Guanajuato, Guanajuato.- El mejor árbitro está en el llano, en las canchas de tierra. Lo que pasa es que no lo han visto y no han tenido la oportunidad”, es la visión del profesor José Jaime Vázquez Olmos, quien fue miembro de la Federación Mexicana de Futbol y miembro de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA).

Originario de Guanajuato, el profe Vázquez Olmos ha dedicado medio siglo de su vida a ser parte del cuerpo arbitral en el terreno de juego. Comenzó a los 15 años y, poco más de una década después, dio el salto al sector profesional en la ciudad de León. Pertenecer a la delegación guanajuatense le permitió escalar categorías, pasando por la Tercera y la Segunda División hasta alcanzar el máximo circuito.

“Me gusta y me pagan por hacerlo”, era el lema que lo acompañaba mientras construía su camino a nivel nacional. Su preparación y capacidad para leer las jugadas desde la banda lo llevaron a participar en 241 encuentros de la Primera División mexicana. De todos ellos, el que más se le quedó grabado por la trascendencia y el valor que tiene para el país es el Clásico Nacional entre América y Chivas. “Alberto Coyote era el capitán y el otro capitán era Cuauhtémoc Blanco. […] El árbitro Armando Archundia, Cruz el otro asistente y su servidor”, rememora sobre aquel partido que exigía el máximo nivel de concentración.

De Guanajuato a la FIFA, la historia arbitral de José Jaime Vázquez Olmos
De Guanajuato a la FIFA, la historia arbitral de José Jaime Vázquez Olmos

Esta trayectoria en el balompié mexicano lo llevó a obtener el gafete de la FIFA como árbitro asistente en el año 1999. Sin embargo, la oportunidad de representar a México en una Copa del Mundo se desvaneció por un cambio de reglas. Justo cuando se encontraba compitiendo por un lugar para el mundial, la autoridad bajó el límite de edad.

“Bajan la edad. Entonces obviamente yo ya tenía 40 años en ese entonces, 39, iba por cumplir los 40, que era la edad que requería la FIFA para poder ser árbitro mundialista y en ese momento cuando se sucedió el cambio fue precisamente cuando yo cumplía esa edad y ya no pude ser considerado“, relata el profesor Vázquez Olmos.

Su historia se forjó en una época del arbitraje muy distinta

A pesar de ese trago amargo, su historia se forjó en una época del arbitraje muy distinta. Lejos de la tecnología actual y los intercomunicadores, Vázquez Olmos ejerció su labor en tiempos donde la intuición y la comunicación visual eran las herramientas principales entre el árbitro central y sus abanderados. La preparación comenzaba un día antes en el hotel de concentración y se afinaba dos horas antes en el estadio, analizando a los equipos y a los jugadores. Ya en la cancha, la sincronía era total: “Con una mirada ya sabíamos de qué se estaba tratando. Era mucho más austero pero práctico“.

A esta forma de trabajar se sumaba un código irrenunciable: la presentación. Llegar bien vestidos, peinados y rasurados a los estadios era una extensión de su autoridad. “Es la presentación que tenemos y que debemos de dar por respeto a ti, por respeto a la gente, por respeto a los jugadores“, asegura el profesor, señalando que un cuerpo arbitral formal inspira respeto desde el momento en que pisa la cancha.

Como buen guanajuatense que conoce el profesionalismo y el llano, Vázquez Olmos mira con claridad lo que pasa con el futbol en su estado. Ante la ausencia de los clásicos del Bajío y la falta de equipos de plazas como Irapuato o Celaya en lo más alto, identifica el tema económico y la cantidad de extranjeros como las principales barreras para el talento local.

Asegura que municipios como León, Salamanca, Irapuato y Abasolo siguen siendo semilleros, pero ante lo difícil que es inyectar dinero al futbol profesional, muchos jugadores han encontrado un camino en los torneos de “talacha”. “Hemos visto que hay torneos donde hay pura talacha y te están cobrando inclusive más que si fueran profesionales. […] Son jugadores que no llegaron a Primera División o que por alguna lesión ya no trascendieron, pero de cualquier manera están cobrando bastante”, explica sobre esta realidad.

Hoy, de cara al Mundial de 2026, Vázquez Olmos revive la emoción de haber estado en la cancha del Estadio Azteca cuando este se llenaba con 110 mil espectadores. Sabe que vivir un mundial en casa es “lo máximo que uno pueda aspirar a ver”. Al final, su relato comprueba su propia visión: los mejores talentos, e incluso los mejores árbitros, muchas veces nacen y se curten en las canchas de tierra de Guanajuato, solo esperando que alguien los voltee a ver.