El caso de Lizzie Borden llega a Netflix: así será la nueva temporada de ‘Monster’

Ciudad de México, México.- Netlfix anunció el estreno de la historia de Lizzie Borden con Ella Beatty en el papel principal.

¿Cuándo se estrenará la historia de Lizzie Borden?

La historia de Lizzie Borden se estrenará los primeros días de septiembre | X

La producción llegará a la plataforma el próximo 17 de septiembre y reconstruirá la historia de Lizzie Borden, quien fue acusada de asesinar con un hacha a su padre y a su madrastra en Massachusetts en 1892. Finalmente fue absuelta durante el juicio realizado al año siguiente.

Pero el caso nunca desapareció completamente de la cultura popular estadounidense, pues Borden continúa apareciendo en libros, películas, series y relatos sobre crímenes reales, mientras las circunstancias de los asesinatos siguen alimentando teorías sobre quién fue responsable.

Según la sinopsis oficial, la historia mostrará a la reprimida hija de una familia adinerada de Nueva Inglaterra y a una criada rebelde atrapadas en un hogar marcado por la humillación y la crueldad.

La temporada mostrará cómo ambas encuentran una vía de escape a través de fantasías relacionadas con el sexo, el poder y la venganza, antes de los brutales asesinatos que terminarían convirtiendo a Lizzie Borden en una figura conocida mucho más allá de los tribunales.

¿Cómo fue el caso de Lizzie Borden?

El caso de Lizzie Borden conmocionó a la comunidad pues la describian como una mujer tranquila | X

Un jueves de agosto de 1892, el horror irrumpió en la casa número 92 de Fall River, Massachusetts. Dos miembros de una de las familias más adineradas de la ciudad, Andrew y Abby Borden, aparecieron brutalmente asesinados a hachazos en su propia casa.

Su hija menor, Lizzie Borden, dejó un testimonio que alimentaría especulaciones y leyendas en torno a su figura y su participación en el asesinato de sus padres.

Esta vida sobria y distante, regida por normas estrictas, influyó notablemente en la familia Borden. Su hija menor, de 32 años, asistía a la iglesia y participaba en actividades benéficas, pero albergaba el sueño de salir del barrio dominado cada vez más por extranjeros, y creía que su padre podía mudarse a un entorno acorde a su fortuna.

Andrew Borden, a pesar de su fortuna, nunca hizo ostentación de riqueza. Prefirió vivir entre comerciantes e inmigrantes, lejos de las mansiones de la Colina, el enclave de la élite local.

La mañana del 4 de agosto de 1892, Lizzie y la empleada irlandesa Bridget Sullivan permanecían en casa junto a Abby, la madrastra.

Horas después, la brutalidad quedó expuesta: Abby había recibido 19 hachazos en el segundo piso; Andrew, 10 más en la sala. No hubo testigos ni móvil evidente: ni robo, ni agresión sexual, ni señales de lucha.

El arma homicida nunca fue identificada con certeza. Los únicos adultos presentes eran Lizzie y Sullivan, mientras que Emma, la hermana mayor, estaba de vacaciones a 24 kilómetros.

La policía, influida al principio por prejuicios de género y origen, se inclinó por buscar a un hombre extranjero, al cual detuvieron y luego liberaron por falta de pruebas.

Las primeras declaraciones de Lizzie despertaron sospechas. Afirmó haber encontrado el cuerpo del padre tras regresar del granero y llamó a la criada para pedir ayuda.

Sin embargo, obvió buscar apoyo entre los médicos del vecindario de origen irlandés o francocanadiense; solo uno “yanqui” le pareció lo suficientemente digno.

Ese detalle evidenció las poderosas barreras culturales que marcaron la recepción inicial de las pistas y la propia investigación, según Smithsonian Magazine.

Lizzie Borden fue absuelta un año después de los crimenes | X

La figura de Lizzie se presentó como irreprochable: maestra de escuela dominical, activa en la iglesia protestante, mujer soltera dedicada a causas benéficas. Para muchos de su clase, una devota protestante jamás habría sido capaz de semejante brutalidad.

Durante los interrogatorios, Lizzie cayó en contradicciones. La joven modificó sus relatos sobre sus movimientos en la casa.

Un posible intento de comprar ácido prúsico la víspera del crimen y la quema de un vestido días después —según testificó su amiga Alice Russell— sumaron dudas sobre su inocencia.

Sin embargo, los análisis científicos no hallaron rastros de sangre en las herramientas recuperadas ni en la ropa entregada a la policía. A lo largo del proceso, varios testigos justificaron sus lagunas de memoria y su conducta distante como efectos secundarios de una alta dosis de morfina prescrita tras el trauma de los asesinatos.

Durante el juicio estatal, Lizzie compareció vestida con atuendo recatado y sereno, por instrucción de sus abogados. La prensa describió su figura como “modesta y bien educada”, incapaz de poseer la fuerza brutal necesaria para empuñar la hachuela con la violencia requerida.

A esto se sumó su posición social: los recursos de la familia le permitieron contratar a abogados de primer nivel e influenciar el ambiente del tribunal.

Lizzie fue absuelta con poco más de una hora de deliberación y una recepción jubilosa por parte de los asistentes, aunque condenada a vivir en la sombra de la sospecha hasta el final de sus días.

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