presidenta Sheinbaum sobre que la restricción petrolera desataría una crisis humanitaria en la isla: “No tiene por qué convertirse en una crisis humanitaria, creo que probablemente vendrán a hablar con nosotros para hacer un trato, entonces Cuba volverá a ser libre”.

A contracorriente de las afirmaciones de la presidenta mexicana, que asegura no haber tratado el tema cubano ni haber ofrecido parar los envíos de petróleo a la isla, Trump ha repetido, ya en dos ocasiones, que se detendrán los envíos de Pemex al régimen cubano, algo que en los hechos ya sucedió desde el pasado 15 de enero, cuando se canceló la salida de un buque mexicano que llevaría crudo a La Habana.

Y aunque Sheinbaum diga en público que su gobierno no ha decidido cancelar la ayuda petrolera al régimen de Díaz Canel y que su gobierno “analiza las implicaciones” de la orden trumpista de imponer aranceles, por lo pronto en enero ya no se envió crudo mexicano y se ve muy difícil que se vuelva a enviar.

Porque si la doctora decidiera desafiar la restricción estadunidense, aún a costa de los aranceles, entraría abiertamente en conflicto y en choque con la estrategia de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio, hacia Cuba, que claramente le apuesta a la asfixia total al gobierno cubano —con el cierre de apoyos económicos y petroleros al régimen castrista— como la forma de obligarlos a negociar y acordar una transición política y democrática pactada para los habitantes de la isla.

Y si bien México tiene históricamente una política de alianza y ayuda a Cuba, que se refleja en su rechazo sistemático al embargo estadounidense, hoy la presidenta no está en condiciones de argumentar la doctrina Estrada ni su solidaridad “con el pueblo cubano”, cuando claramente la isla caribeña se ha convertido en el próximo objetivo de Trump en Latinoamérica y los mensajes a la doctora y a su gobierno para que no se atraviese, han sido más que claros y reiterativos.

Porque, paradójicamente, hoy el único país que desafía las nuevas políticas trumpistas en América Latina, con lo que se ha llamado la nueva “Doctrina Donroe”, es México y su gobierno izquierdista. No hay ningún otro país ni gobierno en la región latinoamericana, empezando por Lula en Brasil y siguiendo con Petro en Colombia, que no se hayan alineado ante las amenazas e imposiciones arbitrarias de Donald Trump. ¿Cómo entender entonces que su vecino y principal socio comercial, cuya economía está intrínsicamente ligada a la estadunidense a través del TMEC, sea el único que se resiste a aceptar la nueva realidad geopolítica dictada por Washington?

Es cierto que México es un aliado histórico y solidario con Cuba y que entre los pueblos cubano y mexicano hay una afinidad y un cariño particular. Pero de lo que se trata ahora no es de salvar al pueblo cubano de una “crisis humanitaria”, porque esa crisis ya tiene meses, sino es que años, ocurriendo para los habitantes cubanos, y aunque la presidenta de México no quiera o no pueda aceptar que la realidad cambió y que la hegemonía estadounidense hoy dicta las reglas, ya llegó al punto, y así se lo están diciendo claramente desde la Casa Blanca, en la que tiene que definirse si está con su aliado estratégico y vecino o con sus amigos de la dictadura cubana.

Dice aquel refrán que “el que a dos amos sirve, con alguno queda mal” y Claudia Sheinbaum tendrá que definirse y decidir, sin mentiras ni demagogias, con quién le interesa y le conviene en estos momentos a México quedar bien. ¿Con el poderoso vecino al que estamos vinculados económica y migratoriamente o con un régimen dictatorial que se ha quedado solo y que ya hasta empezó, según la versión del presidente estadounidense, a negociar su caída?

