Huanímaro, Guanajuato.- Eimy Nayeli Escobar Zúñiga no conocerá el mar, ni casarse ni tener hijos. Sus sueños y su vida fueron truncados. Su familia, amistades y su novio están destrozados y exigieron que el crimen no quede impune.
“Sus sueños eran salir, viajar. Me decía: ‘Mami, te voy a llevar a la playa’. Estaba muy contenta porque el martes iba a entrar a trabajar a una empresa de Abasolo. Quería casarse y tener hijos. Era la más noble de mis hijas, tenía muy buen corazón, perdonaba pronto, era muy alegre y le gustaba cocinar; le gustaba el espagueti chino y el pollo agridulce, le gustaba caminar por las tardes. Me decía: ‘Quiero mi casa’”, dijo con lágrimas y voz entrecortada Sandra Zúñiga Ramírez, mamá de Eimy Nayeli, cuyo cuerpo fue encontrado el 13 de marzo pasado en una parcela, junto al de su prima y amiga Andrea.

Eimy Nayeli tenía 24 años de edad. Era la mayor de sus dos hermanas, de 20 y 18 años, y vivía con su mamá Sandra y sus hermanas en un cuarto en la comunidad La Lobera. Aunque no estudió belleza, tenía facilidad para maquillar; vecinas de la comunidad la contrataban. Tenía tres meses sin trabajo y estaba emocionada porque el martes pasado empezaría a laborar en una empresa de Abasolo.
Concluyó el telebachillerato en la comunidad Guadalupe, donde conoció a su novio, con quien planeaba casarse y formar una familia; estos planes ya no podrán llevarse a cabo.
Sandra Zúñiga compartió que ese 13 de marzo Nayeli le pidió permiso para salir a la cancha deportiva ubicada a tan solo un par de cuadras de la vivienda de su abuela materna. Le dijo que iría con su amiga y prima Andrea, cuya abuela materna es prima de Sandra. Sandra presentía algo y no quería darle permiso a Nayeli, pero lo hizo porque era una hija responsable, que no solía salir a fiestas y cuya única distracción era pasear por la comunidad los sábados.

Fue a las 4 de la tarde de ese viernes cuando Eimy Nayeli le envió un mensaje a su mamá avisando que iría a la cancha, donde además de porterías de futbol hay aparatos de gimnasio. Aproximadamente a las 7:30 de la noche avisó a su mamá que se dirigiría a la plaza de la comunidad y que seguía con Andrea.
“A las 8:40 de la noche le envié un mensaje; le pregunté dónde estaba, no me contestó, me mandó al buzón”, recordó Sandra.
Minutos después, un sobrino de Sandra le marcó a uno de sus hijos; les preguntó cómo estaban y si sabían dónde estaba Eimy.
“Mi hija quitó el altavoz y ya no escuché qué le dijo. Le pregunté a mi hija qué había pasado y me respondió que nada. Despuesito de las 10 llegó mi sobrino; solo me dijo que mi hija había tenido un accidente y que teníamos que ir. Yo creí que al hospital; ya en la carretera se detuvo, vi muchos policías, pero no veía un carro o algo que me indicara que fuera un accidente. Me acerqué a un policía, le pregunté y me dijo que mi hija ya no tenía signos vitales”.
Sandra no supo si realmente su hija, la tarde-noche de ese viernes, efectivamente estuvo en la plaza de La Lobera. En los rosarios en memoria de Nayeli se enteró de que ese día ella y Andrea abordaron la camioneta de su primo Edgar Enrique —detenido por ser presunto responsable del doble homicidio— para ir a la comunidad vecina Joroches, donde se realizaría el “atascadero”, una convivencia de motociclistas.

“Somos familiares lejanos; el papá de Enrique es mi primo. No convivimos, no éramos cercanos. Ahora me entero de que dicen que era muy violento, que tenía un carácter muy agresivo”, platicó Sandra Zúñiga.
“Estoy destrozada. No es justo lo que les hicieron a estas niñas. Estoy pidiendo justicia, es lo único que pido. No eran niñas que salieran mucho; mi hija salía los sábados. Estoy hablando por las dos familias… hayan andado donde hayan andado, no tenían derecho de hacerles nada. Así fueran unas prostitutas, no tenían derecho de hacerles eso, porque no estaban pidiendo nada. ¿Por qué quitarles la vida así? Fue algo horrible”, compartió Sandra, mamá de Eimy Nayeli.
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