La motivación para trabajar en el cambio de paradigma de la crianza (es decir, pasar de los malos a los buenos tratos; de los estilos democráticos a los estilos respetuosos y sensibles; del “porque lo digo yo” al considerar que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a opinar en los asuntos de su incumbencia) puede encontrarse en el conocimiento de los beneficios que genera la crianza positiva y los buenos tratos.
Con esa finalidad es que en esta entrega comparto algunos de esos muchos beneficios que los estudios han descrito en los últimos tiempos.
Para empezar, es conveniente saber que las niñas, niños y adolescentes lo hacen todo mejor cuando sus madres, padres y personas cuidadoras se muestran cariñosos y comprensivos, pasan tiempo con ellos, conocen su vida y comprenden sus sentimientos y conductas, les animan a comunicarse abiertamente y reaccionan a los comportamientos inadecuados aplicando medidas respetuosas y explicaciones en lugar de castigos severos.
La crianza positiva es la vía para ayudar a que las hijas e hijos se sientan seguros, amados, respetados y competentes y puedan actuar, paulatinamente, de manera solidaria, organizada y constructiva.
Mientras que el buen trato es la cualidad de la crianza positiva. Incluye tanto la actitud sensible y respetuosa de la dignidad de la niña, niño y adolescente que debe desplegar la madre, padre o persona cuidadora, como las oportunidades que el Estado y la comunidad deben construir para dar soporte, apoyo y solidaridad a quienes crían.
Actualmente sabemos que los estilos de crianza autoritarios modifican comportamientos no deseados de niñas, niños y adolescentes de manera rápida, pero a costa del miedo y la generación de estrés tóxico, es decir, estrés intenso, grave y duradero, por tanto, dañino para la arquitectura cerebral. Mientras que los estilos respetuosos, responsivos, democráticos y flexibles, traen efectos positivos en el desarrollo infantil y en la personalidad adulta, además de que favorece el desarrollo de relaciones parento-filiales confiables, sólidas y beneficiosas.
La crianza positiva y los buenos tratos aportan muchos beneficios a las niñas, niños y adolescentes, pues impactan favorablemente en prácticamente todas las esferas del desarrollo: físico, psicológico, cognitivo, social y moral.
A continuación, te comparto algunos beneficios, con base a lo que el neuropsiquiatra Jorge Barudy y la psicóloga y psicoterapeuta Maryorie Dantagnan han descrito en su libro Los buenos tratos a la infancia (2005):
Desarrollo físico: la crianza positiva está atenta a las necesidades fisiológicas de niñas, niños y adolescentes, haciendo todo lo posible para que vivan en condiciones adecuadas y en un ambiente que permita una actividad física sana, protege ante los peligros que pueden amenazar su integridad, dispone de asistencia médica, etcétera.
Desarrollo psicológico y afectivo: la crianza positiva y el buen trato proporcionan lazos afectivos de calidad, incondicionales, estables seguros y continuos, los cuales aporta a las hijas e hijos una autoestima alta, confianza en sí, aceptación de sus pares, capacidad para regular sus emociones, autonomía al mismo tiempo que capacidad para pedir ayuda, empatía, capacidad para sostener las relaciones en el marco del conflicto, así como para experimentar, expresar y demostrar afectos variados, entre otros.
Desarrollo cognitivo: la crianza positiva y el buen trato proporcionan la estimulación que construye las estructuras cognitivas que serán la base para el crecimiento futuro de niñas y niños al proporcionar estimulación para crecer y desarrollarse, para desplegar la curiosidad por lo que sucede a su alrededor, para explorar el mundo, conocerlo mejor y aprender a actuar sobre el medio con el fin de modificarlo de una manera constructiva.
Desarrollo social: las niñas, niños y adolescentes que reciben una crianza positiva y buen trato, gozan de autonomía progresiva, se sienten capaces, responsables y ejercen sus derechos; logran una relación crítica y respetuosa con la autoridad; construyen una identidad saludable y una autoestima elevada; al sentir la consideración del mundo adulto, tiene la energía psicológica necesaria para desarrollar sus proyectos y sus esperanzas y para comprometerse en proyectos altruistas.
Desarrollo cívico y ético: las prácticas de crianza positivas proporcionan principios y valores que les permite a niñas, niños y adolescentes sentirse parte de su cultura, y contribuyen a la construcción de una ética que les hace responsables de sus actos, tanto de los que deben sentirse dignos y orgullosos (por ejemplo, la construcción de relaciones sociales altruistas y solidarias) como de los que producen violencia y comportamientos abusivos.
El conocimiento de las necesidades del desarrollo en función de edad de las hijas e hijos, permite ver que sus necesidades se manifiestan de distintas maneras en las distintas etapas de desarrollo, pudiendo adaptar las actitudes parentales y calibrar las expectativas respecto a su comportamiento.
La práctica de la crianza positiva y el buen trato depende mucho de este tipo de conocimiento. De ahí la importancia de estudiar sobre el tema.
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