Irapuato, Guanajuato.- Perder la vista no significó para Carlos Uribe Moreno dejar de mirar a Irapuato; al contrario, encontró una nueva forma de conocer y compartir la ciudad que tanto le apasiona.
Desde hace tres años se desempeña como guía turístico y, a través de un recorrido sensorial, invita a las personas a cerrar los ojos para descubrir que la historia también puede sentirse.
A sus 40 años forma parte del equipo de Giatour, donde encabeza el recorrido “Ojos cerrados, sentidos abiertos“, una experiencia diseñada para que las y los visitantes comprendan, aunque sea por unos minutos, cómo se desplaza una persona con discapacidad visual y cómo cambian la percepción del entorno cuando intervienen el oído, el tacto y la imaginación.
Su interés por la historia nació cuando era niño y ese gusto lo acompañó durante toda su vida, aunque nunca imaginó que terminaría convirtiéndose en su profesión.
“Desde niño me ha gustado la historia. Cuando me hablaron del proyecto sinceramente para mí era como un sueño. Después me avisaron que el diplomado ya iba a arrancar y ahí comenzó todo”, recordó.

Fue precisamente ese diplomado para formar guías turísticos el que le abrió las puertas hace tres años y desde entonces ha recibido a decenas de personas interesadas en recorrer el Centro Histórico desde una perspectiva completamente distinta.
Quienes participan en la actividad reciben un bastón blanco y un antifaz antes de iniciar el recorrido. Carlos les enseña las técnicas básicas para desplazarse y los acompaña paso a paso mientras recorren distintos puntos del primer cuadro de la ciudad.
Uno de los momentos más significativos ocurre al llegar a la escalinata de la Presidencia Municipal, donde explica el mural sin que los visitantes puedan observarlo. Solo al finalizar la explicación se retiran el antifaz.
“Cuando se quitan el antifaz ya ven lo que se les explicó, pero ahora lo ven con otros ojos, literalmente“, comentó.

Carlos aseguró que una de las mayores satisfacciones de su trabajo es ver la reacción de quienes viven la experiencia. Muchos llegan con incertidumbre y terminan comprendiendo las dificultades cotidianas que enfrenta una persona con discapacidad visual.
“Me dicen: ‘No creemos que no veas’. Porque voy dirigiéndome, voy explicando y ellos se sorprenden. Más que un reto, para mí esto es un gusto y una satisfacción“, expresó.
Pero el impacto no termina al concluir el recorrido, ya que en varias ocasiones, explicó, las y los asistentes se han acercado para agradecerle porque la actividad cambió su manera de relacionarse con familiares o amigos que viven con una discapacidad visual.
“Se me han acercado personas que tienen un familiar o un amigo con una condición como la mía y me dicen que ahora entienden mejor cómo acercarse, cómo apoyarlo o cómo ayudarlo. Eso para mí es muy bonito“, contó.
La pérdida de su vista ocurrió de manera gradual
La pérdida de su vista ocurrió de manera gradual; contó que en 2007 fue operado por un desprendimiento de retina y, tres años después, un golpe en la cabeza agravó su condición. Aunque durante un tiempo todavía conservó parte de su visión, hace aproximadamente cinco años dejó de ver por completo.
Lejos de considerar su discapacidad como un obstáculo, decidió convertirla en una herramienta para sensibilizar a otras personas.
Por ello, también aprovechó para hacer un llamado a la ciudadanía a ser más consciente del entorno que comparten con quienes utilizan un bastón blanco para desplazarse.
“Nosotros somos quienes tenemos que adaptarnos al mundo, pero sí les pediría que tengan conciencia. Si ven que una persona con bastón viene caminando, basta con dejarle el paso. Muchas veces no es mala intención, simplemente es desconocimiento“, señaló.
Para Carlos, cada recorrido representa mucho más que explicar fechas o edificios históricos, es una oportunidad para derribar prejuicios y demostrar que la discapacidad no impide desarrollar una profesión con pasión.
Invitó a la ciudadanía y a las y los turistas a vivir la experiencia de recorrer Irapuato con los ojos cerrados.
“Van a descubrir otra forma de conocer la ciudad y estoy seguro de que se van a llevar un grato sabor de boca“, concluyó.
Más allá de contar la historia de Irapuato, Carlos terminó escribiendo la suya, una en la que perder la vista no apagó su curiosidad, sino que le permitió enseñar a otros que, a veces, basta con cerrar los ojos para empezar a mirar de verdad.
