Con la dictadura castrista pendiendo de alfileres y el asedio de Estados Unidos para que el dictador Miguel Díaz Canel inicie ya una transición política pacífica que evite un estallido social y popular de los desesperados habitantes de la isla, la situación interna en Cuba se ha convertido en uno más de los temas de presión e incomodidad en la tensionada relación entre los gobiernos de México y los Estados Unidos.
Los mensajes contundentes de Donald Trump pidiendo “cero petróleo” para Cuba, tras la caída y captura del dictador venezolano Nicolás Maduro, y anunciando el inminente colapso del régimen castrista que ha dominado la isla por 67 años ininterrumpidos, son una señal inequívoca de que Washington ha puesto en marcha una estrategia para tomar el control de la isla caribeña y no quiere ninguna ayuda o injerencia que pretenda alargar la agonía del sistema socialista cubano.
“Cuba caerá muy pronto. Cuba es una nación que está muy cerca de caer. Obtenían su dinero de Venezuela. Obtenían su petróleo de Venezuela. Y ya no lo están obteniendo”, dijo ayer Trump a periodistas de su país.
Y es ahí donde los planes de la Casa Blanca chocan frontalmente con la ayuda ideológica y política que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum pretende continuar mandando a La Habana, a través de las transferencias petroleras que, tan sólo en el último año —el primero de su administración— alcanzaron los 17.6 millones de barriles de petróleo mexicano enviado por Pemex para abastecer al régimen castrista, bajo el argumento de que se trata de “ayuda humanitaria” para los cubanos.
Hasta el pasado lunes, cuando se informó que Pemex había cancelado el envío de un cargamento de petróleo que debió haber partido de los puertos mexicanos con rumbo a La Habana en los primeros días de enero, de acuerdo con una revisión de las bitácoras de despachos de la petrolera mexicana hecho por la agencia Bloomberg, la doctora Sheinbaum había sostenido neciamente que su gobierno no dejaría de enviar petróleo a Cuba, tanto por contratos de venta que nunca han mostrado, como de manera gratuita por “ayuda humanitaria”, porque esa era “una decisión soberana”.
La Presidenta mexicana justificaba los envíos petroleros que se intensificaron con López Obrador y aumentaron todavía más en su primer año de gobierno, con el argumento de que eran “ayudas históricas” que también habían mandado otros gobiernos mexicanos en el pasado. Y tenía razón, con la salvedad de que en el sexenio del presidente priista Enrique Peña Nieto se mandaron 2.5 millones de barriles en 6 años, mientras que, entre junio de 2023 y septiembre de 2025, en las dos administraciones de Morena, se enviaron 17.3 millones de barriles de crudo, con un valor de 26 mil 900 millones de pesos, según los números reportados por Gasolinas del Bienestar, filial de Pemex, a la SEC del gobierno estadunidense.
Incluso el martes pasado que le preguntaron a la doctora en su conferencia matutina si la cancelación del último cargamento de Pemex que ya no fue enviado en este mes a Cuba significaba que su gobierno había cesado ya los envíos petroleros por la presiones de Donald Trump, la mandataria ni negó ni confirmó que se haya puesto fin a las ayudas mexicanas a la isla, y en una respuesta cantinflesca y digna de Echeverría se limitó a señalar que “Pemex toma decisiones en la relación contractual que tiene con Cuba” y que “así como a veces se envía petróleo, a veces no se envía y así”.
Y cuando la periodista le insistió en si la “soberanía de Pemex” incluía continuar con los acuerdos energéticos con la isla, aun cuando incomodaran a Washington, la doctora repitió su trillado discurso de la soberanía: “Nosotros hemos planteado todo el tiempo, primero que México toma decisiones soberanas, y no lo hizo solo mi gobierno, sino también el de López Obrador y antes lo hicieron otros gobiernos”, dijo y justificó esos envíos por el desacuerdo que México siempre ha tenido con el bloqueo estadounidense a Cuba. E insistió en su propuesta de que México puede ser mediador en las diferencias entre el régimen cubano y los Estados Unidos.
O sea que, aun cuando Pemex haya decidido soberana y contractualmente cancelar el último envío programado de petróleo mexicano a Cuba, la doctora insiste, a contracorriente de lo que ha expresado Donald Trump, en que no cesarán las ayudas mexicanas al régimen castrista, algo que a todas luces se opone a los planes estadounidenses sobre el derrumbe de la dictadura cubana.
Claramente la Presidenta de México confunde la soberanía con la defensa ideológica de un régimen dictatorial que se quedó solo y que no tiene más futuro que abrirse a una transición pacífica y pactada o esperar el colapso que parece inminente. Y esa ideología, más que apelar a la “Doctrina Estrada” que invoca retóricamente la doctora, es claramente la ideología de su movimiento político que hizo de Díaz Canel uno de sus aliados impresentables, pero no es para nada algo con lo que comulguen todos los mexicanos.
