México cae con la frente en alto ante Inglaterra en un duelo dramático

Ciudad de México, México.- Hay derrotas que duelen por la falta de fútbol, pero hay otras que rompen el alma porque se tuvo todo para trascender y el destino simplemente se negó. La Selección Mexicana se despidió del Mundial 2026 en los octavos de final tras caer en un vibrante y agónico 2-3 ante Inglaterra. En una tarde donde el “Tri” derrochó coraje, arrinconó al subcampeón europeo y lo hizo pedir la hora, el ansiado quinto partido se escurrió de las manos por un suspiro, otorgándole a los ingleses el boleto a los cuartos de final.

El césped fue testigo de una batalla heroica donde México no fue menos que una potencia mundial. Al final, los rostros empapados en lágrimas de los seleccionados aztecas reflejaron el dolor de una nación entera que vio cómo, una vez más, el fútbol fue cruel con el equipo que más propuso en la cancha.

México cae con la frente en alto ante Inglaterra en un duelo dramático Foto: AFP

Un dominio asfixiante que no encontró premio

Si se revisan los números, resulta increíble explicar la eliminación mexicana. El “Tri” se adueñó de la pelota con una abrumadora posesión del 66% frente al escaso 34% de los ingleses. México volcó la cancha hacia el arco europeo, generando la friolera de 20 remates totales (5 de ellos a portería) y cobrando 11 tiros de esquina. En contraste, Inglaterra apenas intentó 6 tiros en todo el partido y solo tuvo 2 córners a favor.

Sin embargo, en el pecado de la contundencia se llevó la penitencia. A pesar de que los ingleses sufrieron en defensa y cometieron constantes faltas —lo que les valió 4 tarjetas amarillas (Declan Rice al 1′, Marc Guehi al 68′, Nico O’Reilly al 72′ y Jordan Henderson al 90’+8′) y una expulsión—, su puntería fue letal: 5 de sus 6 disparos fueron al arco y 3 terminaron en las redes aztecas.

México cae con la frente en alto ante Inglaterra en un duelo dramático
México cae con la frente en alto ante Inglaterra en un duelo dramático Foto: archivo

El golpe inglés y el corazón del “Tri”

La primera mitad fue un torbellino de emociones. Cuando México mejor jugaba, apareció la jerarquía británica en un ráfaga letal: Jude Bellingham silenció el estadio al minuto 36 (asistido por Bukayo Saka) y, apenas dos minutos después, firmó su doblete al 38′ tras un pase de Harry Kane para poner un pesado 0-2.

Lejos de bajar los brazos, el corazón azteca latió con fuerza. Al minuto 42, Julián Quiñones recortó distancias 1-2 antes del descanso para devolverle la esperanza al país.

Para el complemento, el técnico mexicano movió sus piezas ingresando a Edson Álvarez al 46′ por César Montes. La ilusión se agigantó al minuto 54, cuando el defensa inglés Jarell Quansah vio la tarjeta roja directa, dejando a Inglaterra con diez hombres.

Parecía el momento del “Tri”, pero el fútbol es implacable: en un descuido defensivo al minuto 60, el histórico Harry Kane marcó el 1-3 que caía como un mazo en el ánimo nacional.

El asedio final y un adiós que desgarra

México se negó a morir. Con el ingreso de revulsivos como Santiago Giménez y Brian Gutiérrez al 61′, el equipo se volcó entero al frente. La recompensa al pundonor llegó al minuto 69, cuando el veterano Raúl Jiménez mandó a guardar la pelota para poner el 2-3 y hacer temblar el estadio.

El cierre fue un auténtico drama patrio. El cuerpo técnico quemó sus últimas naves mandando al campo a Álvaro Fidalgo (79′) y a Guillermo Martínez (81′). México metió a Inglaterra en su propia área de forma asfixiante, provocando que los europeos rechazaran balones con desesperación y quemaran tiempo. La tensión era máxima, costándole tarjetas amarillas a los mexicanos Jorge Sánchez (71′) y Johan Vásquez (90’+8′).

El árbitro otorgó más de 11 minutos de compensación donde el gol del empate rondó el área inglesa una y otra vez, pero el silbatazo al 90’+12′ decretó el final del sueño.

Inglaterra avanza a los cuartos de final pidiendo la hora, mientras que México se despide del Mundial de pie, con la camiseta sudada y el orgullo intacto, pero cargando con la dolorosa tristeza de saber que el escalón hacia la historia nunca había estado tan cerca de subirse.