Guanajuato, Gto.- La percepción actual de que el turismo va a la baja en la capital del estado podría tratarse de una ilusión generada por la evolución comercial de la ciudad. De acuerdo con el cronista municipal, José Eduardo Vidaurri Aréchiga, la aparente disminución de visitantes hoy en día se debe más bien a su dispersión ante el crecimiento exponencial de nuevas ofertas de hospedaje.
Frente a la narrativa de un declive turístico, el historiador invitó a reflexionar sobre los orígenes de esta vocación. Explicó que el turismo guanajuatense nació de manera accidental en el último tercio del siglo XIX, con la llegada de ingenieros e inversiones norteamericanas que introdujeron la modernidad, la energía eléctrica y la fotografía.
Sin embargo, tras el estallido de la Revolución Mexicana, y amparados en un discurso nacionalista, los grandes capitales extranjeros huyeron, dejando a la capital minera inmersa en una profunda crisis.
“Entra después de la Revolución Mexicana, pensemos en 1922 por ahí, en una etapa de verdadera crisis. Es una ciudad fantasma, una ciudad abandonada. A esto hay que sumarle que hace 100 años, en 1926, comenzó la Guerra Cristera, algo que también asoló a nuestra población”, relató.

Fue en la década de los 30 cuando los propios ciudadanos al notar el desgaste de la minería apostaron por la recuperación económica a través de su patrimonio y su viejo prestigio de ciudad culta. Para ello, en 1938 conformaron un comité pro-turismo.
En esa misma época, el maestro Enrique Ruelas comenzó a dirigir obras en el Teatro Juárez. Su labor se consolidó en 1952 cuando regresó para fundar la Escuela de Arte Dramático, logrando para 1953 la primera puesta en escena de los Entremeses Cervantinos en la Plazuela de San Roque. El éxito fue tan rotundo que, para su temporada número 20 en 1972, se creó por decreto presidencial el Festival Internacional Cervantino.
A la par de la cultura, la infraestructura comenzó a adaptarse a los viajeros. Vidaurri Aréchiga destacó que en 1940 se inauguró el monumento al Pípila, pensado ya estratégicamente como un mirador turístico. Además, a la ex estación del ferrocarril comenzaron a llegar grandes caravanas de casas rodantes estadounidenses; estos visitantes se encargaron de llevar la historia de Guanajuato al extranjero, logrando incluso reportajes en la revista National Geographic.

Todo este auge se vio complementado por la tradición oral y leyendas locales como el Callejón del Beso, el Truco y los hermanos Carcamanes. En aquel entonces, ante la falta de grandes hoteles, fueron las propias familias guanajuatenses quienes rescataron la industria al rentar las habitaciones de sus casas y ofrecer alimentos a los turistas.
Crecimiento de hospedajes y gentrificación modifican ocupación y percepción de turismo en Guanajuato capital
Al contrastar la historia con el presente, el cronista municipal aclaró que Guanajuato no ha perdido a sus visitantes. El aumento de nuevos hoteles y establecimientos tipo Airbnb emula de manera moderna aquellas antiguas rentas familiares, pero provoca que el turismo se disperse.
”Para muchos pareciera que ha disminuido la presencia de visitantes; tendríamos que revisar correctamente los números. Creo que más bien se han incrementado los establecimientos que prestan servicios, tenemos un crecimiento de hoteles y de establecimientos de Airbnb, y los visitantes se dispersan. Pareciera que la ocupación nos indica que vamos a la baja, aunque probablemente no sea del todo cierto”, puntualizó Vidaurri Aréchiga.
Aunado a la dispersión, el especialista reconoció que existe una evidente transformación urbana impulsada por la gentrificación, destacando que diversas casas del centro de la ciudad han sido adquiridas por norteamericanos o ciudadanos de otras partes del mundo que deciden residir de forma permanente en Guanajuato.

Ante esta nueva realidad, y para mantener vivo el éxito del destino sin colapsar el primer cuadro de la ciudad con un exceso de actividades, Vidaurri Aréchiga sugirió como alternativa diversificar los recorridos turísticos hacia zonas mineras periféricas, como Cata y Mellado.
”No concentrarlo todo en el centro porque a veces lo asfixiamos con tanta actividad aquí en el centro. Debemos de ser lo suficientemente inteligentes para gestionar de mejor manera la visita turística. Guanajuato es una ciudad resiliente, lo ha sido a lo largo de su historia; ha vivido inundaciones, epidemias, guerras y ha sabido renacer”, concluyó.
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