En un mensaje en video de aproximadamente 15 minutos, Carney explicó que las conversaciones dejaron de centrarse únicamente en las condiciones comerciales y comenzaron a plantear, según su interpretación, cuestiones relacionadas con la capacidad de Canadá para tomar decisiones económicas y proteger sus propios intereses.
El Primer Ministro sostuvo que las demandas acumuladas de Estados Unidos demostraron que Washington buscaba una relación basada más en la dependencia que en una verdadera asociación económica.
Carney recordó además una advertencia que había realizado meses atrás, cuando afirmó que Trump pretendía debilitar a Canadá para aumentar su control sobre el país.
Su postura, dijo, no ha cambiado: Canadá no permitirá que su relación económica con Estados Unidos se convierta en una relación de subordinación.
La decisión ocurre en un momento de fuerte escalada comercial. Este martes entraron en vigor nuevos aranceles de represalia canadienses sobre productos estadounidenses por alrededor de 20 mil millones de dólares, con tasas de entre 15 y 50 por ciento.
Canadá responde con sus propios aranceles
Carney defendió las medidas comerciales adoptadas por Ottawa y sostuvo que Canadá debe responder a los aranceles estadounidenses para evitar que sus trabajadores y empresas queden en desventaja frente a productos procedentes de Estados Unidos.
El Primer Ministro reconoció que aplicar aranceles tiene costos económicos, pero consideró que esos costos son menores que los que implicaría no responder.
La estrategia del Gobierno canadiense busca, al mismo tiempo, proteger sectores nacionales y acelerar la diversificación comercial para reducir la dependencia histórica del mercado estadounidense.

La disputa es especialmente relevante porque buena parte de las exportaciones canadienses tienen como destino Estados Unidos. La actual confrontación amenaza con poner mayor presión sobre una relación comercial que durante décadas se caracterizó por una profunda integración económica.
Carney también ha planteado la necesidad de ampliar los vínculos comerciales de Canadá con otros mercados para reducir su vulnerabilidad frente a decisiones tomadas en Washington.
Trump aumenta la presión y apunta contra Bombardier
Mientras Carney defendía la nueva estrategia canadiense, Donald Trump elevó nuevamente el tono contra Canadá.
El Presidente estadounidense utilizó Truth Social para amenazar con impedir que el fabricante canadiense de aeronaves Bombardier continúe vendiendo sus aviones en Estados Unidos si la compañía no aumenta su producción dentro del territorio estadounidense.
Trump escribió que no permitiría más ventas de Bombardier en Estados Unidos y sostuvo que, si la empresa quiere acceder al mercado estadounidense, debe fabricar sus aeronaves en ese país.
Hasta ahora, no se ha informado de una prohibición formal que haya puesto fin a las ventas de Bombardier en Estados Unidos. La amenaza, sin embargo, representa una nueva escalada en el conflicto comercial entre Washington y Ottawa.
El mensaje de Trump llegó poco antes de que entraran en vigor los nuevos aranceles de represalia de Canadá.
Bombardier responde: la empresa también genera empleos en Estados Unidos
La respuesta de Bombardier se centró en mostrar el nivel de integración que la compañía mantiene con la economía estadounidense.
La empresa, con sede en Montreal, señaló que su actividad beneficia directamente al sector aeroespacial de Estados Unidos y genera decenas de miles de empleos en ese país.
Bombardier aseguró además que cuenta con presencia directa en más de 20 estados y que trabaja con aproximadamente 2 mil 800 empresas estadounidenses ubicadas en 47 estados. La compañía indicó que destina más de 2 mil 500 millones de dólares anuales a sus proveedores.
La empresa también destacó que algunos componentes de sus aeronaves se fabrican en Estados Unidos, entre ellos alas producidas en Texas y componentes de sistemas de control de vuelo elaborados en California.
Con estos datos, Bombardier busca mostrar que la relación entre la compañía canadiense y la industria estadounidense no es simplemente la de un fabricante extranjero que vende productos en Estados Unidos, sino la de una cadena de producción profundamente integrada.
¿Por qué Bombardier es tan importante para Canadá?

La historia de Bombardier comenzó en Quebec, donde Joseph-Armand Bombardier desarrolló vehículos para desplazarse sobre la nieve.
La compañía posteriormente se convirtió en uno de los principales fabricantes de motos de nieve y amplió sus actividades hacia el transporte ferroviario.
En 1986 dio un giro decisivo al ingresar a la industria aeronáutica mediante la adquisición de Canadair. Más tarde incorporó otras compañías del sector, entre ellas Learjet, y se consolidó como fabricante de aeronaves ejecutivas.
Bombardier abandonó posteriormente el mercado de aviones comerciales y, después de vender su división ferroviaria en 2021, concentró sus operaciones en la fabricación de jets privados y ejecutivos, principalmente de las familias Challenger y Global.
Actualmente, la empresa mantiene una importante presencia internacional, pero Estados Unidos representa uno de sus mercados fundamentales.
Estados Unidos es el mercado clave para Bombardier
La dependencia de Bombardier del mercado estadounidense explica por qué una eventual restricción de ventas tendría consecuencias importantes para la compañía.
Una parte considerable de sus aeronaves opera en Estados Unidos y sus clientes incluyen empresas, particulares y organismos gubernamentales.
Además, Bombardier no solamente vende aeronaves en territorio estadounidense. La empresa mantiene instalaciones, empleados, proveedores y operaciones de soporte dentro del país, lo que hace que cualquier restricción comercial también pueda afectar a compañías y trabajadores estadounidenses.
La propia empresa ha utilizado esta integración como argumento frente a la amenaza de Trump.
Bombardier sostiene que la industria aeroespacial estadounidense se beneficia de sus operaciones y que su actividad contribuye al superávit comercial del sector.