Dicho con la mayor claridad posible: Sheinbaum está jugando con fuego cuando, a la presión cada vez mayor que tiene de Washington para que acepte la cooperación conjunta para golpear a los cárteles de la droga y a sus protectores políticos en territorio mexicano, le añade la defensa a ultranza de una dictadura que Trump decidió tirar desde el momento en que capturó a Nicolás Maduro y le cortó los suministros financieros y petroleros a Cuba. El izquierdismo trasnochado de la doctora y de su antecesor que parece seguir imponiendo su visión, le pueden salir muy caros al gobierno de la 4T y a todos los mexicanos.
NOTAS INDISCRETAS…
Después del primer informe que presentó la fiscal Ernestina Godoy sobre el trágico descarrilamiento del Tren Interoceánico, que prácticamente anuncia la exoneración y ocultamiento de cualquier vicio o defecto en la construcción de esa obra, de la deficiencia de materiales utilizados provocada por la corrupción y los negocios de los encargados o incluso de un mal estado de las unidades de trenes, no faltaron expertos en el tema ferroviario que cuestionaran la primera conclusión de la FGR y sus indagatorias. Porque si bien el tema del exceso de velocidad pudo ser un factor importante en el accidente, y según la versión oficial la caja negra lo confirma, tal vez no fue la única causa. Y es que, si la velocidad excesiva fuera la única causa, la doctora Godoy y sus peritos e investigadores tendrían que explicar por qué razón no se descarrilaron las primeras dos locomotoras del tren, que pasaron la curva sin problema, y por qué razón el primer vagón de pasajeros se descarriló cayendo hacia la barranca. Si la velocidad a la que iba el tren fuera la única causa, la primera locomotora debió también haber salido disparada, según nos comentó ayer en entrevista para el noticiero “A la Una” con este columnista, el ingeniero Eduardo Ramírez Cato, especialista en infraestructura ferroviaria. Luego entonces, si hubo otros factores que incidieron en el descarrilamiento específico del primer vagón de pasajeros, lo deseable y ético sería que el segundo informe de la Fiscalía General los informara a los mexicanos, aunque eso llevara a reconocer errores, fallas o deficiencias en la construcción de la obra pública del Tren Interoceánico. Pero lo más probable es que, ya con el maquinista Felipe Díaz preso y con la detención también ayer del despachador del tren, Ricardo Mendoza Cerón, la FGR y el gobierno de Sheinbaum, que al final son lo mismo, terminen por decir que sólo ellos dos fueron los responsables de las 14 muertes y 97 personas heridas que dejó la flamante obra del expresidente López Obrador. Todo indica que, más que la verdad y las causas completas de esa tragedia, la Fiscalía solo busca lavarle la cara al gobierno, específicamente a la Secretaría de Marina, al expresidente y a sus hijos y amigos que estuvieron al frente de esa obra que recién inaugurada ya tiene sus 14 muertos… Hace ya un año y un mes que el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se trasladó a Sinaloa con la intención de diseñar una estrategia para poner fin a la guerra narca que ya lleva 16 meses asfixiando y alterando la vida de los sinaloenses y que colocó a ese estado como el más violento de México. Era 19 de diciembre del 2024 cuando el super secretario llegó con todo su aparato y permaneció varios días en Culiacán para poner en marcha el plan con el que la presidenta Sheinbaum se proponía “pacificar a Sinaloa”, después de más de un año en el que López Obrador los dejó en el abandono y a merced del enfrentamiento armado entre los Mayitos y los Chapitos. Y a más de un año de distancia, y a pesar del envío de 1,600 efectivos de la Guardia Nacional, de detenciones de sicarios y operadores de las dos facciones, y de operativos encabezados por el propio Harfuch, la violencia y la guerra narca nomás no terminan en la entidad del Pacífico y la paz prometida no llega a los sinaloenses. Prueba de ello es el doble atentado contra los diputados del Congreso local, Sergio Torres y Elizabeth Montoya, ambos de MC, y quienes ayer se debatían entre la vida y la muerte después de haber sido atacados a balazos por hombres armados cuando se dirigían al aeropuerto culiacanense. Ninguna autoridad, ni federal, ni estatal ni municipal, fue capaz de proteger a los legisladores que fueron atacados a plena luz del día. ¿Qué va a pasar si alguno de ellos o los dos fallecen? ¿Cómo va a explicar la Presidenta y su gabinete de seguridad que 14 meses después de que llegaron al poder no pueden o no quieren pacificar al productivo estado de Sinaloa? Claramente si este no es un tema de incapacidad, lo es de complicidad o de pactos inconfesables que le impiden a la Presidenta mandar toda la fuerza del Estado mexicano a recuperar el territorio perdido y en guerra de Sinaloa, donde hoy, como siempre ha sido desde hace décadas, los narcos mandan, sólo que antes lo hicieron manejando la economía y controlando la política local, poniendo y quitando gobernadores, y ahora lo hacen al calor de las balas cobrándole a los sinaloenses su división y su guerra intestina. Y no hay en México fuerza o poder capaz de ponerlos en paz y hacer que paren su cruenta guerra…Los dados repiten Serpiente Doble. Seguimos cayendo.