Irapuato, Gto.- A sus 60 años, Adán Negrete todavía mantiene la rutina que aprendió desde niño entre cajas de madera, tunas con espinas y viajes de madrugada hacia las huertas de comunidades cercanas a Irapuato.

Aunque el comercio ambulante cambió con el paso de los años y la modernización de la ciudad, aseguró que seguía aferrado a un oficio que prácticamente desapareció entre las nuevas generaciones.

“Somos de la vieja escuela, ya casi no hay comerciantes de mi escuela. Yo creo que yo soy el único sobreviviente ya”, comentó mientras atendía su puesto de fruta y aguas frescas instalado sobre la calle Mariano Arista.

Recordó que comenzó a trabajar desde los 12 años, cuando acompañaba a su familia a sacar fruta directamente de las huertas en comunidades como San Juan de la Vega, Romita y San Miguelito. En aquel entonces, explicó, las tunas todavía llegaban cubiertas con ramas y espinas, por lo que el trabajo implicaba limpiarlas y prepararlas manualmente antes de venderlas.

“Ahora ya no la traen así, ya la traen sin espinas, peladita y algo limpiecita”, relató.

Aunque reconoció que actualmente el trabajo físico era menor porque los proveedores entregan la fruta prácticamente lista para venderse, admitió que extrañaba parte de las costumbres con las que creció.

Aunque el comercio ambulante cambió con el paso de los años y la modernización de la ciudad, aseguró que seguía aferrado a un oficio que prácticamente desapareció entre las nuevas generaciones

Pese a los cambios de urbanización, Adán Negrete resiste como comerciante ambulante en Irapuato

Señaló que en los últimos años también tuvo que adaptarse a los cambios urbanos del centro de Irapuato, especialmente tras el rescate del centro histórico, cuando muchos vendedores fueron reubicados.

“Nos movían para todos lados; a algunos nos afectó y a otros los benefició”, aseguró y añadió que en su caso el cambio terminó favoreciéndolo, pues ahora trabajaba con más tranquilidad y hasta podría darse tiempo para descansar o viajar.

Además, comentó que las restricciones impulsadas por la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG), para evitar la venta de comida chatarra afuera de las escuelas no representaron un problema para él, pues desde hace décadas se dedicó únicamente a vender fruta fresca y aguas naturales.

Desde las 12:00 del mediodía y hasta las 3:00 de la tarde, Adán Negrete vende vasos de fruta fresca y aguas de sabores afuera de escuelas, acompañado por su hermana, con quien mantiene el negocio familiar.

Pese al aumento constante en el precio de la fruta y el diésel, aseguró que evitó subir demasiado sus costos para no afectar a las y los estudiantes, sus principales clientes.

“Los vasos de fruta los ofrezco en 15 pesos para que los niños puedan comprarlos sin gastar demasiado, porque como está la economía, muchas veces los papás no los mandan con mucho para gastar”.

Desde las 12:00 del mediodía y hasta las 3:00 de la tarde, Adán Negrete vende vasos de fruta fresca y aguas de sabores afuera de escuelas, acompañado por su hermana

Mango, jícama, sandía y aguas frescas de limón, piña y otras frutas de temporada forman parte de lo más solicitado durante los días de calor y, según explicó, a las y los estudiantes les siguen gustando tanto las frutas picadas como las bebidas frías, especialmente durante las altas temperaturas.

Aunque los fines de semana las escuelas permanecen cerradas, Adán Negrete todavía recorre otras calles para completar las ventas del día, convencido de que el oficio que aprendió desde niño aún es parte fundamental de su vida.

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