En días recientes, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió en Palacio Nacional a una delegación empresarial nórdica integrada por más de 100 directivos de Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia. La comitiva estuvo encabezada por el Grupo Wallenberg, una de las dinastías empresariales más influyentes de Europa y vinculada con el banco sueco Skandinaviska Enskilda Banken (SEB), con presencia en sectores como la industria, las telecomunicaciones, la tecnología y la farmacéutica.

El encuentro formó parte de los esfuerzos del gobierno federal para fortalecer la relación económica con empresas internacionales interesadas en ampliar inversiones en México.

Dentro de la delegación destacaron representantes de compañías globales vinculadas al ecosistema empresarial que la familia Wallenberg consolidó durante más de un siglo.

Detrás de esa red empresarial existe una historia que comenzó en el siglo XIX. El origen del poder económico de la familia se remonta a la creación de una institución financiera que, con el paso de los años, se convirtió en la base de uno de los conglomerados industriales más influyentes de Europa.

¿Cómo se fundó el banco SEB de la familia Wallenberg?

La historia de la familia Wallenberg inició con André Oscar Wallenberg, un sueco que durante su juventud siguió una carrera como oficial naval. Tras varios viajes por Europa, el militar observó el crecimiento del comercio y del sistema financiero en distintos países.

Esa experiencia despertó su interés por el mundo de los negocios y lo llevó a abandonar la vida militar para dedicarse al ámbito económico.

A mediados del siglo XIX, Suecia atravesaba un periodo de transformación económica que impulsó la creación de nuevas empresas y la expansión del comercio. En ese contexto, André Oscar Wallenberg identificó la necesidad de contar con instituciones financieras capaces de canalizar capital hacia el desarrollo industrial.

En 1856, André Oscar Wallenberg fundó el Stockholms Enskilda Bank junto con un grupo de socios con intereses empresariales. La institución financiera adoptó un modelo inspirado en el sistema bancario escocés, que promovía el uso del ahorro para financiar proyectos.

El banco surgió en un momento en que Suecia transformaba su estructura económica: las tradicionales casas comerciales y fábricas familiares daban paso a nuevas sociedades industriales y a la expansión de la red ferroviaria.

Estos procesos requerían capital, por lo que Stockholms Enskilda Bank participó al financiar proyectos industriales y apoyar la creación de nuevas empresas, hasta convertirse en una pieza clave del desarrollo económico sueco.

A comienzos del siglo XX, nuevas regulaciones en la nación nórdica limitaron la capacidad de los bancos para mantener participaciones accionarias en empresas industriales. Esa medida obligó a reorganizar la estructura empresarial de la familia.

En 1916 se creó Investor AB, un holding que concentró las participaciones industriales que anteriormente estaban vinculadas al banco familiar. Con esa estructura, la familia Wallenberg consolidó un sistema empresarial que combinó banca, inversión y control corporativo.

¿Qué empresas están vinculadas actualmente con el Grupo Wallenberg?

En la actualidad, el ecosistema empresarial del Grupo Wallenberg mantiene participaciones en varias de las corporaciones industriales y tecnológicas más relevantes de Europa. Gran parte de estas inversiones se gestionan a través de Investor AB, que concentra las participaciones estratégicas del grupo.

Entre las empresas más conocidas vinculadas con este conglomerado se encuentran compañías como Ericsson, ABB, AstraZeneca y Volvo, firmas que operan en sectores clave como telecomunicaciones, ingeniería industrial, investigación farmacéutica y fabricación automotriz.

Igualmente, figuran otras compañías con fuerte presencia internacional, como Atlas Copco, especializada en equipos industriales y tecnología para manufactura, y Saab, empresa del sector aeroespacial y de defensa.

Además de su presencia empresarial, la familia Wallenberg mantiene una amplia actividad filantrópica a través de una red de 16 fundaciones que financian investigación científica, educación y desarrollo tecnológico, principalmente en Suecia.

Estas organizaciones canalizan parte de los dividendos generados por las empresas vinculadas al grupo hacia universidades, centros de investigación y proyectos de innovación.

Una de las más relevantes es la Fundación Knut y Alice Wallenberg, considerada una de las principales financiadoras privadas de ciencia en Europa. Tan solo en 2025 destinó cerca de 3 mil 100 millones de coronas suecas para proyectos de investigación en medicina, ciencias naturales, tecnología y humanidades, con el objetivo de fortalecer el desarrollo científico y la innovación en el país escandinavo.