Notas indiscretas…

Dicen que cuando la violencia es brava, hasta a los que la niegan les toca. La semana pasada fue el asalto confirmado a personal de avanzada de la Presidencia de la República, a quienes delincuentes armados atracaron, con ponchallantas y a punta de pistola en la Carretera 57 Norte con dirección a Matehuala. Y aunque desde el gobierno estatal intentaron ocultar la noticia, al final fue el propio gobierno federal el que tuvo que reconocer que, contra el discurso oficial de que todo va bien en su estrategia de seguridad, al personal del Cepropie le tocó experimentar lo que a muchas familias mexicanas y transportistas que transitan por las inseguras carreteras federales. Y ahora le tocó el turno, de una manera muy lamentable y dura, al secretario de Educación, Mario Delgado, que este fin de semana también tuvo que pasar el dolor de muchos mexicanos a los que la violencia narca les arrebata vidas de familiares y amigos. El brutal asesinato de una tía y una sobrina del secretario Delgado en Colima, no es sino el reflejo de que ese pequeño estado, que solía ser de los más tranquilos de México, terminó por convertirse, en los últimos años en uno de los más violentos, bajo las últimas administraciones tanto del PRI como de Morena. La política de “abrazos, no balazos”, tan defendida por el expresidente López Obrador y por sus seguidores, terminó por hacer de Manzanillo un puerto bajo el control del narco y de la corrupción de las fuerzas armadas, lo que terminó contaminando a todo el estado de Colima que se volvió una tierra salvaje en donde muertes, desapariciones y balaceras se volvieron cosa de todos los días. La gobernadora Indira Vizcaíno ha sido un cero a la izquierda y, por más operativos federales, en Colima sigue mandando la violencia narca. Lo más delicado de todo este asunto es que en los pasillos de la SEP se asegura que el asesinato de las dos mujeres en su propia casa no sólo fue la violencia cotidiana en las tierras colimenses, sino que hay de por medio un tema de venganza que involucra a su poderoso familiar. En cualquier caso, la dolorosa realidad de muchos mexicanos también alcanza a los del poder… Ayer el Tribunal Electoral del Estado de México resolvió varias denuncias de violencia política de género que fueron presentadas por mujeres mexiquenses. Una de ellas tiene que ver con el caso de la sexta regidora de Teoloyucan, Shadani Baños Camacho, quien acusó al presidente de ese municipio mexiquense, Luis Domingo Zenteno y a los integrantes del cabildo municipal, de haber ejercido violencia en su contra en razón de ser mujer, porque en una sesión pública del 1 de enero de 2025 se le negó la palabra cuando pedía abordar asuntos que no estaban agendados en el apartado de “temas generales”. La funcionaria municipal interpuso su denuncia y ayer, un año después, los magistrados del Tribunal electoral mexiquense concluyeron que “no se violaron los derechos de la sexta regidora de esa localidad, derivado de que se le permitió participar en diversas ocasiones, además de que, de acuerdo con el Reglamento Interior del Cabildo y de las Comisiones Edilicias del ayuntamiento, señala que en el apartado de ‘Asuntos Generales’ solo podrán incluirse avisos, informes y notificaciones, punto en el que la denunciante pidió intervenir para tratar asuntos que ya había planteado”. Es decir, que con su fallo que absuelve al alcalde Luis Domingo Zenteno y al resto de los integrantes del cabildo de Teoloyucan, los magistrados mexiquenses sientan un precedente importante que señala que aplicar la normatividad o los reglamentos internos de un organismo no pueden constituir violencia política de género, porque se debe distinguir entre la limitación administrativa y la vulneración de derechos de las mujeres… En Oaxaca, después de la primera consulta de revocación de mandato que se aplicó por primera vez en ese estado de la República, los resultados que le dieron el “Sí” a la permanencia del gobernador Salomón Jara, tuvieron muchos análisis e interpretaciones, como la de que a pesar de ganar con el 58% de los votos, hubo un 38% que votó por la remoción del mandatario, lo que es a todas luces un mensaje para el mandatario que tendrá que revisar sus acciones y políticas en zonas como la capital del estado, donde la mayoría de los oaxaqueños votaron en su contra. Pero más allá de las cifras y de las lecciones que deja ese ejercicio ciudadano, que no ha estado exento de denuncias de irregularidades y en el que solo participó el 30% del padrón oaxaqueño, lo que afloró también en la consulta fueron las traiciones y divisiones en la alianza Morena-PT, donde el líder petista en el estado, Benjamín Robles, operó abiertamente para promover la revocación del mandato del gobernador morenista. Y es que Robles, expriista que intentó brincar a Morena, pero no fue aceptado, se refugió en el PT, desde donde se dedicó a dinamitar la alianza oficialista en Oaxaca, algo que ya había hecho en el pasado en Coahuila. En 2023, como operador político del PT en Coahuila, Benjamín Robles impulsó la ruptura de la alianza Morena-PT, defendiendo una candidatura propia, con lo que fragmentó el voto de la 4T y diluyó las posibilidades de Morena para arrebatarle el estado al PRI. El resultado en aquellos comicios fue contundente: el PRI ganó con el actual gobernador Manolo Jiménez y el grupo político de Rubén Moreira retuvo el poder estatal. Pero antes de su labor de división en las elecciones coahuilenses, Robles ya había hecho lo mismo en Oaxaca, en 2016, cuando rompió alianzas y dividió el voto opositor, con lo que ayudó al triunfo de Alejandro Murat con el PRI, división que repitió en las elecciones para la gubernatura de 2023 rompió con el gobierno de Salomón Jara, tras no obtener las posiciones que reclamaba y ahora vuelve a intentar dinamitar la alianza de Morena con el PT, una división que ya se sintió en la movilización que encabezó Robles para revocarle el mandato a Salomón Jara y con la que, más que beneficiar en algo al PT, que no tiene posibilidades de competir solo en Oaxaca, parece apuntar a favorecer al PRI que busca regresar en 2027 a la alcaldía de la capital oaxaqueña, para desde ahí, buscar derrotar a Jara y a Morena en las elecciones por la gubernatura en el 2028, algo que, de ocurrir, sería un duro golpe en uno de los bastiones morenistas de cara a las presidenciales de 2030. Bien dicen que quien traiciona una vez, traiciona varias más. Y si no que le pregunten al señor Robles… Se batieron los dados. Otra vez cayó Serpiente.