La recomendación de la prohibición del castigo corporal y humillante hecha por el Comité de los Derechos de la Niñez a principios del presente siglo, poco a poco ha sido tomada en cuenta por los países del mundo, sumándose cada vez más a la lista de aquellos que han respondido a dicha recomendación.
En el caso de México, la prohibición del castigo corporal y humillante quedó plasmada en la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes (LGDNNA) en el año 2021. Y a partir de esa fecha, los Estados de la República Mexicana comenzaron a homologar su marco jurídico local.
Conscientes de que quienes crían recurren a castigos crueles y humillantes no siempre con dolo, sino generalmente con la intención y creencia de que esa es la mejor forma de educar, o la única conocida, en el 2024 se hizo una nueva reforma. Esta vez para facultar a los tres órdenes de gobierno (federal, estatales y municipales) para promover herramientas de crianza positiva.
Las mamás, papás y personas cuidadoras y educadoras contemporáneas aún son una generación que creció formada con estilos disciplinarios que gozaron de altos montos de autoritarismo que, inevitablemente redundaron en malos tratos. Obviamente no hubo solo maltrato, sino también consideración y buenos tratos.
Pero hoy, el marco jurídico mandata una práctica de crianza que no recibimos de manera suficiente, una respetuosa de la dignidad y los derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes. Un reto muy grande, sin lugar a dudas.
Se trata de construir un nuevo paradigma de la crianza. Mientras eso sucede, la sociedad mantiene cierta confusión respecto a qué es, o de qué trata este nuevo paradigma.
En su proceso de construcción han ido apareciendo metodologías o programas con denominaciones múltiples: crianza positiva, crianza respetuosa, disciplina inteligente, disciplina positiva, crianza consciente, crianza con ternura, parentalidad positiva, etcétera.
En la cotidianeidad la población no encuentra consenso. Algunas personas piensan que este nuevo paradigma implica dejar que las niñas, niños y adolescentes hagan lo que quieran, perdiendo de vista que esto sería negligencia si lo que quieren es algo que atentan contra su integridad. Y no hay que olvidar que la negligencia es un tipo de maltrato.
Afortunadamente, en México hoy contamos con una definición sobre crianza positiva que nos puede servir para ir homogeneizando el discurso, para ir entendiendo lo mismo cuando mencionamos ese contexto, para saber qué es lo permitido hoy, toda vez que los métodos humillantes están prohibidos.
La LGDNNA se refiere a la crianza positiva como el “conjunto de prácticas de cuidado, protección, formación y guía que ayudan al desarrollo, bienestar y crecimiento saludable y armonioso de las niñas, niños y adolescentes, tomando en cuenta su edad, facultades, características, cualidades, intereses, motivaciones, límites y aspiraciones, sin recurrir a castigos corporales ni tratos humillantes y crueles, salvaguardando el interés superior de la niñez con un enfoque de derechos humanos”.
Algunos principios de la crianza positiva los encontramos en un instrumento didáctico de UNICEF (2021) en cuya elaboración tuve la oportunidad de participar: “Herramientas para la crianza positiva”:
- No recurrir a la violencia, sino al respeto, diálogo, confianza y motivación.
- Estar consciente de que mientras la niña, niño o adolescente no comprenda qué cosas son seguras y cuáles no, o por lo menos qué actos están permitidos y cuáles no, las personas adultas a su cargo tienen la responsabilidad total de mantener el ambiente seguro.
- Comprender que las niñas, niños y adolescentes no son malos ni hacen “diabluras”, sólo están aprendiendo a conocer el mundo a través de la experimentación por lo que, en ocasiones, sus comportamientos no son los más atinados.
- Ser firmes y amables en lo que se les pide a las niñas, niños y adolescentes, pero también cumplir con lo que se les promete.
- Respetar los acuerdos y las normas, por parte de madres, padres, hijas e hijos.
- Hacer un uso limitado pero efectivo del NO; y, de ser posible, junto a cada “no” ofrecer un “sí”, es decir, una alternativa.
- Proporcionar seguridad, claridad y amor a través de la comunicación asertiva. Los problemas y conflictos se resuelven a través del diálogo.
- No premiar a las hijas o hijos por tareas o actividades de la vida diaria, sino ayudarles a encontrar el sentido de las mismas y disfrutar del resultado de su esfuerzo, dedicación, responsabilidad y colaboración.
- Respirar y pensar antes de reaccionar impulsivamente a través de formas violentas.
- Utilizar el sentido del humor para que el estrés y la tormenta emocional del momento no tomen el control.
Difundamos este tipo de información para contribuir al cambio de paradigma y de esta manera contribuir al sano y pleno desarrollo de las nuevas generaciones. De esta manera a éstas les fluirá el buen trato de una manera más espontánea.