Yo me imagino la reacción de la gente de Morena al ver la foto de Jorge Romero y comitiva en Berlín. Se debieron de morir de risa y habrán suspirado con alivio. Con una oposición así, no hay forma de que los saquen de Palacio Nacional, pensarán y no dejarían de tener razón. En rutilantes fotografías, se ve a la cúpula panista paseando por las calles de Berlín en vez de estar en México fijando postura en pleno arranque electoral.
En su cuenta de X, Jorge Romero presume de que se fortalecieron vínculos, fueron a compartir visión y a hablar de los retos que se enfrentan en México. ¿En serio, a eso fueron a Berlín? Se les ve muy sonrientes posando para la foto. Ahí están muy contentos Mariana Gómez del Campo, Santiago Taboada junto al líder panista mientras Morena gobierna con una maquinaria electoral que parece difícil de enfrentar.
En vez de estar en México donde se requiere una oposición que sea una verdadera alternativa, Romero se fue de viaje hasta Bruselas y Berlín y uno se pregunta ¿a qué fue? Dice que fue a estudiar cómo se reconstruye una oposición después de perder. La pregunta será si la receta alemana también funciona con ingredientes mexicanos. A nosotros no nos queda más que elevar los ojos al cielo y entender las carcajadas morenistas.
Mientras tanto, otros políticos distinguidos están haciendo sus intentos por plantar cara al partido gobernante. Vicente Fox hace lo suyo. Lo que hoy está intentando es volver a ser un factor político, pero no necesariamente como una pieza estelar que se presente a competir, sino como articulador de una oposición que permanece dispersa.
Con Alma de México, Fox pretende cimentar una red que vaya más allá de los políticos. Busca reunir a ciudadanos, organizaciones sociales, empresarios, liderazgos y fuerzas políticas alrededor de un objetivo común rumbo a 2027. El expresidente Fox parece traer bajo la manga una apuesta ambiciosa: convertir el descontento disperso en una fuerza política capaz de disputar el Poder Legislativo a Morena.
Independientemente de las simpatías o antipatías que cause Vicente Fox, hay que reconocer que el señor es un estratega y que en su momento logró convencer a los votantes mexicanos para sufragar a su favor y por eso llegó a ser presidente. Hoy tiene una meta fija y du objetivo inmediato es claro: quiere quitarle a Morena la mayoría en el Congreso en 2027. No es poca cosa lo que pretende.
Para Vicente Fox el tema no parece ser como una carrera de arrancones sino una gesta con obstáculos de las que se corren de acuerdo un plan. Ganarle la mayoría del Congreso a Morena sería el primer paso para recuperar contrapesos, limitar la concentración del poder y modificar la relación entre Ejecutivo, Legislativo e instituciones. Ese debiera ser un anhelo compartido por la oposición, pero parece que no todos comparten esta visión.
En entrevistas recientes, el expresidente Fox nos deja ver que tiene un entendimiento político que buena parte de la oposición todavía no termina de comprender: el problema de México no se resolverá simplemente cambiando de partido en el gobierno. No basta con payasadas ni berrinches ni campañas que tengan como eslogan “Vota en contra de Morena”. Eso no va a funcionar y Fox lo sabe.
Los que menosprecien el enfoque foxista dejan de ver que él conoce en carne propia lo que significa enfrentar a un sistema político que parece invencible y ganar. Su llegada a la Presidencia representó entonces una alternancia histórica y demostró que aquello que parecía imposible podía suceder. Lo hizo en forma pacífica. Claro, no estamos viviendo los mismos tiempos que se vivieron en el 2000, pero por lo menos, se está generando un análisis que genera ruido político. Al menos, está en México y no dando la vuelta en Berlín.